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ESCUCHANDO EL ALMA Y LEYENDO EL CUERPO (segunda parte)

. Publicado en Mesa de Autopsias

Luis Muñoz Fernández

“En la escena típica de la visita médica, la consulta en el hogar, el diagnóstico se formaba a través del diálogo y de la facultad de compenetración. La consulta era un acto médico no menos que un trabajo en común de comprensión mutua”.
Karin Johannisson, Los signos. El médico y el arte de la lectura del cuerpo. 2006.

Al compartir algunos de estos escritos en la página de Facebook de la Asociación de Médicos del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán (AMINNSZ), suelo recibir comentarios muy valiosos que enriquecen mucho el contenido de lo que escribo. Así sucedió la semana pasada, cuando el doctor Luis Humberto López me señalaba lo siguiente:
Los doctores Kassirer, Wong y Kopelman en su libro “Manual de razonamiento clinico” (Learning Clinical Reasoning. Lippincott Williams & Wilkins, 2009) se preguntan ¿por qué con la misma información disponible para todos, los médicos de distintas capacidades llegan a conclusiones diferentes con diferentes consecuencias? Los autores señalan que la sabiduría se basa en el modo (que implica un método) de utilizar la información y los conocimientos y la tarea para adquirir ese conocimiento se llama razonamiento clínico, que va de la mano con los ejemplos de los profesores clínicos.
    La respuesta al interrogante del párrafo precedente parece estar implícita en la misma pregunta. Si los médicos tienen capacidades diferentes, eso puede explicar el hecho de que lleguen a distintas conclusiones a pesar de disponer de la misma información sobre los mismos pacientes. La clave es la heterogeneidad en la capacidad de los médicos. Se puede comprender fácilmente y lo podemos ver con relativa frecuencia quienes convivimos cotidianamente con otros colegas en el ámbito hospitalario.