Profr. Flaviano Jiménez Jiménez

El hecho anecdótico que describiré ya lo comenté alguna vez. Hoy lo vuelvo a citar porque viene al caso para entender mejor lo que es una competencia cognitiva. Cuando trabajé en una escuela del estado de Tamaulipas como docente, un día mi compañero Manuel salió muy molesto del salón de clases (él atendía el quinto grado de primaria). Le pregunté qué le pasaba. Me dijo: “Enseñé a mis alumnos la raíz cuadrada, y de los 37 sólo 2 entendieron medianamente”. Y ¿qué piensas hacer?, le pregunté. Me contestó molesto: “Mañana volveré a enseñarles la raíz cuadrada”. Ya en la casa donde rentábamos, después de comer, Manuel se puso a estudiar parte de la tarde y parte de la noche en dos o tres libros, preparó su clase, y al día siguiente volvió a enseñar raíz cuadrada a sus alumnos. A la hora de recreo le pregunté ¿cómo te fue en la clase Manuel? Molesto me contestó: “De 37, únicamente 3 entendieron algo”. Por la tarde, en la casa, nuevamente se puso a leer en los libros e hizo varios ejercicios, preparó la clase y algunas láminas. Al día siguiente explicó otra vez a sus alumnos la raíz cuadrada. A la hora de recreo salió del salón de clases con una amplia sonrisa y me buscó para decirme: “¡¿Qué crees que me pasó?!”. ¿Qué te pasó?, le pregunté, y me dice alzando los puños de ambas manos hacia el cielo: ¡Ahora sí, ya le entendí a la raíz cuadrada!”.

Los maestros, para enseñar, necesitamos conocimientos. Para enseñar Matemáticas, Historia o Ciencia Naturales, necesitamos conocimientos de estas asignaturas. En esto podemos estar de acuerdo en términos generales, pero la cuestión es ¿cuántos conocimientos son necesarios? Una respuesta razonable sería: los suficientes para enseñar con eficacia el grado que atendemos cada uno de nosotros; esto es, el maestro del quinto grado de primaria, para enseñar Matemáticas, necesita dominar los conocimientos que se encuentran en el programa de estudios del quinto grado; así como el maestro de Historia, del tercer grado de secundaria, necesita dominar los conocimientos de esta materia de tercero. En la inteligencia que cuando dominamos los conocimientos de la materia que enseñamos siempre estaremos en condiciones de explicar sus contenidos satisfactoriamente y de manera clara; asimismo, estaremos en condiciones de disipar todas las dudas y de contestar las preguntas que los alumnos nos formulen al respecto. Y que quede claro, no todo lo que saben los maestros necesariamente deben dominar los alumnos; los estudiantes requieren conocimientos básicos, pero sólidos, que sirvan de antecedentes esenciales para cursar grados superiores y lograr avances progresivos.

Y ante este orden de cosas, ¿qué es la competencia cognitiva? Es la capacidad (de nosotros los maestros) para identificar los conocimientos que tienen que saber los alumnos de una asignatura determinada, según el grado que cursan. Los docentes de Español, los de Geografía o los de Química, deben tener claro qué tienen que aprender sus alumnos del grado respectivo. Y para desarrollar la competencia cognitiva, los maestros requerimos de la capacidad metacognitiva. Y, ¿cómo se desarrolla la metacognición? Respondiendo, inicialmente, a cuatro preguntas que debemos formularnos: ¿qué tienen que aprender (sobre Biología por ejemplo) mis alumnos del primer grado de secundaria?, ¿cuánto domino (yo como maestro) de lo que tienen que aprender mis alumnos (sobre Biología)?, ¿qué no se de lo que tienen que aprender mis alumnos?, y ¿qué tengo que hacer para aprender los conocimientos que no domino y así poder enseñar a mis alumnos sobre el particular?

En aquel entonces cuando trabajábamos en Tamaulipas, aun cuando no era de uso común la palabra metacognición, eran las mismas preguntas que Manuel se hacía y, por las tardes y noches, se ponía a investigar, a tomar notas, hacer ejercicios, elaborar material didáctico y a recapitular temas hasta que llegó a entender la raíz cuadrada. Con el paso del tiempo, Manuel se convirtió, gracias a sus estudios y perseverancia, en un excelente maestro de Matemáticas, recibiendo reconocimientos y menciones honoríficas por los resultados que sus alumnos obtuvieron. Si felizmente hay maestros que dominan todos los contenidos de la materia bajo su responsabilidad, tal vez para ellos haya poco qué hacer; pero si los demás, con ética profesional y honestidad, reconocemos que no dominamos todos los conocimientos, entonces hagamos lo que Manuel y lo que sugiere la metacognición: identifiquemos qué no sabemos de lo que nuestros alumnos tienen que aprender; y pongamos manos a la obra estudiando los tópicos que desconocemos. Para este fin, algunos autores nos recomiendan diseñar un pequeño plan, señalar objetivos, acciones a emprender con tiempos definidos, evaluar periódicamente los aprendizajes y los avances hasta lograr el dominio de lo que desconocíamos.

La competencia cognitiva, así como la metacognición, son fundamentales para adquirir y dominar conocimientos que los alumnos requieren para su vida presente y futura; pero para ello, los docentes, primero, tenemos que reconocer las deficiencias y después ponernos a estudiar lo que no sabemos hasta lograr su dominio. Este es el mismo camino que sigue todo filósofo, científico, intelectual, investigador y artista, para producir conocimientos y es el mismo camino que hemos de andar los maestros si queremos adquirir conocimientos para poder enseñar efectivamente a nuestros alumnos y lograr la calidad de la educación. (Ideas tomadas en “Inteligencia Educativa” de Laura Frade).

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