Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cuando Fernando Solana Morales, era secretario de Educación Pública, pasó por un poblado en una de sus giras de trabajo. En el citado pueblo varios albañiles trabajaban afanosamente en una obra. Don Fernando, después de saludar, le preguntó a uno de los  albañiles, “¿qué hace, amigo?” “Pego tabiques, señor”, contestó el interrogado. Pocos metros adelante, le preguntó lo mismo a otro, “Construyo una pared, señor”, contestó el segundo albañil. Ya para retirarse de la obra, el señor secretario le preguntó a un tercer  albañil, “¿qué hace, amigo?” “Construyo una hermosa catedral”, respondió orgullosamente.

Cuando visito escuelas para verificar el desarrollo de las actividades académicas, con frecuencia pregunto al docente que encuentro en el salón de clases, “¿qué hace, maestro?” Las respuestas, dependiendo de la especialidad, han sido: “estoy enseñando a multiplicar con números enteros y decimales a los alumnos”, “enseño a los alumnos cómo elaborar un ensayo”,  “enseño valores a los muchachos”, “estamos viendo acerca de la biodiversidad” y otros más dicen, “estoy desarrollando el bloque III, sobre la Historia de México”, o “estoy concluyendo temas de ciencia y tecnología”. Sin embargo, no he oído que alguien diga: estoy formando ciudadanos responsables e íntegros, como por analogía respondiera el albañil: “estoy construyendo una hermosa catedral”.

Pegar tabiques es indispensable para construir un edificio; como también son necesarias las paredes; sin embargo, es de mayor importancia que todos los albañiles tengan presente que están “construyendo una hermosa catedral”, como gran propósito o fin de su esmerado trabajo. De igual manera y por analogía, los maestros debemos estar conscientes que cuando enseñamos, a los alumnos, los números, la multiplicación, la comprensión lectora, la redacción, el análisis de temas, la Independencia de México, los valores universales, las artes, la informática y los experimentos científicos; en síntesis, cuando logramos que los alumnos adquieran conocimientos y desarrollen habilidades, destrezas, actitudes y valores; éstos son fundamentales para formar, como fin esencial, a ciudadanos responsables e íntegros. Ciudadanos que sean capaces de resolver problemas matemáticos de la vida diaria; que sepan comunicarse, con los demás, oralmente y por escrito; que sean conscientes para aprovechar racionalmente los recursos naturales y que cuiden el medioambiente; ciudadanos que sepan alimentarse sanamente, que se desarrollen y vivan con salud; que sean capaces de dialogar, negociar y encontrar soluciones pacíficas de los conflictos; en fin, ciudadanos con moral y ética.

“Una hermosa catedral” no se construye en unos cuantos días, se requiere tiempo; pero teniendo clara idea del gran propósito, éste se logrará. Tampoco se forman los ciudadanos responsables e íntegros en unas cuantas semanas, se requieren años. Inicia su formación en el hogar, pasa a educación inicial, continúa en preescolar, primaria, secundaria, hasta la educación superior. He aquí por qué es necesario articular, por ciclos, el fin educativo. Los planes y programas de estudio (como lo asentamos en colaboraciones anteriores) están pensados y diseñados para la vinculación de los niveles; sólo falta la vertebración de la práctica docente y, al respecto, también se han hecho propuestas de cómo y por dónde empezar.

Nadie duda que cada maestro hacen esfuerzos por enseñar conocimientos básicos en las distintas asignaturas de cada uno de los niveles educativos; pero los esfuerzos individuales, por muy buenas intenciones que tengan, no serán suficientes para alcanzar el propósito de formar integralmente a los seres humanos con las cualidades descritas. Por tanto, debemos pensar y aceptar que es más efectivo trabajar de manera colaborativa y articulada entre los docentes de diferentes niveles; y que todos tengamos, en nuestro diario quehacer, el propósito común de perfilar ciudadanos responsables e íntegros; como el albañil que tiene definido el propósito de “construir una hermosa catedral”, o “un hermoso edificio”, o “una hermosa casa”.

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