El Heraldo de Aguascalientes

Comunidad, asociación y una candidata náhuatl a presidente

Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“… La solución del problema no radica en un: o esto o lo otro.

 Por eso, tal vez lo que ahora se requiera sería la defensa liberal

del comunitarismo, o la defensa comunitarista del liberalismo”.

Wolfgang Schluchter, Universität Heidelberg

Anteanoche, la señora María de Jesús Patricio Martínez, médico tradicional, electa vocera del Concejo Indígena de Gobierno y eventualmente candidata independiente a la Presidencia de la República, estuvo en un programa de la cadena Milenio, en el que un interrogador, que no entrevistador, sumido en una penumbra que sólo permite percibir el contorno de su rostro pero no sus facciones, bombardea a mansalva a sus invitados. La señora respondió a las preguntas del periodista francotirador del programa “Tragaluz”, con sencillez, con claridad, con honestidad, con esa propiedad de la gente del campo del altiplano que seguramente comparte con los pueblos originarios, de llamar a las cosas por su nombre y no nombrar a lo que no conoce y no opinar de lo que no se sabe. Fue como un contragolpe a lo que me dicen que es un programa “Cien mexicanos dijeron”, que se regodea en la ignorancia y hace mofa del “garbancerismo” por revivir un título de Posada que pone en evidencia a quien pretende aparentar lo que no es.

En el programa me llamó la atención que, a diferencia de la mayoría, por no decir todos, los invitados habían comparecido solos frente al entrevistador, a la señora María de Jesús la acompañaba un señor, me perdí la presentación de manera que no sé dar razón de la naturaleza de su compañía, a quien volteaba a ver, no para pedir parecer sino como para reafirmar un concepto o para cuestionar una pregunta. Para muestra un botón, el del Tragaluz le preguntó: “¿Chantaje?”. La señora volteó a ver a su acompañante y con sencillez respondió: “no sé qué es”. Otros dos botones: Pregunta: “¿El aborto?”, repuesta: “Es un tema que habría que consultar”; pregunta: “¿Alianza con Morena?”, respuesta: “Es pronto, habría que esperar y consultar”. Dejó claro que a diferencia de los políticos de esos que pertenecen a lo que pomposamente autonombran “clase política”, ella no tiene respuesta para todo, aunque la tenga, porque finalmente ella es una vocera del Concejo Indígena de Gobierno, nada más pero nada menos, que en su oportunidad podría ser registrada como candidata independiente a la presidencia.

Por si alguno de los descuidados lectores no está al tanto, conviene recordar que el Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional convocaron a la asamblea constitutiva del Concejo en la ciudad de San Cristóbal de las Casas, el pasado domingo 28 de mayo. Allí se dijo, entre otras cosas que: “Por acuerdo de nuestra asamblea constitutiva del CIG decidimos nombrar como vocera a nuestra compañera María de Jesús Patricio Martínez, del pueblo nahua, cuyo nombre buscaremos que aparezca en las boletas electorales para la presidencia de México en 2018”…“la clase política se ha empecinado en hacer del Estado una corporación que vende la tierra que es de los pueblos originarios, campesinos y urbanos, que vende a las personas como si fueran una mercancía que se mata y entierra como materia prima, de los cárteles de la droga para venderlas a las empresas capitalistas que nos explotan hasta que enferman o mueren, de venderlas en partes para el mercado integral de órganos”.

La creación del Concejo, la elección de una vocera y la visión del estado como un corporativo con intereses distintos, cuando no contrarios, a los de la sociedad, me trajeron a la mente los conceptos de gemeinschaft y gessellschaft, (comunidad y asociación), difundidos por Ferdinand Tönnies en una obra que tituló precisamente con esas palabras y en las que desarrolló una teoría sociológica que tuvo repercusiones hasta cuestionar la naturaleza del estado, su concepción contractualista y su relación con la sociedad. Mi primer asomo a esas palabrejas y mi consecuente asombro fue en la clase de Sociología de mi querido maestro, Don Benito Palomino Dena, responsable entre otras cosas de mi decisión de estudiar Derecho, cosa que siempre le agradeceré, y quien nos hizo adentrarnos en el maravilloso libro “Sociología” de Antonio Caso, de una claridad meridiana y de una profundidad abisal.

A riesgo de ser muy esquemático y quizás traicionar a Tönnies, intentaré una aproximación simplista. Según él, las agrupaciones humanas podrían dividirse en dos tipos básicos: unas, que semejan un organismo, naturales, reales, con una libertad objetiva, en que los individuos se agrupan por circunstancias naturales o meramente factuales, en que la voluntad esencial (wessenwille) no presenta todavía la característica de una intencionalidad (Kürwille, albedrío). Pongamos por caso los usuarios de una fuente, como pudo ser la de Triana, en la que los vecinos acudían a llenar su cántaro y aprovechaban los que coincidían en horas, para platicar, ponerse al corriente de los chismes, aventurar los pronósticos del tiempo y eventualmente ponerse de acuerdo en celebraciones comunes como el trecenario del Cristo Negro. Los vecinos de un cierto barrio, pensemos, Tepito, en la Ciudad de México, tenían ciertas características por su conformación y por la convivencia que los hacía distinguirse de otros, formaban una comunidad (gemeinschaft). Pero si en vez de los usuarios de la fuente son los usuarios de un pozo, para regular derechos y deberes, deciden formalizarse y darse reglas, partiendo de quiénes pueden tener acceso al uso del agua, entonces estaremos en presencia de una asociación (gesellschaft).

Para Tönnies la sociedad es una gesellschaft de intercambio en la forma de una sociedad capitalista mundial, en la cual los individuos aislados se ponen en relaciones recíprocas mediante contratos, tratándose las partes contratantes unas a otro como medios para lograr un fin. Frente a esa visión compartida en buena medida por los estados liberales (quizás debí decir simplemente estado liberal), un buen número de integrantes de los llamados pueblos originarios y el EZLN apuestan a la comunidad de base, a la que vive y siente las necesidades, a las que reproducen formas ancestrales de relacionarse con la naturaleza y con el alter, con el que comparten y conviven.

¿Será el México bronco o sencillamente el México profundo?

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