LOS ÁNGELES.- Meta a una licuadora fílmica al DeLorean de Volver al Futuro con Gundam, Chucky, King Kong, Stephen King, El Gigante de Hierro, Pacman, Street Fighter, y música de Wham!, Twisted Sister y Duran Duran.
También un futuro distópico, un juego de realidad virtual donde todos quieren evadirse, una cacería de secretos por una fortuna inconmensurable… y añádale a un Steven Spielberg, a cargo de todo lo anterior, con la emoción y energía de un veinteañero.
Ese coctel que el público, a partir de hoy con funciones en 3D, puede degustar, se llama Ready Player One: Comienza el Juego. Fue hecho con 175 millones de dólares y ha sido definido en EU como un “nerdgasmo”.
“No le hubiera delegado esta película a un director más joven por nada del mundo. Esto tenía que ser mío.
“Probablemente trabajé más duro aquí que lo que he hecho en años. La película es tan grande y vasta, épica… requería más de mi esfuerzo habitual”, admite el mítico Spielberg, de 71 años, sobre su vuelta a los blockbusters.
Basada en la novela homónima de Ernest Cline, la historia ocurre en el Ohio de 2045. El desolador mundo poco tiene que ofrecer ante Oasis, mundo virtual creado por el gurú tecnológico James Halliday (Mark Rylance).
Wade Watts, (Tye Sheridan), un chico común y corriente, habita ese universo con el avatar de Parzival. Como millones de personas, anhela encontrar las llaves escondidas que allí dejó Halliday tras su muerte.
Porque quien las tenga en su poder, tendrá el control del juego y una herencia de billones de dólares.
Pero Wade, en medio de una búsqueda llena de referencias a la cultura pop de los 80 y 90, deberá vivir la aventura también en carne propia, confiando en los demás sin las máscaras de los avatares.
“Mi tema favorito de la película es que debemos recordar que siempre existimos en la realidad, con nuestra propia piel”, dice Sheridan.
Ben Mendelsohn interpreta al villano Nolan Sorrento, un empresario que quiere comercializar Oasis. A su parecer, el “tesoro” lo ganó todo el elenco: trabajar con Spielberg.
“El mejor momento es esa primera vez en que haces una escena que de verdad le gusta. Es asombroso. Te dice que la amó, enérgico. Es muy intenso. Es el mejor público que jamás podrás tener”, recuerda.
Cline, quien coescribió el guión, señala que el mayor reto fue simplificar la historia y entender que lo que no tuviera potencial cinemático tenía que ser recortado.
La “llave” para abrir a los propietarios de los derechos de cientos de personajes que aparecen en pantalla, agrega el autor bestseller, fue el poder del nombre del director de E.T. Prácticamente nadie se le resistió.
“No echo en falta nada de la novela cuando veo la película, incluso cosas que tuvimos que cambiar. Estoy feliz con los cambios que hizo Steven. No volvería atrás con el DeLorean para cambiar nada”, dice. (Mario Abner Colina/Agencia Reforma)