David Reynoso Rivera Río

Hace un par de semanas, comentaba en este espacio sobre la necesidad que tendrían los partidos políticos para replantear objetivos y volver a consolidarse como una opción fiable para el electorado; sin embargo, pareciere que los partidos se rehúsan a la reflexión y continúan con las mismas prácticas que los están llevando a cavar su propia tumba. Aunque al mismo tiempo, algunas corrientes y/o voces empiezan a esbozar pinceladas de cambios que pudieran llevar a una nueva configuración del orden político nacional.

Por un lado tenemos al Partido Acción Nacional que acaba de designar al propio Damián Zepeda al frente de la bancada del GPPAN en la Cámara de Senadores, asimilando sus prácticas a las de Ricardo Anaya. Recordemos que hasta un día antes de su designación, Zepeda fungía como Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PAN y solicitó licencia para poder llevar a cabo su enroque.

En el mismo tenor, el clan de Anaya se encontraba preparando el camino para impulsar al diputado Marko Cortés como candidato a la jefatura nacional, quien sería la continuidad a los proyectos y prácticas del grupo en el poder; sin embargo, de manera oportuna nueve gobernadores del PAN y el brillante senador con licencia, Roberto Gil Zuarth anunciaron el apoyo para contender por la dirigencia a la fórmula compuesta por Héctor Larios y Rafael Moreno Valle. La elección del próximo presidente del PAN se llevará a cabo el mes de octubre y los “rebeldes” tendrán que demostrar su fortaleza rompiendo a las estructuras y candados legales que el grupo de poder ha generado para evitar una sorpresa en los comicios.

Por otro lado, observamos que recientemente el Partido Revolucionario Institucional anunció la salida del presidente René Juárez Cisneros y con ello los priistas anunciaron la inminente renovación del Comité Ejecutivo Nacional; sin embargo, el primer acto de la secretaria general Claudia Ruiz Massieu, fue convocar al Consejo Político Nacional para dar comienzo a un proceso de renovación en el que a la vieja usanza, sólo se registró una “candidatura de unidad”, encabezada por ella misma.

Lo anterior, no obedece a que el PRI parezca haya aprendido las lecciones sobre esas aberrantes prácticas que formaron la lápida del pasado 1 de julio y las cuales fueron castigadas por la ciudadanía; sin embargo, la propia dirigente hizo pronunciamientos interesantes en su primer discurso cómo mandamás del partido. Discurso que apunta a que la brillante mujer sabrá tomar el partido para reconfigurarlo y comprender que tiene en sus manos la gran oportunidad de transformar la “marca” PRI y recuperar la confianza ciudadana.

Resultaría abusivo e irresponsable que los perfiles con el control de los partidos políticos decidan ver por sus intereses personales o de su grupo político, encima de los intereses que tiene la ciudadanía por una clase política autentica, honesta y preparada. El tiempo corre y tanto el PAN como el PRI tienen la difícil tarea de convertirse en una verdadera oposición ante el oficialismo que se avecina.

 

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