El obispo José María de la Torre Martín encabezó las peregrinaciones a Catedral, dando inicio al Quincenario en honor de la Virgen de la Asunción; llamó a los fieles a combatir la violencia, en todos los ámbitos, en la familia, en el trabajo y en la sociedad en general, para lograr la paz que anhelamos.

Señaló que la violencia, la corrupción y otros males de nuestro tiempo, son producto del deterioro del tejido social, de ahí la importancia de mantener unida la familia y de promover valores básicos como la solidaridad, la honradez y el perdón.

Reconoció la devoción con que participan cientos de peregrinos, a quienes bendijo y agradeció sus muestras de cariño hacia la Virgen.

Ante la reciente conmemoración del Día Mundial contra la Trata de Personas, el pastor condenó este delito, porque tiene como fin la explotación comercial de la persona con fines sexuales, laborales o de robo y venta de órganos.

“La mecánica implica captar una persona, trasladarla, coaccionarla, venderla, amenazarla, violentarla, usarla y descartarla, lo que conlleva violencia física, psicológica, de engaño o pseudo-convencimiento, a veces con intervención de familiares o personas con las que la víctima está comprometida afectivamente”.

La Iglesia ha denunciado esta nueva forma de esclavitud que se ha enfocado al trabajo, a la prostitución y al lucro.

Recordó que San Juan Pablo II, en el año 2002, señaló que la Trata de Personas Humanas constituye un ultraje vergonzoso a la dignidad humana y una grave violación de los derechos humanos fundamentales.

“Estas situaciones son una afrenta a los valores fundamentales que comparten todas las culturas y todos los pueblos, valores arraigados en la misma naturaleza de la persona humana”.

Añadió que el Papa Francisco, por su parte, se ha pronunciado por crear mayor conciencia de la situación de las víctimas de la trata de personas y de promover y proteger sus derechos.

Como Iglesia, dijo, nos comprometemos a que se conozca esta realidad, de forma que la sociedad pueda percibirla como un problema social que nos involucra a todos; facilitar la atención a las víctimas en su denuncia; promover el espíritu de familia y la fortaleza propia de la misma.

Asimismo, a realizar un trabajo preventivo con adolescentes y jóvenes para que reconozcan los riesgos y ofrecerles espacios de participación y crecimiento integral; y plantear esta temática en los seminarios, la formación de sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes pastorales laicos.

“Que la Virgen de la Asunción, interceda para que todos asumamos nuestra responsabilidad”, finalizó.

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