Liliana Espitia
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 28-Sep.- Además de ilegal, la adaptación de una casa en un edificio en Bretaña 90 se hizo de forma exprés. Los vecinos no tienen duda de que sólo pudo ocurrir con corrupción de por medio.
“Yo he vivido toda mi vida aquí y ese (el edificio) siempre fue una casa hasta este año. Fue en febrero cuando construyeron más pisos y sin permiso”.
“Terminaron muy rápido los departamentos y los pusieron en renta”, relata María Catalina Castro, quien vive en Irolo 102, otra calle de la Colonia Zacahuitzco.
En un terreno de 312 metros, el inmueble de por lo menos 50 años de antigüedad fue originalmente una vivienda de dos niveles, la misma altura que la que aún conserva la casa de junto.
Los residentes no pueden precisar cuándo fue que se construyeron los primeros dos pisos adicionales, pero de acuerdo a las fotografías se aprecia que también lucían ya desgastados.
Durante algún tiempo el inmueble estuvo desocupado y en venta por 9 millones 700 mil pesos, hasta que fue adquirido por la constructora Dijon, a la fecha inubicable ya que no solicitó permiso alguno.
Sin embargo, pudo levantar dos niveles más y remodelar la fachada.
“Ni se acercaron al gobierno de la Ciudad para el uso de suelo ni a la Delegación para integrar la manifestación”, reconoció el martes en entrevista el Delegado de Benito Juárez, Christian von Roehrich, se fueron por la libre, no sabemos quiénes son”.
Dado que estaban por ocuparse, el 19 de septiembre se encontraban en el lugar sólo la vendedora, el portero y la auxiliar de limpieza, de 19 años, quien no alcanzó a salir y quedó al fondo de los escombros y perdió la vida.
De acuerdo con arquitectos que visitaron la zona del derrumbe, los cimientos del edificio de seis niveles eran de mampostería y antiguos, pues correspondían a la construcción original.
Si pretendían mantener la estructura original, aseguraron, era necesario hacer estudios para saber si todavía podían soportar el nuevo peso y, necesariamente, reforzarlos… lo que no ocurrió.
“Esto fue una suma de malas decisiones, los propietarios querían ganar dinero y yo creo que hubo autoridades que se prestaron porque esto no pudo haber pasado sin el visto bueno”, resume Hilda Belem Ortiz, vecina y una de las voluntarias en el rescate del cuerpo.
“La corrupción cuesta vidas, ahora éste es el precio, hay una madre que ya no llegó a su casa y hay unos hijos, uno creo está de brazos, que ya no la tienen”.

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