Josemaría León Lara Díaz Torre

Al igual que cualquier otro día del año, cada 29 de septiembre el calendario cívico-histórico de México recuerda ciertos acontecimientos que son dignos de memoria; podemos hablar de nacimientos, como de fallecimientos, así como de batallas o de inauguraciones; pero lo más importante es recordar a aquellos hombres y mujeres que ayudaron a forjar el país tal y como lo conocemos hoy en día.
Hoy conmemoramos el nacimiento de José Miguel Ramón Fernández y Félix, mejor conocido como Guadalupe Victoria el primer presidente de México, también hoy hubiera sido el cumpleaños (de seguir vivo) del expresidente Don Miguel Alemán Valdez. A su vez, fue precisamente un día como hoy cuando Doroteo Arango (Francisco Villa) funda la División del Norte en 1913, así como en 1900 Don Porfirio Díaz inauguró la Penitenciaria de Lecumberri o en 1921 Álvaro Obregón firmaba el decreto que creación de la Secretaría de Educación Pública.
También en el penúltimo día de septiembre de 1934 se inauguró (veinticuatro años tarde) el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, edificio que se contemplaba para las celebraciones del centenario del inicio de la lucha por la Independencia de México, en el ocaso del porfiriato. Por razones obvias, la última adición a la “ciudad de los palacios”, se vio claramente retrasada con la llegada de los movimientos revolucionarios de la segunda década del siglo XX.
La comedia “La Verdad Sospechosa” de Juan Ruiz de Alarcón, fue la elegida para ser la primera producción que sería presentada en el nuevo teatro que era albergado por el Palacio de las Bellas Artes. Resulta por más curioso que la primera obra a presentarse en el recinto que para muchos es considerado como la catedral del arte y la cultura en este país, haya sido una comedia basada en las mentiras y engaños de la sociedad aristocrática; siendo esto particularmente en la época conocida como el Maximato.
En México siempre hemos encontrado la manera de expresar nuestros sentimientos colectivos como nación a pesar de muchas veces encontrarnos en tiempos de censura, y cuando la libertad de expresión no es más que letra muerta en la Constitución. Como también en ocasiones no ha sido necesario ni siquiera abrir la boca para dejar en claro dónde se encuentra el pueblo de México; y eso precisamente lo que hoy, a diez días del sismo dónde los mexicanos han salido a las calles y se han unido con el único afán de ayudar, demostrándonos a nosotros mismos, al gobierno y al resto del mundo, que el mexicano es un pueblo solidario.
Tanto la iniciativa privada, como los tres niveles de gobierno, así como la sociedad civil han hecho un llamado a la ayuda para el momento de la tragedia y por supuesto para la reconstrucción en todas las entidades donde sufrieron el poder de la naturaleza tras el temblor. Debo confesar que estoy sorprendido por la pronta respuesta que nuestro país ha tenido frente a la desgracia, pero también no puedo dejar de sentirme molesto, enojado, pero sobretodo asqueado, de ver como algunos políticos han estado haciendo uso de la buena voluntad de los mexicanos para pretender aumentar su capital político, algo verdaderamente repugnante.
Unos buenos amigos, el fin de semana pasado salieron de Aguascalientes rumbo a Morelos con ningún otro afán que el de ir a ayudar. Me comentaron que, al llegar a aquel estado, un día entero lo destinaron a escoltar camiones de ayuda para las víctimas, hasta centros de acopio ciudadanos; pues la policía del estado pretendía concentrar toda la ayuda y que fuese el DIF la única forma de que la ayuda llegara a quien más la necesita.
El descontento y la desconfianza de la población para con las autoridades se encuentra en uno de los momentos más álgidos en muchos años y aunque constitucionalmente hablando, el pueblo tiene en todo momento el derecho de alterar o modificar la forma de gobierno (Art. 39 CPEUM), el panorama para las elecciones presidenciales del próximo año cada vez queda menos claro, puesto que el discurso de los partidos ha cambiado radicalmente después de la tragedia y tal parece que el tablero una vez más ha quedado balanceado.