Saúl Alejandro Flores

Apreciables lectores, continuamos con el tema que comencé abordando hace dos semanas respecto a la complejidad que se exhibirá en el sector hídrico a partir de la dispersión de funciones que como autoridad del sector, venía desempeñando el Instituto del Agua (Inagua), recordando que además de disgregar las funciones entre la Secretaría de Medio Ambiente y Secretaría de Obras Públicas, el mayor impacto se lo lleva al desaparecer la entidad que le correspondía ser autoridad del agua, dejándolo en orfandad, y con la imposibilidad de poder desdoblar acciones tendientes a la implementación de una política hídrica, que no sólo sea contundente, sino que cuyas acciones trasciendan los sexenios y eso no es precisamente obras, programas o acciones, sino estrategias cuyo basamento parta de una eficiente y real autoridad del agua a nivel estatal.

La inercia en el desarrollo natural del sector agua que parte de las numerosas demandas sociales y retos que proceden de una problemática que por mucho ha sobrepasado a las capacidades institucionales, reafirma la importancia de contar con una autoridad, pero tenerla no sería suficiente, puesto que ahora también se demandaría la actuación de una entidad reguladora en materia de servicios de agua, cuyo ámbito de competencia sería el estado en el caso de Aguascalientes, abarcando a los once municipios, porque no se puede ser juez ni parte; incluso, ante los casos de concesión, se necesitaría contar con una entidad que pueda atender y afrontar la problemática cotidiana que se vive en el sector de los servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento, y eso no es sólo una tendencia, sino una realidad. Hago la precisión de que no se necesita una mega estructura burocrática, sino una operante y funcional entidad con muy poco personal y una mayor presencia de sociedad civil y sector público.

Ahora bien, es preciso reconocer que la naturaleza de un organismo público descentralizado, presenta un margen de autonomía, por el elemento primordial de contar con personalidad jurídica y patrimonio propios, pero eso no implica que se encuentre fuera de la administración, sin control alguno, puesto que la totalidad de la legislación desde la federal hasta la correspondiente a cada entidad federativa determina la sectorización al contar con la tutoría de las cabezas de sector, que más que autoridad es importante para los fines operativos en materia de obtención de recursos; en este sentido, sí es fundamental que la autoridad del agua se encuentre sectorizada a medio ambiente, principalmente a nivel internacional, ya que existe una diversidad de programas y fondos que serían útiles para emprender las acciones y programas en materia de gestión, porque hay lineamientos que permiten acceder a esas fuentes alternativas; entonces la cabeza de sector sí debe ser la Secretaría de Medio Ambiente, y juntos poder emprender diversas acciones que se encaminen a la consolidación de una política hídrica. Lamentablemente, eso no podrá pasar dada la reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública del Estado.
En la columna de hace dos semanas, mencioné el aspecto de las autoridades son importantes para emprender una verdadera política hídrica y no tenerlos únicamente para legitimar o llenar espacios, tomarse la foto y decir qué se hace; eso se ha repetido hasta el cansancio y ha terminado por hartar a los propios usuarios que se sienten usados y lo principal que es atender sus demandas no es resuelto por falta de claridad o compromiso por parte de quienes encabezan las instituciones sean municipales, estatales o federales; al final todos han resultado en desembocar la misma frustración; recuerden que además una participación social o gobernanza pueden no sólo legitimar, sino establecer aliados para el logro de objetivos. Las autoridades terminan por irse al terminar el cargo, pero los usuarios siguen y seguirán. Aquí es donde importa desarrollar las acciones bajo un respaldo institucional que sólo podría darse en el marco de un organismo público descentralizado, al conformar parte de su Órgano de Gobierno, pero esto tampoco podrá ser, ni tampoco el conformar lo que vengo mencionando en este espacio desde hace casi siete años, el conformar un sistema estatal del agua que sea el articulador de la política hídrica en el estado, el cual tampoco podrá implementarse y de hacer un intento éste correría el riesgo de deteriorarse y pasar a ser sólo un adorno para los informes de Gobierno y discursos, no para desarrollar un modelo propio de gestión y administración del agua.

Mi postura puede ser considerada o vista como negativa de no dar oportunidad de que las dependencias y el nuevo esquema trabaje, pero permítanme decirles y de mí acuérdense, amables lectores, quienes ya llevan siguiéndome desde ese tiempo cada semana, que la centralización de la administración del agua no permitirá, ni permite desarrollar un eje transversal que facilite el desarrollo y a su vez potenciar una política hídrica real y contundente, que vaya resolviendo de manera gradual el rezago en los diversos rubros y afrontar los nuevos o emergentes. El sector agua y sus problemas en Aguascalientes entrarán de manera inevitable a un letargo, ya que además la autoridad estatal no podrá hacer aquello que no se encuentre establecido en la ley y su reglamento; por lo tanto, a partir de ahora, como lo dije hace dos semanas, es cuando los usuarios deben organizarse con una visión clara y programada, con objetivos puntuales y bajo una filosofía hídrica que permita no sólo enmendar o suplir las deficiencias que se presenten, sino comenzar a trazar y diseñar la política hídrica que se requiere para que el próximo gobernador y legisladores la conozcan, y ahora sí con conocimiento de causa iniciar la descentralización del sector. Esto será fundamental para que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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