José María León Lara

En este 2018 se conmemoran 190 años de la existencia de la verbena abrileña que tanto caracteriza a estas tierras aguascalentenses; sinónimo de orgullo y motivo digno de presumir tanto a nivel nacional como también internacional. No se puede entender a la feria sin Aguascalientes, ni a Aguascalientes sin su feria. Es un evento que nos ha venido acompañando y se ha arraigado de tal manera en la cultura colectica de esta zona del país, que puede ayudar a explicar una considerable parte de nuestra historia.
La feria existía incluso desde antes de que Aguascalientes fuera un estado libre y soberano; recordemos la disputa por nuestro territorio suscitada entre Jalisco y Zacatecas durante el siglo XIX, situación que a pesar de la ingobernabilidad de aquellos tiempos, no fuera factor para que se interrumpiera la Feria de San Marcos. Quizá esto se pudiera entender por la privilegiada posición geográfica con la que gozamos, para convertirnos en un punto de encuentro estratégico para el comercio.
Cierto es que la feria ha ido evolucionando, así como adaptándose a las tendencias de oferta y demanda, por lo que si volteamos al pasado, es difícil encontrar similitudes con las primeras ediciones de la misma. Más esto no quiere decir que esté mal, pues a la fecha se siguen preservando nuestras costumbres, algunas originarias como otras que fueron surgiendo a lo largo del tiempo, que le siguen dando ese sabor a feria de pueblo.
Más al decir feria de pueblo, no se pretende ofender y denostar, sino todo lo contrario. Es tan común en últimos años, donde a la feria se le considera sinónimo de borrachera, y aunque no podemos negar que ese particular existe, aun conservamos los eventos tradicionales y protocolarios. Por ejemplo las mañanitas a San Marcos, la develación del bando solemne, la elección y coronación de la reina y sus princesas o el desfile del día 25 de abril.
Cabe mencionar que nuestra feria es muy mexicana, pues basta recorrer el área de la feria para encontrar tríos, mariachis y tamboras, dispuestos a alegrar hasta al corazón más dolido con una bella melodía. Se sigue contando con puestos de comida tradicional mexicana, es decir antojitos típicos; o el tradicional juego de lotería a las afueras del Jardín de San Marcos. Como también es el caso de las peleas de gallos, las charreadas y por supuesto de las corridas de toros (aunque estas últimas sean herencia de la Colonia).
Es menester mencionar la expansión que ha tenido a bien la feria, con la inclusión no hace muchos años de la Isla San Marcos. Sitio que engloba lo tradicional, como lo actual; basta con visitar la espectacular exposición ganadera, para darse una idea de la importancia que tiene la feria, al entrar en cuenta la inmensa cantidad de expositores de varios sitios del país. Así como la expo agro industrial, donde nuestros productores locales dan a conocer al público en general los productos hechos orgullosamente en Aguascalientes.
No podemos olvidar el cartel cultural que en cada edición, recibe artistas, poetas y escritores de talla internacional. Y de esa manera, se puede llegar a explicar que la Feria Nacional de San Marcos, es mucho más que la cantina más grande del mundo.
Así como termina un año y comienza otro, o como al llegar la noche acaba el día con la promesa de que otro vendrá enseguida, así mismo concluye una edición más de la Feria Nacional de San Marcos, con la promesa que el año que viene, regresará la fiesta más nuestra.