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CÓDIGO: PROGRAMA DOBLE

. Publicado en Corte y queda

1ª Función
“J. EDGAR”
“Lo más importante en este momento es clarificar la diferencia entre héroe y villano”. Esta línea es emitida por Leonardo DiCaprio en su papel de John Edgar Hoover, justo en el momento donde la consolidación de su Buró Federal de Investigación era inminente. Y dicho planteamiento bien podría definir el elemento tésico de la cinta, pues como se ha expuesto tanto en los hechos históricos como en esta producción dirigida por el imparable Clint Eastwood, Hoover era ambos, tanto para la sociedad norteamericana a la que el aparentemente pretendía servir con furor inusitado como hacia los maleantes que antagonizaba, ya que sólo un individuo de ego inusitado, alimentado por ínfulas monárquicas pero que, en la mejor tradición de los Césares imperiales, corría a ocultarse en las faldas de su madre ante situaciones adversas (y si algo no faltaba en el cotidiano de los Hoovers era adversidad) podría armar, sostener y defender una policía oligárquica como el FBI.

Una historia digna de ser contada en cine y que Eastwood afronta con relativo aplomo pero no el suficiente, pues la cronología que abarca en tan sólo dos horas de filme es demasiado ambiciosa para su propio bien, alternando la exposición de eventos y situaciones clave en la existencia de Edgar desde su juventud en los años 20 hasta su ocaso en los años 70 y de la sociedad norteamericana (los atentados comunistas, la guerra contra los gángsters, Martin Luther King, etc.) como los evidentes huecos en el argumento que son colaterales a tan amplio espectro narrativo, además de esquivar con sutileza los aspectos más notorios de su vida privada, específicamente su edípica relación con su progenitora (excelentemente interpretada por JudiDench) y la relación homosexual con ClydeTolson (ArmieHammer), su segundo al mando, amén de las discretas sugerencias que hace el filme por su predilección de usar falda y tacones en la solacio de su hogar y orquestar varios de los atentados contra sus enemigos políticos (King, Kennedy). La corrección casi artesanal con que Eastwood dirige la cinta es encomiable, pues refleja una apretada (que no rígida) estructura contada a varios tiempos (flashbacks, puntos intermedios y el presente) con una ambientación magnífica y una fotografía impecable, además de interpretaciones dignas de todo el reparto. Mas el resultado se antoja tibio y casi complaciente, como si su director temiera molestar a alguien con una exploración más cabal y a fondo de tan mítico personaje, un sujeto rico y complejo que encapsulaba todos los componentes del imperialismo cultural y nacionalista de unos Estados Unidos boyantes y avasalladores pero con pies de barro y motivos ominosos. Tal rastreo pudiera darse sin recurrir a efectismos sensacionalistas o gratuitos, y de hecho Eastwood los aborda con mesura en un par de pudorosas escenas que así lo manifiesta, pero sin desarrollar la implicaciones psicológicas y emocionales a fondo (y no, unos cuantos momentos de visceralidad a base de gritos y vasos colisionados en la pared no basta). “J. Edgar” es una película algo distante y fría que funciona como muestra de un período clave en el desarrollo de las instituciones gringas pero sin mayor trascendencia. Quién sabe, tal vez Eastwood tuvo una visita  de cortesía del FBI previa a la filmación…

2ª Función
“LA DAMA DE NEGRO” (“THE WOMAN IN BLACK”)
Revisar esta producción fue, para un servidor, una experiencia agridulce, pues los primeros minutos del metraje me obsequiaron de un gran regocijo al ver de nuevo en pantalla grande el nombre de la Hammer Films detrás de un proyecto de género (y si no recuerda o sabe sobre la Hammer Films, hay que trabajar en eso de ser cinéfilo. Baste saber que fueron los estudios ingleses que dominaron la producción de cintas de horror durante lo años 60 y 70 a través de sus góticas y atmosféricas reinvenciones de mitos clásicos como Drácula, el monstruo de Frankenstein o el hombre lobo, presentados con dosis más elevada de violencia y erotismo y lanzando a la fama a actores ya básicos en el entendimiento del terror cinematográfico como Christopher Lee o Peter Cushing). Mas el entusiasmo comenzó a minarse conforme se desarrollaba la cinta culminando en genuina exasperación ante su director James Watkins (“Silencio en el Lago”) y su empeño por desperdiciar tan interesante oportunidad de rescatar el ya abandonado relato espectral victoriano al sucumbir a los patéticos golpes musicales / visuales de impacto momentáneo pero nula gratificación, sacrificando una cuidadosa y atractiva puesta en escena rebosante de atmósfera y plástica sombría por sustos baratos que harían enorgullecer a James Wan (“La Noche del Demonio”, “El Títere”).
Su protagonista, Daniel Radcliffe, trata de desvestir su imagen pública de hechicero imberbe al sustituir la roída sotana de Hogwarts por los sofocantes chalecos y corbatines victorianos en esta adaptación al texto de Susan Hill (que, a su vez, erogó tanto en una exitosa serie de representaciones teatrales en todo el mundo, México incluído, como en una versión para la televisión británica filmada en 1989 por Herbert Wise) sobre un abogado viudo y con un pequeño hijo que viaja a un pequeño poblado para arreglar la legalidad de una desolada mansión ubicada en etéreo islote previamente habitada por una mujer y su hijo, pero ahora fallecidos en circunstancias trágicas. En la mejor tradición del relato gótico, los lugareños tratan de evitar que este fuereño se involucre en sus asuntos locales, mas Radcliffe logrará una conexión con el espectro de la madre muerta, quien desea hacerse de todos los niños de la comunidad. Con esta premisa, su eficiente ambientación y manejo del suspenso, así como un sorpresivo trabajo histriónico del ex Potter, la cinta pudo consagrarse como una de las cintas de terror más significativas de este año y afianzar un retorno glorioso de la Hammer a las andanzas fílmicas…pero esa obsesión de la sensibilidad moderna con conmocionar al espectador con melodía e imágenes repentinas a ultranza abarata la construcción fantasmagórica, por no mencionar su última media hora más adecuada para una cinta sobrenatural japonesa que los meticulosos eventos previos en la película. Con esta tibia experiencia, esperemos que la Hammer retome la senda de lo vampiros y las criaturas como solían hacerlo, con mucha sangre y diálogo grandilocuentes.
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