A mediados del año pasado, comenzaba una guerra comercial entre las dos principales potencias económicas del mundo. El presidente Trump, argumentaba un desequilibrio ocasionado por las prácticas industriales y comerciales del país asiático, relacionados con el tema de propiedad intelectual y acceso al mercado. Estos nueve meses de conflictos comerciales, ocasionaron una reciprocidad en 360 mil millones de dólares en aplicación de aranceles, así como una temible incertidumbre en la economía global.

Tras varios meses del cierre de fronteras comerciales, las dos naciones parecen empezar a llegar a un acuerdo para maximizar la apertura y permitir que empresas puedan acceder a los dos mercados más importantes. En caso de poder concretarse el final de la disputa, vemos como no existe un claro ganador, como en ninguna guerra sucede, y sí se presenta un gran número de afectados.

A pesar de los constantes cantos victoriosos del gobierno estadounidense, éstos no necesariamente son totalmente ciertos. Está persistente idea de reposicionar a Estados Unidos como la hegemonía económica absoluta, solo ha detonado en una afectación a cada uno de ciudadanos, los cuales han tenido que desembolsar una mayor cantidad de recursos para hacerse acreedores a los bienes que habitualmente usaban.

Dentro de EEUU, uno de los sectores más afectados son los agricultores y obreros de estados que apoyaron a Trump en las elecciones de 2016. Esto se debe a que las retaliaciones afectaron desproporcionadamente a los sectores agrícolas, al tiempo que el alza de los aranceles estadounidenses aumentó los costos de los insumos utilizados por dichos estados.

También se espera que los datos oficiales de comercio exterior, muestren que el déficit comercial estadounidense alcanzó un nuevo récord en 2018. Esto se debería a la combinación de un aumento en las importaciones para adelantarse a nuevos aranceles y a una desaceleración de las exportaciones.

Para China, la historia no es muy diferente. El presidente Xi ha estado combatiendo a la desaceleración económica de su país, en donde muchos de los empresarios asiáticos ponen como principal culpable al alza arancelaria que ocasionó esta disputa comercial.

Dentro de los bienes más afectados para el gigante asiático, están los relacionados con computadoras, componentes electrónicos y herramienta mecánica, ya que estos alcanzan un total de 1,100 millones de dólares en importaciones de microprocesadores y otro tanto de máquinas eléctricas.

De esta forma, vemos como los mercados financieros ven con cierto optimismo este diálogo comercial, sin importar que no se hayan subsanado ninguna de las afectaciones que originaron la disputa. No existe una adecuada regulación para evitar que funcionarios chinos exijan que empresas estadounidenses transfieran su tecnología al país, así como la prohibición del otorgamiento de subsidios a sus empresas estatales, que los ponen en situaciones favorables a comparación de las compañías estadounidenses.

Esta lucha de gigantes, la cual ocasionó un considerable daño colateral en todo el mundo, tiene a un país emergente como el gran ganador de la contienda: México.

Para nuestro país, desde el comienzo de la imposición arancelaria, las exportaciones crecieron diez por ciento hacia nuestro vecino del norte. Una pequeña contribución al histórico déficit comercial de EEUU, al cual su presidente culpa de todos sus males.

El beneficio también se presentó del lado asiático. Muchas de las principales empresas chinas, comenzaron a ver a nuestro país con aires de interés para ubicar sus industrias. Esto ocasiona una relocalización de las cadenas de valor, aprovechando la ubicación geográfica, el menor costo logístico y, principalmente, el tratado comercial que se encuentra vigente en América del Norte.

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 @GmrMunoz