Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Cuando se aborda en cine algún evento o contienda deportiva acontecida en la vida real, lo más probable es que se omitan aspectos integrales de la historia para favorecer aquellos que logren un impacto dramático en el espectador y generar lo que se conoce como efectismo, de forma tal que la veracidad no suele ser prioridad para los productores, guionistas o director, sino saber cómo vender el hecho a modo de agradable ficción fílmica para comodidad del cinéfilo. Y claro, justo esto es lo que ocurre en “Contra Lo Imposible”, cinta que narra la proeza que significó para la empresa Ford Motor Company el crear un automóvil capaz de superar en velocidad y tecnología a la insuperable escudería italiana liderada por la compañía Ferrari siempre triunfante en las pistas de Le Mans allá por 1966, pero el director James Mangold logra centrar esfuerzos en la creación de una trama interesante que brilla por personajes jugosos y bien trazados a la vez que de un cuadro actoral puestísimo al servicio del argumento, por lo que las lagunas y falta de contexto histórico se ven compensadas por un trabajo narrativo muy sólido que no decae durante las dos horas y pico del metraje.

La cinta abre con los deseos de la cabeza de la compañía automotriz Ford, el mismo Henry Ford II (Tracy Letts) por salir del bache económico en que se encuentra su empresa y surge la idea por parte del visionario Lee Iacocca (Jon Bernthal), creador del Mustang GT y futuro director de la Chrysler en su etapa más gloriosa durante los 70’s-80’s, de competir nada menos que en las 24 Horas de Le Mans con el fin de derrotar a la compañía de Enzo Ferrari y así adquirir prestigio y celebridad ante la nueva generación de compradores. La idea fructifica y le es encomendada a Carroll Shelby (Matt Damon), antiguo corredor devenido en diseñador y vendedor de autos que pasó a la historia como uno de los pocos norteamericanos en ganar dicha carrera en 1959. No siendo un hombre capaz de rechazar un reto, accede ante lo que parece una imposibilidad de ingeniería pero respaldado por toda la empresa Ford. Para apoyarlo tanto en el diseño como en la conducción de pruebas busca a un piloto británico llamado Kenneth Miles (Christian Bale) por su enorme pericia tras el volante. Miles, amoroso padre y esposo, a la vez que algo misántropo con un carácter difícil que no le permite congeniar adecuadamente o jugar bien en equipo, vive una situación económica angustiante, por lo que doblega su orgullo para trabajar con Shelby a sabiendas de lo que eso significa: intromisiones constantes por parte de la empresa. Y justo aquí es donde se focaliza el nudo dramático, pues los conflictos no se hacen esperar una vez que los temperamentos de Shelby y Miles chocan entre ellos y luego en conjunto contra la Ford, pues el gigante automotriz no acepta a Miles como piloto y busca constantemente el destituirlo por nombres más famosos como McLaren.

La narrativa logra mediar su estructura mediante un acercamiento preciso entre estos ricos caracteres y la tensión in crescendo que produce la competición misma, la cual pasa a segundo término en favor de los protagonistas y su dinámica (hay momentos en que la cinta debería llamarse “Shelby v Miles”), la cual dimensiona la trama a rumbos meramente humanos sin que se ceda a la espectacularidad de las carreras de autos, aun si éstas llegan a modo de colofón dramático, muy bien manejadas en sustancia y forma por el director Mangold, quien imprime un ritmo dinámico pero no inverosímil al paso de los bólidos en la pista: La carrera climática en Le Mans es más un marco para la exposición dramática de los personajes que una observación factual del evento en sí mismo, pero todo cuaja como debe gracias a las excelentes actuaciones (Damon está mejor que nunca y Bale lo hace ya en automático) y un ritmo cuidadoso que procura atender tanto los aspectos emocionales como los vertiginosos, sin que importe demasiado el contexto histórico.

“Contra Lo Imposible” no debe verse como un recuento creíble de los acontecimientos, más bien es un estudio de personajes que nos habla sobre las obsesiones y deseos de aquellos que entregan su vida a la pista de carreras sin procrear alguna idiosincrasia idealista, tan solo hombres que dejan su alma y corazón en una cabina de auto que puede despedazarse en cualquier momento, así que las carreras son más un símbolo que un hecho, y por ello se agradece que esta película no se tome la historia tan a pecho. De lo mejor que tenemos actualmente en cartelera.

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