Sindicato de niños
Profr. Flaviano Jiménez Jiménez
Ni los padres de familia, ni los maestros tenemos clara conciencia del enorme poder que los niños poseen cuando deciden organizarse y utilizar las redes sociales para lograr fines determinados, como ha estado sucediendo en varios países del mundo contemporáneo. Por tanto, debemos darnos cuenta que los medios electrónicos de comunicación están cambiando la vida y la cultura de la sociedad en general, pero con mayor énfasis y velocidad la vida y la cultura de los jóvenes y de los niños: en las formas de pensar, de aprender, de trabajar, de relacionarse, de divertirse, de jugar y de resolver los problemas que los aquejan. Un ejemplo de estos cambios y del poder de las redes sociales, en manos de los niños, se vivió recientemente en Chile, el cual es de capital importancia abordar para que tengamos idea de lo que esto significa.
Los alumnos de secundaria, de este país sudamericano, estaban inconformes (a decir de ellos) por las irregularidades que imperaban en los servicios de sus escuelas: había maestros que faltaban frecuentemente a sus clases, no pocas lecciones impartidas carecían de interés y eran aburridas, los planes y programas de estudio presentaban deficiencias, el aprovechamiento en los aprendizajes era de muy bajo nivel, la indisciplina y la violencia se generalizaban, en fin, “la educación secundaria está al borde del colapso”(concluían). Algunos estudiantes hicieron esfuerzos aislados, en sus respectivas escuelas, por mejorar los servicios: solicitaron a los maestros, directores y supervisores, que trataran de corregir las anomalías que se observaban. Sin embargo, las cosas seguían igual y en algunos planteles aún empeoraban.
No se sabe en qué secundaria, ni quién fue el promotor principal, el caso es que empezó a circular por las redes sociales una convocatoria para que los alumnos de secundaria, de escuelas ubicadas en la capital de Chile y provincias cercanas, se concentraran (determinado día y hora) en la plaza central de Santiago con el objeto de constituirse en un sindicato de alumnos del nivel y llevar a cabo una manifestación gigantesca para denunciar las irregularidades que imperaban en sus escuelas y, junto con las denuncias, solicitar el despido de aquellos trabajadores que poco o nada hacían por mejorar los servicios educativos; pero la petición más fuerte y radical era la salida del Ministro de Educación de Chile (en México Secretario de Educación), por ser indiferente a la pésima situación que prevalecía en las escuelas secundarias del país y no remediar los problemas existentes.
De esta forma, el día menos pensado se vio desfilar por las calles de Santiago a miles de alumnos de secundaria, portando sus uniformes y gritando consignas, hasta llegar a concentrarse en la plaza principal. En su paso bloquearon calles, provocando caos en la circulación de los vehículos; y cuando ya estaban en la plaza central, en coro manifestaron sus inconformidades y plantearon sus peticiones: mejoramiento en los servicios de educación secundaria, despido de maestros, directores y supervisores que no cumplían con sus responsabilidades y salida inmediata del Ministro de Educación. Horas después, se acostaron en la plancha de la plaza, como esperando una reacción oficial y respuestas a sus peticiones.
Ante este hecho insólito, las autoridades no podían y no pudieron hacer nada, no pudieron reprimir, ni dispersar a los manifestantes con tanques, ni con el ejército, ni con la policía, pues era un sindicato de niños, menores de edad con todos los derechos y a la vista de todo el mundo. La Presidencia de la República tuvo que designar una comisión para dialogar con los pequeños líderes del movimiento; pero para dialogar, los líderes estudiantiles pusieron como condición, sin discusión, la salida inmediata del Ministro de Educación, de lo contrario no habría negociación. Por la firme postura de los alumnos y ante la premura de solucionar la problemática, las autoridades competentes determinaron la salida del Ministro con el fin de dar paso al diálogo, el cual se llevó a cabo durante varios días y de donde se derivaron posteriores despidos de trabajadores que no cumplían satisfactoriamente con sus funciones educativas y se establecieron medidas pertinentes para mejorar la educación secundaria del país, notándose esa mejora en los días actuales, gracias a este fenómeno social que se le conoce como “El Movimiento de los Pingüinos”.
¿Cuáles son los mensajes, para todos nosotros, de este movimiento singular de los niños chilenos? Entre muchos otros, que los educandos saben valorar cuándo la educación impartida está bien y cuándo está mal, que se dan cuenta quién les enseña bien y quién no, y que también saben reclamar sus derechos cuando lo consideran justo y necesario. Por otra parte, que los niños y los adolescentes ya aprendieron de los adultos el ejemplo de lanzarse a la calle para manifestar las inconformidades, con la enorme diferencia que los pequeños dicen la verdad en los movimientos que emprenden y plantean únicamente cuestiones genuinas para beneficio de todos, mientras los adultos generalmente escondemos el verdadero móvil de lo que enarbolamos. Y, que debemos estar conscientes, ante situaciones anómalas, que es suficiente la iniciativa y arrojo de algún alumno para iniciar un movimiento social de consecuencias insospechadas, como en el caso de los “Pingüinos”.
No es el único acontecimiento, de esta naturaleza, que ha determinado la destitución de un alto funcionario, en el mundo de nuestros días diversos fenómenos sociales se organizan y se desarrollan utilizando los medios electrónicos de comunicación para derrocar personajes encumbrados y cambiar los rumbos de la historia. Ante este orden de hechos, los maestros de Aguascalientes y de México no debemos permanecer indiferentes, tenemos que esforzarnos por brindar los mejores servicios a nuestros educandos; las nuevas tecnologías deben servirnos para modernizar nuestra enseñanza, antes que las empleen en contra nuestra.

