El trabajo no es una mercancía, sino un medio para el desarrollo, señaló el P. Carlos Alvarado Quezada, al referir que en la medida en que el sueldo no cubra las necesidades básicas de una familia, los papás se ven obligados a trabajar, los dos, con el consecuente descuido de los hijos, lo que contribuye al deterioro del tejido social.

Observó que mientras que la Constitución establece en su Artículo 123 que los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos; lo cierto es que no hay tal.

“En consecuencia, la madre y hasta los hijos se ven en la necesidad de trabajar, para poder atender las necesidades básicas de comida, vestido, vivienda”.

Refirió la paradoja del rescate de la economía que debe ser cuidada y atendida mucho más que la persona, y en un momento se convirtió en un fenómeno con mayor relevancia que aquél que lo creó.

“Sin embargo, ahora nos damos cuenta de de la necesidad de una ética centrada en la persona, como condición para el correcto funcionamiento de la economía, las finanzas, la política y las relaciones sociales”.

Es dolorosa, dijo, la mendicidad creciente en los cruceros, donde cada vez es mayor el número de jóvenes, ancianos, y niños de cinco y seis años; y son los menores los que corren más peligro en las calles, de ser arrollados, y preocupa que los padres no se ocupen de ellos.

Reconoció que la mendicidad tiene dos vertientes; hay quienes recurren a ella por necesidad, mientras otros la ven como un “modus vivendi”, ya que obtienen más recursos causando conmiseración, que lo que ganarían en un trabajo formal.

Consideró que las políticas sociales, deben atender este dilema, y ofrecer programas efectivos, que redundan en la unión familiar, en el combate a las diversas formas de mendicidad que se da en los cruceros, en zonas peatonales y en diversas calles.

“El momento histórico que vivimos está caracterizado por una crisis financiera, cuyo efecto más concreto es la falta de empleo, bajos salarios, crisis familiar por falta de oportunidades y el empobrecimiento creciente. Ante ello, lejos de cruzarnos de brazos, hay que buscar soluciones y ser partícipes de ellas”, recomendó.