CDMX.- «Estábamos en 1981 y Madrid era nuestro»: la frase es del realizador en crisis Salvador Mallo, saturado de dolores físicos y emocionales y sin embargo bien pudiera ser del propio Pedro Almodóvar, en ese instante libertario de una España sacudida por la muerte de Franco y la censura.
Justo al inicio de esa década en la que el cineasta debutaba con Pepi, Lucy y Bom y otras chicas del Montón (1980) y se sumaba a la llamada movida madrileña.
Para disfrutar en todo su esplendor los fascinantes y tenues matices de Dolor y Gloria (España, 2019), habrá que remitirse a otras obras maestras suyas: La Ley del Deseo (1986) y La Mala Educación (2004), con las que integra una suerte de trilogía intimista y biográfica.
Por supuesto, las referencias a otras obras como Volver o Todo sobre mi Madre, se mezclan con la pasión por la escritura, la reconciliación con el pasado, la depresión, las drogas, pero sobre todo el surgimiento del primer deseo erótico en la figura de ese niño que era Almodóvar (notable Asier Flores) y un albañil analfabeto (César Vicente), en una trama que intercala el ayer y el hoy en el que la división entre realidad y ficción es casi imperceptible.
Banderas, el músico Alberto Iglesias y la editora Teresa Font alcanzan la sublimación de su trabajo. (Rafael Aviña/Agencia Reforma)