Héctor Gutiérrez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 24-Sep.- Los rescatistas japoneses demostraron que la solidaridad trasciende fronteras y las barreras del lenguaje.
Callados, disciplinados e incansables, los nipones no necesitaron pronunciar una sola palabra para conquistar el corazón, o el “kokoro”, como dijeron algunos, de los mexicanos.
Con sus trajes mitad naranja, mitad azul, la mayoría de ellos de talla baja y todos delgados, trabajaron jornadas de más de 15 horas de rescate en el multifamiliar que se derrumbó en Tlalpan y Taxqueña.
Sin importar que se tratara de un humano o una mascota, pusieron todo su ímpetu para sacar la mayor cantidad de vidas posibles de los escombros.
La madrugada del domingo recuperaron el cuerpo de un señor, que -de acuerdo con fuentes presentes en el lugar- era plomero. Ante ello, los orientales guardaron un minuto de silencio a manera de respeto.
Horas más tarde, el júbilo se desató en medio de la tragedia: en silencio y con precisión quirúrgica, los japoneses rescataron un perro schnauzer miniatura que llevaba atrapado cinco días sin agua y sin comida.
Los presentes aplaudieron y hubo quienes lloraron de alegría. Entre tantas malas noticias, los rescatistas de Japón alegraron a los mexicanos.
Al concluir su trabajo, se ordenaron para guardar un minuto de silencio y realizar reverencias de respeto a las víctimas del multifamiliar.
Luego se retiraron en medio de aplausos y sonrientes al ver carteles con palabras en japonés a manera de agradecimiento.

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