Con lubricante en la sangre

Con sólo 100 mil pesos (de ahora), un equipo de cinco personas y mucha vocación por ser empresario, el ingeniero químico Jorge H. Loya Ramírez fundó en 1980 Raloy, empresa mexicana de lubricantes que hoy es la encargada de hacer el llenado inicial de autos de marcas como Mercedes-Benz y Volkswagen.

“Raloy nace de una iniciativa, por la necesidad de vocación, lo traigo en los genes”, platicó el ingeniero.

Y es que su madre fue empresaria con una fábrica de calcetines llamada “París” y sus abuelos maternos producían sandalias que exportaban a Europa en la época de la Segunda Guerra Mundial, así que después de renunciar a Pemex, la sangre emprendedora de Loya, lo llamó.

Uno de los primeros clientes que enorgullece a la empresa y que sigue presente es Mercedes Benz.

La industria automotriz en México lo rechazó, así que Loya no lo dudó y se trasladó hasta Alemania para presentar su propuesta. Logró obtener la aprobación de Mercedes, prometiendo calidad en su producto. Esto implicó ser la primera empresa mexicana homologada por Mercedes Benz.

Raloy tiene también entre sus clientes a la empresa camionera y de autobuses International Navistar, Hino Camiones, General Motors, Volkswagen, Kia e Isuzu.

El crecimiento de Raloy la convirtió en el Corporativo Nova, que ahora integra 9 proyectos más que complementan a la empresa, entre los que destacan Thermo Fluidos, que surte envases de plástico, hasta una escuela católica llamada Liceo del Valle de Toluca.

Cuando Raloy comenzó eran sólo mil 800 metros, hoy la empresa ocupa alrededor de 6 a 7 hectáreas en el parque industrial de Santiago Tianguistenco, en el Estado de México, y no todos los proyectos están ahí.

Loya identifica como uno de los factores de éxito de su empresa el involucrarse con su personal tratando de brindar un buen ambiente y salarios justos a sus empleados.

Es por eso que en las instalaciones se puede apreciar un jardín en el que los trabajadores pueden descansar, comedor, sala de juegos con futbolito y mesa de pin pon, bicicletas estáticas y escaladoras para que se ejerciten, y hasta una cancha de futbol.

“Hagamos nuestro trabajo, paguémosle bien a la gente, la persona está por delante, no el dinero”, comentó Loya.

A pesar de exportar como marca a casi a toda Latinoamérica, de contar con 300 empleados sólo en Raloy, y de tener clientes transnacionales, el ingeniero Loya asegura que aún falta por crecer como empresa mexicana.