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LA INDUSTRIALIZACIÓN DE AGUASCALIENTES

. Publicado en Para que recuerde... o se entere

La primera oleada de industrialización de Aguascalientes, iniciada en el último cuarto del siglo XIX y encabezada por el taller ferroviario del Ferrocarril Central Mexicano, la Gran Fundición Central Mexicana y el molino de harina del escocés John Douglas, propició que la capital del estado se volviera una ciudad moderna, al tiempo que incrementaba sus niveles de civilización con floridos actos cívicos y sonadas representaciones artísticas que tuvieron como escenario el Teatro Morelos; orgullo de los dirigentes porfiristas locales.
Estos adelantos hicieron posible la introducción de los tranvías eléctricos, la iluminación urbana con energía eléctrica, la comunicación telefónica, etc. Entonces la ciudad comenzó a crecer de manera planificada, por ejemplo, con la llamada Colonia Americana, o Colonia de los Gringos; la misma que conocemos hoy en día con el nombre de Colonia Ferronales, que inició también un discreto proceso de segregación social. En la fachada de más de algún hotel; el Washington, por ejemplo, se pintó la leyenda English spoken, y el aire se llenó con los humos y los ruidos del progreso. Entonces Aguascalientes comenzó a andar con otro ritmo…


Desde luego esta industria; el conjunto de la industria que se estableció en aquella época, benefició a la ciudad de diversas formas, la creación de empleo puede citarse, pero también en otros ámbitos de la vida social, como el desarrollo urbano.
Indudablemente el establecimiento del taller, en el oriente de la ciudad, estimuló el crecimiento de la urbe hacia esa zona, con agrupaciones humanas como la Colonia del Trabajo y, posteriormente, la Colonia Gremial Ferrocarrilera. Con la Fundición Central Mexicana ocurrió lo mismo: basta ver el trazo de la amplia Avenida Fundición, con su arboleda de eucaliptos, para sanear el ambiente, que debió culminar en la entrada del establecimiento. Contra lo ocurrido con el taller del ferrocarril, cuyos vestigios son evidentes, con la fundición prácticamente desapareció todo. Quedan como evidencia de esa industria la base de la chimenea del horno, para mi gusto una espléndida muestra de arquitectura industrial que devino en monumento, y un par de edificios, hoy convertidos en negocios de materiales para la construcción. Por cierto, que hace unos 10 años se derrumbó otra edificación, para ampliar la avenida, justo en el crucero del camino de San Ignacio. Recuerdo haber escuchado que, como se trataba de un bien patrimonial, el edificio sería reedificado en otra parte…
En esa zona, además, hubo un hipódromo, y un campo lo suficientemente llano como para fungir como pista de aterrizaje de los primeros aviones que enmarcaron su vuelo en estos aires.
En fin. Vino luego la revolución de 1910, y con ella el caos, la violencia y la paralización de muchas actividades. Como lucha armada su presencia en Aguascalientes fue más bien mínima, pero sus efectos fueron devastadores; prueba de ello fue el llamado Año del hambre, 1916, en el que murió mucha gente por falta de alimentos, para no hablar de las grandes transformaciones sociales que la revolución operó, como por ejemplo, el surgimiento de la clase obrera como grupo social digno de consideración.
Independientemente de las turbulencias de la época, la industria continuó trabajando, hasta que en 1925 y 1926 la American Smelting & Refining Company (ASARCO), propietaria de la Gran Fundición Central Mexicana, decidió trasladar su planta a San Luis Potosí, con el consiguiente descalabro en cuanto a desempleo.
A decir del redactor de la serie de divulgación histórica publicada en El Sol del Centro en la década de los cuarenta del siglo pasado, ¿Qué sabe usted de Aguascalientes?, presumiblemente el Prof. Alejandro Topete del Valle, la fundición cerró debido a “que el Gobierno del señor José María Elizalde se negó a renovar las concesiones de que disfrutaba tal empresa, tratando de imponerle gravámenes de cierta consideración. Por otra parte, se afirma que ya no le resultaba costeable a dicha Empresa seguir actuando en Aguascalientes.
Casi al mismo tiempo de estos hechos, en 1928, surgió una fábrica de jabón, La Jabonera del Centro, que estaba en la calle que hoy se llama 28 de agosto, justo frente al Jardín de la estación del ferrocarril. De hecho, si usted observa alguna de esas viejas fotografías de la instalación ferroviaria, con todo y tren a punto de salir; una de esas gráficas tomadas de oriente a poniente, verá el edificio que sobresale de los árboles del jardín de la terminal.
La construcción fue derribada en una época en que este asunto del patrimonio arquitectónico e industrial le importaba a José Luis García Ruvalcaba, a Marco Alejandro Sifuentes y a dos o tres personas más. Si la memoria no me engaña, las instalaciones fueron destruidas a la mala; en un clásico sabadazo, y quizá como maldición por semejante atentado al patrimonio industrial de la ciudad, el centro comercial que se edificó en su lugar nunca ha levantado.
La Jabonera del Centro fue durante un par de décadas la tercera fuente de empleo de la ciudad, después del ferrocarril y de Productos de Maíz “La Perla”. Sin embargo, estas dos últimas cerraron sus puertas más o menos en el mismo momento, a fines de la década de los cuarenta. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ).