Por: Octavio Díaz García de León.

A cualquiera que tenga interés en el combate a la corrupción le haría bien ver la serie “El Mecanismo” que aparece en Netflix. Esta serie es una dramatización de la investigación que se llevó a cabo en Brasil para descubrir uno de los casos de corrupción más notorios en Latinoamérica y que ha involucrado a presidentes y funcionarios del más alto nivel no sólo en Brasil, sino en otros países del continente. En México involucra al ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin.

La investigación llevada a cabo en Brasil para descubrir una gran red de corrupción llamada “Lava Jato” o “Autolavado” en español, ha llevado a la cárcel en aquel país a funcionarios del más alto nivel, diputados, senadores e importantes empresarios. También llevó a la cárcel al ex presidente Lula Da Silva e involucró a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien fue destituida.

El método de investigación que se siguió ya lo he mencionado con anterioridad (Artículo): seguir la pista del dinero. En el caso brasileño, expertos en lavado de dinero investigaron una serie de operaciones extrañas en una casa de cambios ubicada en un autolavado y de allí fueron desenmarañando una madeja que llevó a las más altas esferas del gobierno y del empresariado brasileño (Lava Jato).

Algunos ingredientes que se requirieron para que esta operación fuera exitosa, fueron:

  • Policías honestos y comprometidos con su trabajo, dispuestos a llegar a donde fuera necesario, sin temor a las represalias.
  • Un juez federal de distrito, alejado de las esferas del poder, con la independencia y arrojo para perseguir a los inculpados.
  • Un buen sistema de investigación de lavado de dinero con agentes competentes.
  • Un ministerio público con independencia y valor para llegar a las últimas consecuencias.
  • Un sistema de investigación de flujos de dinero que les permitió descubrir las complicadas maniobras financieras que llevaron a cabo los empresarios y funcionarios corruptos.
  • Una opinión pública cansada del abuso de empresarios y malos servidores públicos, que aplaude la aplicación de la ley y condena a los políticos corruptos.

En una de las escenas de la serie televisiva, uno de los agentes, incorruptible y obsesionado por hacer justicia y quien ha tenido que abandonar el servicio público, pero sigue apoyando a sus colegas, se pregunta, ¿en qué consiste el mecanismo de la corrupción? Se lo pregunta mientras observa a su hija que juega en una tableta con una aplicación que produce imágenes de fractales y entonces tiene una epifanía.

En un pizarrón ha puesto un círculo que explica la corrupción: el funcionario público que contrata bienes u obras con sobreprecio; el contratista beneficiario que a su vez pasa parte del sobreprecio a un lavador de dinero; el lavador que lo regresa en forma de soborno a los políticos y al funcionario cómplice; los políticos beneficiados que a su vez nombran a los funcionarios corruptos; y así se cierra el ciclo de la corrupción.

El agente resulta víctima de un esquema de corrupción con un servicio municipal, y se da cuenta que el mecanismo se reproduce a todos los niveles: la corrupción se da con el mismo patrón desde las más altas esferas del gobierno hasta los niveles más bajos de los gobiernos locales.

Por ello la imagen de un fractal describe también al mecanismo de la corrupción, como una reproducción al infinito de patrones que se repiten desde lo más grande hasta lo más pequeño. Ocurre en Brasil, pero también ocurre en México.

¿Será posible que en nuestro país se dé una investigación como la de Lava Jato? Todavía está por verse. Los elementos que lo hicieron posible en Brasil aún no están listos en México. El Poder Judicial no es tan independiente del poder político; aún no hay fiscalías ni fiscales autónomos; no se ha usado la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda para combatir la corrupción; el Sistema Nacional Anticorrupción avanza lento; no se han nombrado magistrados anticorrupción, etc.

Mientras los funcionarios dependan de los políticos para sus puestos, no haya empresarios que rechacen ser parte de la corrupción, no haya políticos y funcionarios honestos, y no sea eficaz el combate al lavado de dinero, el mecanismo de la corrupción difícilmente se romperá.

A los candidatos a la Presidencia les hacen falta propuestas integrales de cómo romper este círculo vicioso. Se han presentado medidas aisladas, algunas importantes, pero sería conveniente que hubiese una visión integral y, sobre todo, ganas de llevarla a cabo una vez que alguno de ellos gane.

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