El Banco de la Misericordia
Lo dicho: Empiezan a vaciarse los armarios del sexenio calderonista. Las cifras brotan, incontenibles, por y de todas partes: los 800 desaparecidos de Monterrey, que supera con mucho a los de la guerra sucia de los setenta. Los clasemedieros de Ciudad Juárez, que de haber sido comerciantes más o menos pudientes, han pasado a ser como quien dice “pepenadores” de desperdicios de frutas en la Central de Abastos de aquella ciudad. Cuando eran comerciantes, sufrieron los estragos de las extorsiones hasta quedarse sin nada. Pero no sólo comerciantes son las víctimas. El reportaje que se publicó en la prensa nacional, se refiere a viudas de ejecutados, hijos ídem, madres desamparadas, que acuden a un comedero de beneficencia para víctimas de la violencia. Por otra parte, no pasa día sin que algunos medios nacionales publiquen reportajes sobre la tragedia de mujeres desaparecidas y de agentes policíacos que luego se pasaron al crimen organizado. El drama salta por donde quiera. Es la realidad de un país al que no se le acaba el asombro. Se acerca el fin de sexenio y los muertos parecen multiplicarse con cada día que pasa. Hay estados, como Sinaloa, donde los números no podrían ser más trágicos. La inseguridad aumenta, los robos de autos se disparan y los muertos suman cada vez más. Hasta el propio Carlos Fuentes ha cuestionado la guerra anticrimen de Felipe Calderón, a la que califica de inadecuada. Cito textualmente: “Y a los parientes de los 50 mil muertos no les importan de qué lado estaban las víctimas, simplemente dicen 'me mataron a mi hijo, mataron a mi padre, mataron a mi suegra'. Están en una situación extraordinariamente grave”. Pues sí, verdad de verdades. Y lo cierto es que no se necesita que lo diga Carlos Fuentes para que sea verdad. El pueblo lo sabe, lo ha constatado. Usted seguramente ya se dio cuenta que de un tiempo a acá, los diarios más importantes del país, publican con frecuencia trabajos de investigación periodística que muestran cómo han desaparecido jóvenes que fueron detenidos o “levantados” por elementos de las fuerzas de Seguridad Pública. Son tantas las denuncias ya, que muy probablemente cuando se haga un recuento general, lo de la guerra sucia de los setenta palidecerá en cuanto a número de personas desaparecidas. A juzgar por lo que se está publicando. ¿Y sabe usted qué es lo más grave? Que lo que hasta ahora se ha denunciado, escrito y dicho en medios electrónicos -principalmente de la televisión por cable- posiblemente no sea ni la mitad de lo que contiene esta terrible realidad que se empieza a abrir frente a los ojos del país. Por mucho que el ciudadano esté convencido de que la lucha contra el crimen organizado no debe detenerse, los armarios del sexenio, que se vacían rápidamente, muestran una serie de esqueletos que horroriza a la sociedad.
Y es que, a diferencia de la guerra sucia de los setenta, la que hoy libra el Estado mexicano contra el crimen organizado, ha dejado -y sigue dejando- saldos terribles en varios rubros de la vida cotidiana de este país. Estamos hablando de esos ex comerciantes a quienes las extorsiones de bandas criminales en Ciudad Juárez -ciudad emblemática, sí, pero no la única con este problema- los obligaron a cerrar sus negocios. En Ciudad Juárez hay una institución llamada Banco de la Misericordia. Según la información de la Agencia Reforma, ahí recopilan alimentos que dan en donación algunos centros de mercaderías.
Entre éstos, se cuentan las frutas y verduras, pero no precisamente frescas, sino aquellas que en la jerga de los comerciantes del ramo, se denominan “merma”. Tomate “pasado”, aguacates, hortalizas, manzanas, todo eso que cuando vamos a la frutería nos negamos a comprar porque pensamos que ya no está en buen estado. Dice la crónica que ahí también se refugian viudas de personas ejecutadas, madres que al morir sus hijos, quedaron en situación vulnerable. Es decir, que el Banco de la Misericordia es un producto natural de la violencia que por años ha padecido Ciudad Juárez. Déjeme decirlo: no es que en estos cinco años y meses que lleva el Gobierno de Calderón, los medios no hayan hecho su labor. Sí lo han hecho, por cierto. Pero no hay duda de que a medida de que se acerca el final del sexenio las denuncias de desapariciones han aumentado significativamente. Y al mismo tiempo se disparan los niveles de inseguridad en estados ya de por sí violentos y los muertos alcanzan a ciudades que históricamente no parecían estar en la ruta de la violencia. Ahora mismo lo estamos viendo en entidades y ciudades del centro del país. Tan visible y estridente es lo que está ocurriendo en el México de estos días, que desde el exterior nos están llegando las condenas. Y bien se sabe que no se puede tapar el sol con un dedo. Y menos cuando el sexenio agoniza.
LA LETRA CON SANGRE ENTRA
Desde el mediodía del martes una noticia fue dominando los espacios informativos en la televisión abierta y por cable. Lo que no habían logrado otros acontecimientos mucho más graves -por su saldo trágico traducido en pérdida de vidas- lo estaba consiguiendo un asunto donde no hubo sangre derramada ni decapitados amontonados sobre un bulevar. Tan grande fue el impacto que esta noticia produjo en el sentimiento de mujeres y hombres de todo el país, que en algún momento, horas después de la primera impresión, me puse a cavilar en lo que algunos definieron como un hecho milagroso: La gente de este país todavía era capaz de indignarse ante un hecho criminal. Usted con toda seguridad lo vio en la tele. Igual que millones de personas. Un niño de escasos 7 años, llamado Jahir, fue encerrado en su aula por su propia maestra como castigo por no haber hecho la tarea. Lo peor de todo es que el castigo pretendió ser por toda la noche, pues Jahir es alumno del turno vespertino de la Primaria “5 de Octubre”, de Monterrey, Nuevo León. La maestra se llama Zulema Magaly Garza. La foto muestra un rostro de facciones finas y unos hermosos ojos negros. Es joven. La mentora se molestó porque el niño no hizo su tarea. Entonces decidió dejarlo encerrado por toda la noche en el salón. Dejó que la fila de niños, a las 6:00 de la tarde, abandonara el aula. Enseguida, le ordenó a Jahir que permaneciera encerrado. Luego, en un contradictorio acto de humanidad, le dejó su abrigo para que se cubriera por la noche. Usted conoce la historia. La mamá en principio no se preocupó dizque porque pensó que se había retrasado jugando con sus amigos. Sólo hasta después de las 8:00 de la noche, empezó a buscarlo. Acudió a la policía y, bueno, casi a las 2:00 de la madrugada lograron rescatarlo. Ahora bien: ¿qué preguntas le dejan a usted estos acontecimientos? Particularmente, a mí me queda claro que la mamá dista mucho de ser una amorosa progenitora que está al pendiente de sus vástagos. De otra manera, no me explico cómo una madre no está atenta a su pequeño hijo de 7 años, que sale de sus clases a las seis y a las ocho aún no ha llegado. Sin embargo, es el caso de la maestra Zulema lo que debe de analizarse. Y deben hacerlo los especialistas en el tema. Un psicólogo. Un sociólogo. El caso de Jahir es muy grave, pero afortunadamente las cosas no pasaron a mayores. Sin embargo, debe ser un punto de referencia para que las autoridades educativas se pongan a trabajar en un renglón que, por desgracia, ha sido históricamente desatendido, más por intereses sindicalistas que por otra cosa: la nula revisión psicológica de aspirantes a maestros. A nadie se puede escapar que Zulema Magaly Garza no está preparada para trabajar con niños. Nadie, en su sano juicio, haría lo que ella hizo. De hecho, no hay registros de maestros que hayan recurrido a este tipo de castigo para niños que no cumplen con sus deberes escolares. Los castigos más severos que se han documentado, han sido poner al niño de cara a la pared con un ladrillo en cada mano y en lo alto. O bien, colocarlo bajo los rayos del sol por varias horas. Y así, por ese tenor. Lo que hizo la maestra Zulema de Monterrey, evidencia a una persona desequilibrada. Y como tal, debe tratársele. Ahora ya salieron por ahí Colegios de Abogados buscando su linchamiento penal. Ya se habla de una condena de entre 25 y 60 años de prisión. Yo pienso que al paso de los días emergerá la voz mesurada y sensata que le dé a este caso su verdadera dimensión. Obviamente, esta maestra jamás debe volver a un aula. Y que debe ser tratada como lo que evidentemente es: una persona enferma.
DEBATE FALLIDO
Resulta que el debate -que no fue debate- entre Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel y Ernesto Cordero, resultó más aburrido que el anterior. No hubo confrontación de ideas sino la misma cantaleta que cada uno de ellos ha mantenido en sus apariciones públicas. De una parte, Vázquez Mota insistiendo en el voto libre que no es sino el reflejo de que teme un apabullamiento oficial, dicho de otro modo, advierte el fraude electoral. Por otra, está un grosero Ernesto Cordero, sin ideas ni mensajes que proyecten una visión de Estado a la altura del gran reto que presenta el país. “Patán” le llamó Vázquez Mota, mientras que Santiago Creel, a quien los otros no toman en cuenta, terminó poniéndose a disposición tanto de Cordero como de Josefina. Y no sé usted, pero yo percibí que Creel se dirigió más a Cordero que a Vázquez Mota. ¿Acaso sabrá algo y quiso asegurarse una posición en caso de que el delfín de Calderón gane la Presidencia? En política nada es imposible, ya sabe usted.
Y ya que estoy en el tema, a media semana se dio a conocer un escándalo. Resulta que la comunicadora Denise Maerker, pasó al aire un video en el que una lideresa de mujeres en apoyo a Ernesto Cordero, ofrecía a panistas de Puebla, pagar sus votos a favor del ex secretario de Hacienda, mediante una cierta cantidad, más un bono por cada veinte personas. Lo que se dijo en esa reunión motivó que la comunicadora se sintiese “horrorizada”, no tanto por la acción corruptiva que se desprendía del audio, cuanto porque se trata de un partido que se distinguía por sus luchas por la democracia. Ahora Vázquez Mota ha centrado su discurso en un presumible fraude electoral al interior de su partido. Contra ella el Gobierno ha puesto en marcha los instrumentos del poder y eso seguramente lo tiene muy bien detectado.
Usted estará de acuerdo en que la señora se mantiene muy arriba en las encuestas y que no hay manera de que Cordero o Creel pudieran alcanzarla. Empero, se dice que no todos los que simpatizan por ella van a votar para elegir candidato, y que es en este punto donde podrían darle palo a Vázquez Mota. La pregunta es inevitable: ¿qué pasaría si desde Los Pinos se dé la orden de que hagan ganar a Cordero a como dé lugar? He ahí la cuestión.

