El no dormir las horas necesarias y el roncar puede provocar trastornos a la salud que pueden desencadenar infartos al corazón y hasta derrames cerebrales, entre otras problemáticas que afectan la calidad de vida, destacó el médico neurólogo Rodolfo César Callejas Rojas, integrante de la Sociedad Mexicana de Investigación y Medicina del Sueño.
En entrevista con El Heraldo señaló que, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud de 2016, el 28% de las personas en México tienen algún trastorno del dormir, contra un 9.5% que padece diabetes, por lo que es una proporción más alta y ello debe preocupar a la población, ya que afecta directamente a la salud.
El también integrante de la Academia Mexicana de Medicina del Dormir, estableció que en adultos el problema más frecuente es la apnea del sueño, que provoca las pausas en la respiración mientras la persona duerme, lo cual con el tiempo genera problemas al corazón y al cerebro, que desencadenan en infartos a ambos órganos.
Detalló que la apnea del sueño se puede prevenir mediante un equipo llamado CPAP por sus siglas en inglés, cuya maquina avienta aire a la hora de respirar; el paciente duerme con él y eso le permite no hacer las pausas gracias a la ventilación; así es como puede descansar durante la noche.
De igual modo, indicó que si la persona adulta no tiene diabetes e hipertensión, con la apnea está más propenso a desarrollarlas, y quienes ya tienen dichas enfermedades, con la apnea es más difícil de controlarlas. Estableció que el dormir mal se asocia también con la obesidad, destacando que México ocupa actualmente el primer lugar en obesidad infantil y por lo cual muchos niños en el país tienen apnea del sueño.
“Los niños también roncan, pero no es bueno roncar a ninguna edad; a los niños les va mejor a veces con cirugía si es que las amígdalas son grandes, pero aún así se benefician de este equipo que se llama CPAP”.
Finalmente, apuntó que la Academia Mexicana de Medicina del Dormir recomienda que un niño en edad escolar debe dormir entre 9 y 10 horas, un adolescente entre 8 y 9, y un adulto cuando menos 7 horas continuas durante la noche.