Salvador Rodríguez López

CABÚS LABORAL
Cualquiera que sea el motivo que tenga el gobierno de tener a una parte de su personal como “empleados de confianza”, no sólo es un arma de doble filo sino una injusticia que atenta contra los mínimos derechos humanos, ya que puede tener cinco, diez, veinte o más años de servicio y nunca tendrá seguridad en el lugar que ocupa, por lo que en el momento menos esperado es despedido.
Es una situación común desde hace varios sexenios federales y estatales y en los trienios municipales, que podría existir como razón que en cada cambio de administración los nuevos titulares dispongan de esas plazas, que puede revalidarlas o dar de baja a quienes las ocupa para entregarlas a sus allegados.
Aunque hay quienes afirman que se encuentran en el limbo, lo cierto que están más cerca de las calderas de Pedro Botero, que les crea una angustia cuando se acerca el arribo de los nuevos jefes, incertidumbre que puede durar meses mientras toma ritmo el gobierno y perciben que continuarán en su puesto, sin que sea seguro que esto continúe así.
El “cabús”, como se conocía en los Ferrocarriles al vagón que se colocaba al final de los trenes de carga, servía como oficina y resguardo para el conductor y el personal que se encargaba de acoplar y desacoplar las unidades y vigilar que el convoy circulara sin problemas, era de color amarillo o rojo, con la luz alertando a los trenes que vinieran por detrás para evitar un choque, mismos que en pocas ocasiones se usan, no obstante aún es posible apreciarlos en los que pasan por esta terminal.
Algo similar ocurre con el personal de confianza, que viajan al final del tren laboral sin saber cuándo pueden ser desligados, escenario que no obstante de ser tradicional nunca se había dado el caso del despido masivo, como ocurre desde el pasado mes de diciembre, con el pretexto de la austeridad o lo que es peor, que se diga que se hace para acabar con la corrupción, lo que es ir a los extremos ya que se les acusa de algo que no ha sido acreditado.
Cuando se menciona a los de confianza, el imaginario popular considera que tienen sueldos muy altos y gozan de diversas canonjías, lo que es posible entre los titulares y mandos medios, pero no con los trabajadores de oficina, auxiliares y choferes, entre otros, que por regla general ganan igual que los sindicalizados y que son los que hoy son echados a la calle sin ninguna explicación y ni siquiera el pago de una indemnización por terminación de la relación de trabajo.
Al no estar sindicalizados carecen de apoyo, ya que éste es sólo para los agremiados, por lo que tienen que contratar los servicios de un abogado para demandar la reinstalación o la compensación por el tiempo de servicio, entorno que puede durar meses en resolverse.
Los dirigentes de los sindicatos prefieren no meterse en problemas y voltean para otro lado, con el argumento que mientras no se toque a sus compañeros no habrá problemas con la patronal, lo que se hizo evidente con las declaraciones de Joel Ayala Almeida, dirigente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) y ratificadas aquí por su representante Normando López Meixueiro, en una muestra de insolidaridad con sus 1,500 compañeros de viaje – en el caso de Aguascalientes -, que a partir del lunes próximo en que regresan a sus actividades, sabrán qué les depara el destino.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) establece que “los derechos humanos laborales se encuentran íntimamente ligados a la seguridad social, al derecho a la permanencia en un empleo, al derecho a ser indemnizado en caso de despido sin justa o legal causa”, aunque aclara que el conocimiento y resolución de los asuntos sea un conflicto derivado de las relaciones de trabajo, “corresponde a los órganos jurisdiccionales laborales, federales o locales, según el ámbito de competencia”.

SÓLO UN GANADOR
Han esperado largo tiempo para cantar victoria y finalmente las compañías aseguradoras de automóviles logran su objetivo, al definirse por ley que a partir que del pasado 1 de enero los vehículos motorizados que transiten por vías, caminos y puentes federales deben contar con un seguro que garantice a terceros el pago de los daños que pudieran ocasionar en sus bienes y personas en caso de un accidente vial.
En lo que respecta a Aguascalientes la cuestión gira en torno a que, los casi 400 mil unidades motorizadas que circulan por la entidad gran parte utilizan las vías federales, toda vez que por la pequeñez geográfica es común viajar por cuestiones de trabajo, de negocios, de estudio o placer entre los municipios.
Para recordar esta obligación no han sido de las autoridades sino la representación local de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas, que se ha encargado de difundir esta exigencia y dejar patente que habrá multas en caso de no cumplir, con lo que se apuntala el negocio.
Los legisladores federales emitieron en 2013 la ley que se publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF), que se regula el tránsito de vehículos en vías federales, con lo que desde 2019 se cubre a las personas y sus bienes. El seguro mínimo de cobertura de responsabilidad civil pagará todos los daños que se ocasione a terceros, trátese de daños materiales a personas como a las vías de comunicación y los gastos médicos en caso de que alguien, como consecuencia del accidente, resultara con lesiones o si falleciera, a quienes les alcanza la indemnización.
De quienes ya cuenten con cualquier tipo de póliza para autos, no es necesario que adquiera el seguro obligatorio, en función que estos productos ya cuentan con la cobertura de responsabilidad civil por daños a terceros.
La Policía Federal será la encargada de exigir durante una infracción, incidente vial o emergencia de carretera, la presentación del seguro y quien no lo tenga será sancionado con multas que van de los 20 a 40 días de salario mínimo.
El quid está en que el pago de los daños no es en su totalidad sino de acuerdo a los deducibles que aplica la póliza, que por cierto no es explicada ampliamente por el personal de la aseguradora, o porque el interesado no leyó las “letras chiquitas”, hecho que genera que a la hora de pretender aplicar el cobro se encuentre con que la indemnización por daños materiales es reducida, por lo que es indispensable que antes de firmar el contrato lea detenidamente las cláusulas y exija que todas sus dudas sean clarificadas, que quede bien el claro en el contrato la cobertura y las exclusiones, esto es, lo que no cubre, aspectos que deben pedirse que en el documento queden destacados para que puedan localizarse de inmediato. Hay que recelar de la información verbal o explicada de manera tan rápida que sea difícil de entender o recordar, por lo que todo debe quedar por escrito y con los datos generales de la persona que en ese acto representa a la compañía aseguradora.

SABER ORAR
Muchas veces se habrá preguntado ¿Cómo se debe orar?, porque en el templo el sacerdote le dice que lo único que hace Usted es recitar el padrenuestro, el avemaría, el credo y otros rezos comunes y que eso no es orar. La respuesta se encuentra en lo que hacía Jesús cuando se apartaba de sus discípulos para orar, para estar en una comunicación con Dios y el cristiano de hoy puede hacerlo, “platicar”, hablarle al Creador, como lo hace con un familiar o un amigo. Se le dice aquello que alegra, entristece, que necesita, en una forma íntima de lo que se espera de Él y que debe ser correspondido con buenas acciones personales y en su comunidad. No es difícil hacerlo, basta con proponérselo para establecer esa relación íntima que debe existir con el Hacedor.