Desde la ventana 20 de febreo
El pasado 15 de febrero se reunió Andrés Manuel López Obrador con empresarios de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI). El encuentro tuvo lugar en uno de los hoteles más elegantes (y caros) de la ciudad de México. La ADI agrupa a las principales empresas del ramo en el país. Hace seis años le brindaron apoyo abierto a AMLO, con quien obtuvieron importantes contratos de obra pública.
Fue una charla cordial a puertas cerradas. Los reporteros de diferentes medios estaban esperando afuera del salón. Por una extraña razón, una buena parte de la conversación se desarrolló con micrófono abierto. No sólo eso. Los periodistas pudieron escuchar todo. AMLO dijo textualmente que “si en esta ocasión no gano la elección, me voy a la chingada”. También dijo que está consciente de lo difícil que le ha sido remontar los 40 puntos de “negativos” que registran las encuestas. Lo atribuye a la campaña que se ha venido desarrollando en su contra. Y dijo algo más: “Han pasado seis años. Tengo más experiencia pero menos vigor. Estoy muy cansado”.
Al salir de la reunión, los reporteros lo cuestionaron y les dijo que habían “sacado de contexto” la charla. Le replicaron que todo quedó grabado. Obviamente era difícil que reconociera la autenticidad de la grabación. El diario “Milenio” le dio la primera plana a este asunto. Por supuesto que se trataba no sólo de la nota del día. Es una de las tres noticias más importantes que se han producido en el curso de las precampañas. Las otras dos son el triunfo de Josefina Vázquez Mota en el PAN y el de Miguel Mancera como precandidato a jefe de gobierno de la Ciudad de México.
Aunque haya sido una declaración “en corto”, de franqueza entre amigos (en realidad no sé si todos lo son), el hecho de reconocer anticipadamente la posibilidad de su derrota y de manifestar lo que es del dominio público, es decir, que está “muy cansado”, es algo que puede mover el tablero político. Si ya las tendencias muestran que la elección tiende a polarizarse entre el PRI y el PAN, esta importante confesión podría ser la puntilla. El mayor impacto se podría resentir en sus propios seguidores. Un candidato que no transmite fuerza, energía, ánimo de triunfo, difícilmente puede convencer de que voten por él. A nadie le conviene tener un ganador que llegue cansado a Los Pinos.
Que esté cansado es algo explicable. Ha venido haciendo campaña desde que asumió la jefatura de gobierno de la ciudad de México en diciembre del 2000. Para empezar, iniciaba sus conferencias de prensa diarias a las seis de la mañana. Terminaba de trabajar a las 11 de la noche. No conocía el descanso. Hasta los domingos trabajaba. Después vino la campaña presidencial del 2006, agotadora como son todas estas contiendas.
Tras la derrota del 2006 que nunca reconoció, se dedicó a recorrer el país, municipio por municipio. No en todos hay hoteles. Mal comiendo y sin dormir lo suficiente, no hay cuerpo que aguante. Encaneció por completo, camina con paso cansino, ya tiene bolsas debajo de los ojos, no tiene la misma fuerza al hablar. Esto es lo que todos podemos observar y ahora él mismo lo reconoce. No lo hubiera dicho de haber sabido que había un micrófono abierto. Quizá le tendieron una trampa y cayó. Algunos de sus seguidores tratan de minimizar el hecho diciendo que se trató de una broma, que tiene un rancho en el sureste que se llama “la chingada”. El problema no es la palabra sino el hecho de que reconoce desde ahora la posibilidad de salir derrotado.
Algunos periodistas como Pablo Hiriart, director del diario La Razón, de plano afirma que la hora de AMLO ha terminado. No le ve posibilidades de levantarse. No se explica cómo se empecinó en ser candidato, teniendo la izquierda una carta mucho más competitiva: Marcelo Ebrard. De hecho Hiriart sugiere que AMLO deje la contienda y que asuma la candidatura Ebrard. Sólo que hay algo en lo que no reparó el periodista: el artículo 82, fracción VI de la Constitución establece como requisito para ser candidato a la Presidencia de la República la separación del cargo seis meses antes del día de la elección, de manera que Ebrard ya no puede.
El punto medular va a ser si efectivamente se polariza la elección entre la candidata del PAN y el del PRI. En este momento Consulta-Mitofsky le da a AMLO un 18% de intención de voto. Si llegara incluso a bajar por el fenómeno del voto útil y quedara en un 15% antes de la elección, se podría considerar una bolsa a repartir de unos 80 puntos, descontando los votos nulos. Tal como están ahora las cifras y si la elección no se cierra demasiado, el candidato puntero podría ganar con una ventaja amplia, lo que garantizaría mayores márgenes de gobernabilidad en el país. En un escenario semejante, no tendría la menor importancia lo que ocurra con el PANAL y su flamante candidato. Hace seis años, con una diferencia de 0.56% en la elección presidencial, la maestra Gordillo fue un factor que ella le vendió a Calderón como decisivo en la contienda. Y se lo vendió muy caro. Ahora no sería el caso si la diferencia va más allá de los seis puntos.
Por otra parte, no deja de ser curioso cómo un incidente puede ser decisivo en una contienda. Hace 12 años Francisco Labastida tuvo una aparición fatal en el primer debate de la campaña, mencionando en público los defectos que Fox le achacaba todos los días. De allí salió derrotado. Después Fox cometió el error del “hoy, hoy, hoy”. Supo darle la vuelta para convertirlo en acierto y ganó la elección. Hace seis años López Obrador tuvo la ocurrencia del “ya cállate chachalaca”, que los publicistas de Calderón mostraron como un acto de autoritarismo que eventualmente lo convertiría en “un peligro para México”. Con eso cavó su tumba. Ahora se le ocurre decir que tal vez pueda perder y que está muy cansado. Puede ser el fin de su carrera.
Pero precisamente por lo impredecible de una campaña electoral, hay que estar atentos a todo. Nada está escrito. Además, en este momento las encuestas muestran una franja oscura muy amplia. Si se suman los indecisos al grupo de rechazo (el porcentaje que aparece bajo el rubro “no sabe/no contestó”), nos encontramos con que el universo medido no llega ni a la mitad en algunos casos. Esto no significa que las tendencias no sean claras, por escaso que sea el universo de la medición. Pero la franja oscura lleva a concluir que en este momento no hay certeza.
Jorge Castañeda tiene una idea sugerente. Dice que en México hay dos vueltas electorales: la primera en las encuestas y la segunda en las urnas. Así ocurrió en las elecciones presidenciales del 2000 y recientemente en varios procesos locales, especialmente el de Michoacán. También lo vimos en la elección interna del PAN. Ernesto Cordero estuvo cerca de forzar a una segunda vuelta. Las encuestas le daban la mitad de lo que realmente obtuvo. De manera que hay electores que se reservan hasta el final para darle utilidad a su voto. Esto refleja, de alguna manera, que el mexicano es un electorado maduro.


