Gerardo Muñoz Rodríguez

A finales de la semana pasada, ambas cámaras delCongreso de los Estados Unidos aprobaron una agresiva reforma a su sistema tributario. Según información de la propia oficina oval, esta adecuación a su régimen fiscal traerá consigo un impacto sobre el déficit de alrededor de 1.5 billones de dólares para los próximos diez años. La tasa de impuesto bajará del actual 35 por ciento a un máximo de un 21%, lo que convierte esta ley en la más importante en las últimas tres décadas. Lo cual, dicho sea de paso, es criticado ya que se cree que esta medida solo beneficia a los grandes corporativos, así como a las personas más adineradas.

La reforma fiscal, que se convierte en el mayor logro de la actual administración, tendrá repercusiones, desde luego que en el plano nacional, como en el ámbito internacional. Veamos de qué forma nos podrá afectar.

En México, la noticia impactó, como era de esperarse, de una manera negativa. Para el cierre de la jornada del viernes pasado y con base en información del portal de la Bolsa Mexicana de Valores, la cotización del dólar llego a rozar los veinte pesos por unidad norteamericana. El día de ayer, la historia siguió el mismo camino.

Esta paridad del tipo de cambio, denota las primeras afectaciones en el corto plazo que tiene la reforma fiscal de nuestro vecino del norte y pone un precedente para otra amenaza, como si no hubiera ya suficientes, para la económica de nuestro país en el año que estamos por comenzar.

Ante esto, ¿Qué es lo que realmente impacta en nuestro país? Lo principal que pierde México, es competitividad. Ante Estados Unidos, mostrábamos una ventaja competitiva en el cargo de las tasas impositivas a las empresas. Ahora la historia es diferente. Esta reforma puede ocasionar que existan modificaciones en las inversiones que pudieran darse en nuestro país, y que éstas no se den en la misma magnitud que se tenía contemplado o simplemente dejen de presentarse.

Aunado a esto, es imposible que México aplique una medida fiscal espejo. Nosotros no podemos aplicar la misma deducibilidad, derivado de la fragilidad de nuestras finanzas públicas y el poco margen de maniobra que existe para las mismas.

Ante la baja de los ingresos petroleros, el Impuesto Sobre la Renta representa la mayor fuente de ingresos para el país. El tratar de disminuirlo para hacerse competitivo ante el vecino del norte, pudiera representar una fuerte golpe al Gobierno que solo tendría como cura la contratación de mayor deuda pública.

Sin lugar a dudas este factor, puede representar una variable más para crear una mayor volatilidad en los mercados, que genere una creciente incertidumbre que pueda afectar la economía de nuestro país.

A pesar de esto, no todo debe considerarse perdido. En el largo plazo, en dado caso que se presenten los incrementos en las tasas de crecimiento que plantea el presidente Trump, México también se vendría beneficiando de un mejor actuar de la económica de Estados Unidos. Una mayor demanda de bienes y servicios, lograría que aumentaran nuestras exportaciones al mismo, lo cual sería benéfico para nosotros (a pesar que insisto en el tema de la urgente diversificación de las mismas).

Lo que es evidente es que se presentara alguna adecuación al régimen fiscal en el cual nos desenvolvemos en la actualidad. Uno de las principales objetivos del Gobierno Federal, debe de ser lograr disminuir los alarmantes y preocupantes niveles de informalidad que se tienen en nuestra economía. Una reducción de éstos, pudiera lograr una mayor recaudación y un posible ajuste a la baja de las cargas impositivas.

Aprovecho estas líneas para desearle, apreciable lector, un gran 2018; el cual espero sea sumamente feliz para usted y sus familiares, y el camino al éxito muestre un sendero menos complicado que el que, en términos generales, afrontara nuestro país.

 

Twitter: @GmrMunoz