LA ELECCION PANISTA
Confieso que al principio le di el beneficio de la duda a la versión. Pero andando el tiempo terminé por convencerme de que la hipótesis estaba “muy jalada de los pelos”. Usted recordará que lo comenté no como una idea mía, sino como una versión a la que algunos le daban crédito. Decían que el Presidente Felipe Calderón había diseñado una magistral estrategia política para sacar, de entre la flaca caballada panista, a una candidata fortalecida. Que la intención era repetir la historia del hijo desobediente que a Calderón le funcionó muy requetebién. Que incluso, el propio Ernesto Cordero sería parte de esa estrategia y también Josefina Vázquez Mota. La verdad, la verdad, entre más me la platicaban, menos creíble se me hacía. La teoría dejó de mencionarse y no fue sino hasta que ya se tenía la certeza del triunfo de Vázquez Mota, que algunos de aquellos que defendieron la hipótesis de la estrategia calderonista, me llamaron para refrescar la historia. Les escuché con respeto sin emitir ninguna opinión.
Esa noche del domingo cavilaba sobre la tesis de la estrategia. “No puede ser, está muy aventurada”, me decía. Sin embargo, en mi fuero interno me seguía sintiendo inquieto. Las personas que habían llamado, son serias, inteligentes, incluso, ninguna de ellas participa en política. En la mañana me levanté con el firme propósito de analizar detenidamente este asunto. Me puse a revisar la trayectoria política de Vázquez Mota. Leí algunos fragmentos de sus discursos más importantes. De sus relaciones políticas. De sus desencuentros con personajes del PAN. Pero sobre todo, de su amistad con Felipe Calderón. En esas me encontraba cuando me topé con una interesantísima historia publicada por la Agencia Reforma. Más bien, se trataba de una semblanza esencialmente política de la hoy candidata presidencial del PAN. La nota menciona que no existe una real amistad entre Calderón y Vázquez Mota. Lo que hay es un compromiso político donde existe gratitud por ambas partes. Es decir, llevan una buena relación. Lo que no ha ocurrido con el equipo compacto del Presidente. La historia plasmada en ese reportaje, muestra que Vázquez Mota nunca tuvo cabida en ese grupo, que al principio lo encabezaba Juan Camilo Mouriño. Con el entonces Jefe de la Oficina de la Presidencia, trabajaban -¡ojo!- Max Cortázar y Ernesto Cordero. Es decir, fueron los que le hicieron la vida de cuadritos a doña Josefina. Primero cuando era coordinadora de la campaña de Calderón, puesto del que fue relegada por el propio Mouriño. Y después, cuando era secretaria de Educación Pública y Mouriño y su grupo -sobre todo Cordero- le cerraban la comunicación directa con el Presidente. Hay otro pasaje muy ilustrativo: Calderón intentó mandarla al Estado de México como candidato a la gubernatura, compitiéndole la posición a Eruviel Ávila. Ella se negó. O sea, que entre ella y Cordero si ha existido una animadversión que él no disimuló durante la campaña interna. Claro: el respetable atribuyó esos rasgos de grosería de Cordero a una estrategia de campaña. Como sea, todos estos datos le permiten a uno establecer ciertos puntos de referencia sobre una relación que nunca ha sido buena.
Usted estará de acuerdo conmigo en que la elección interna del PAN de hace ocho días, nos dejó la misma experiencia que las elecciones de gobernador de Michoacán. En ambos casos, pintos y colorados pensaron que Calderón terminaría aplastando a sus adversarios políticos y al final de cuentas los comicios se desarrollaron democráticamente. Estos resultados y considerando sus especiales circunstancias, permitirían suponer que el proceso electoral para elegir Presidente de México, no debería de ser contaminado con acciones anti-constitucionales por el Gobierno de Calderón.
Evidentemente a Josefina Vázquez Mota se le dificultará salirse de la dinámica del género. De hecho, no puede evitar ufanarse de ser la candidata presidencial que, según creen algunos, será “la primera mujer presidenta de México”. Y hasta la ponen al nivel de las mujeres que gobernaron Chile y Costa Rica y de Cristina Fernández, la actual presidenta de Argentina. Pareciera que para algunos todo su capital político lo basara en su condición de mujer. Y tengo, para mí, que en esto se equivocan ya que Josefina Vázquez es una mujer preparada que viene a darle una ilusión nueva a la ciudadanía. Y es que hay que preguntarnos:
¿Creería usted, que los mexicanos preferirían a una mujer en la Presidencia sólo por ser esa su condición?
Creo que no. A su condición de mujer habrá que agregarle que es una persona con mucha sensibilidad que padece y ha padecido en carne propia los problemas que padecen día a día las familias mexicanas. Que aparte de ser funcionaria del gobierno es también ama de casa, que llega a su hogar cada noche a revisar las tareas de las hijas y a hacer las tareas propias de las señoras que trabajan y atienden su hogar.
Usted recordará que desde los inicios del proceso interno panista, dije en algunas ocasiones que me parecía muy bueno el discurso político. Y lo era porque los temas los ubicaba exactamente en los problemas y vicisitudes de la vida diaria de la mayoría de la población; de los tres pre candidatos panistas era la que ofrecía algo esperanzador a los mexicanos. Ernesto Cordero se dedicó a presumir sus capacidades como economista y Santiago Creel su experiencia en el Gobierno. Y Josefina en los temas medulares que aquejaban al país y su repercusión en las familias mexicanas. Casi al final de la contienda, Vázquez Mota endureció el discurso al mencionar que continuaría la lucha contra el crimen organizado. Lo cierto es que mis comentarios sobre el discurso de los precandidatos y los candidatos virtuales, intentaba ser un ejercicio objetivo. Según mi percepción muy particular, solo en el discurso de Vázquez Mota había un mensaje provocador. Que abría los canales de la esperanza. En algún momento, dije que veía en Vázquez Mota el perfil que los ciudadanos desean de quien aspira a gobernarlos. Ahora, cuando ella ya es candidata, sigo pensando lo mismo. La veo y la escucho adelantarse al futuro. Parece verse con la banda presidencial cruzándole el pecho. Y causa cierta sensación de ilusión para una vida mejor, el que sea la primera mujer que llega al máximo poder en este País. Lo cierto es que las campañas propiamente dichas, no han empezado. Y en este contexto, es mucho adelantar vísperas. Sobre todo porque Vázquez Mota es la candidata del partido de cuya plataforma surgió prácticamente todo el actual Gobierno Federal y que sin duda ha pegado fuerte su lucha contra el crimen. Un Gobierno al que de un tiempo acá, le han venido vaciando los armarios. Y este fenómeno, que no es nuevo, suele hacer crisis en los últimos días del sexenio.
Es importante comentar que Josefina Vázquez Mota no es la primera mujer candidata a la Presidencia de la República. Antes de ella, lo fueron cuatro mujeres de distinta ideología y diferente perfil.
La primera fue Doña Rosario Ibarra De Piedra, en 1988. Fue candidata por el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Después de las elecciones y luego de que “el sistema se cayó”, ella se sumó a la protesta contra Carlos Salinas - que por cierto es de los asesores principales de Enrique Peña Nieto y ya ha colocado a gran parte de su banda en el equipo de Peña-, de Cuauhtémoc Cárdenas, y Manuel J. Clouthier.
En 1994, dos mujeres fueron candidatas a la Presidencia: Cecilia Soto, por el naciente (se decía que el verdadero dueño de ese partido era Raúl Salinas De Gortari-otra vez los Salinas-) Partido del Trabajo, y Marcela Lombardo, por el Partido Popular Socialista. Marcela presumía ser hija del legendario líder Vicente Lombardo Toledano. Y en 2006, Patricia Mercado, fue candidata presidencial por el Partido Social Demócrata. Es importante comentar que ninguna de las mencionadas tuvo alguna posibilidad de ganar como las tiene ahora Josefina, quién en tan solo unos días logró subir de manera muy importante en las encuestas, para preocupación del equipo de Peña Nieto. Soy un convencido de que la elección del 1° de julio traerá sorpresas, inéditas a la vida política del país.
ESTADO DE INSEGURIDAD
Dos notas periodísticas me llamaron especialmente la atención. Incluso, diría yo que me inquietaron más de lo que hubiese deseado. Una se refiere al clima de inseguridad, de hostigamiento y abuso de poder, de que están siendo víctimas periodistas de Ciudad Juárez pero también de otros Estados del País. El caso más reciente de agresión a un periodista por policías municipales de Ciudad Juárez, ocurrió el pasado fin de semana. En esta ocasión, la víctima fue un reportero gráfico de El Diario de Juárez, uno de los más importantes periódicos de esa ciudad. La paradoja estriba en que ambos bandos, los municipales y los periodistas de Ciudad Juárez, le temen a un enemigo común: el crimen organizado. No es un secreto que los periodistas de varias ciudades donde los niveles de violencia son muy elevados, se auto-censuran ante el temor de ser asesinados si publican todo lo que ocurre en sus ciudades. De hecho, a algunos visitantes les causa asombro que al leer un diario de cualquier ciudad de Nuevo León, de Tamaulipas, de Chihuahua o de Coahuila, no aparezca lo que ellos vieron que sucedió el día anterior. Es la auto-censura. La paradoja es que, siendo víctimas del crimen organizado, tanto policías como periodistas, los primeros agreden a los segundos porque toman fotos de la escena de un crimen. O simplemente porque ya existe un clima de crispación en la relación entre ambos. La otra nota es todavía más atemorizante: Edgardo Buscaglia - Profesor del departamento de Derecho del ITAM y experto en seguridad y narcotráfico- es también Presidente del Instituto de Acción Ciudadana. Es un hombre talentoso y prestigiado. Pues bien: el pasado fin de semana reveló el resultado de una investigación que realizó junto con su equipo por toda la República Mexicana. Y a fe mía que su advertencia no podría ser más inquietante. Dice que el crimen organizado buscará ampliar su influencia en políticos, apoyando en efectivo y en especie “a aquellos candidatos que representen sus intereses”. Pero predice algo todavía más grave: que tratarán de eliminar a los candidatos que estén siendo apoyados por los grupos rivales. En este contexto, advierte, será previsible que este 2012 registre mayores niveles de violencia. Ante esto, no cabe más que preguntar: ¿más violencia que la que se está padeciendo? Particularmente, me parece gravísimo lo que pronostica Buscaglia, pues dibuja un escenario en donde será difícil creer en nadie. Mire usted: se tienen registros de que en algunas regiones muy localizadas, el crimen organizado tiene una notoria injerencia en los asuntos electorales, incluso, se sabe que mete las manos hasta en elecciones de gobernador. Sin embargo, no es el caso de la mayoría de las entidades y esto lo sabe mejor que nadie el propio Gobierno. Creo que lo más preocupante de lo que dice este activista social, es lo referente a la violencia en el ámbito político-electoral. Por último leímos a media semana lo que nunca antes creímos se publicaría: Que el Gobierno de Estados Unidos emitiera a sus ciudadanos una nueva alerta para viajar a algunos estados de México, entre ellos Aguascalientes, argumentando que existen altos niveles de violencia. ¡Ups! Ahora resulta que la característica principal de nuestro estado en el mundo será el de un estado peligroso por los niveles de violencia, los cuales, hay que aclarar, se agravan por la vecindad con Zacatecas y Jalisco, principalmente. Bien lo dijo el Gral. Guillermo Galván Galván, Secretario de la Defensa Nacional: “Es menester reconocer que es la seguridad interior la que hoy se encuentra seriamente amenazada”. Nunca antes, en la historia de México, un Secretario de la Defensa había hablado con tanta franqueza, públicamente, sobre el estado de inseguridad en que se encuentra el país. Así, de ese tamaño, están las cosas.

