recuerde_top.jpg
Imprimir

EL SIGLO DE LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

. Publicado en Para que recuerde... o se entere

Carlos Reyes Sahagún

La decisión de la empresa automotriz NISSAN de construir en Aguascalientes una segunda planta, de proporciones análogas o superiores a la edificada a principios de la década de los ochenta del siglo pasado, traerá consigo consecuencias de largo plazo para la vida del estado, y en particular para la zona en la que se establezca.
Quizá en estos precisos momentos en que usted posa sus ojos en estas líneas, en oficinas públicas de los tres niveles de gobierno; en las salas de juntas de las principales empresas de la localidad; en los departamentos académicos de las universidades; en los mentideros de ilustrada prosopopeya, expertos reales y ficticios en todas las áreas de conocimiento y experiencia habidas y por haber, evalúan la magnitud del impacto de esta decisión, en aspectos tan importantes como el crecimiento de la población y el consecuente desarrollo urbano, la calidad de vida, el encuentro de culturas, el cuidado del medio ambiente, etc.
Unos llegarán a la conclusión de que fue una resolución adecuada, en tanto otros afirmarán lo contrario, y a final de cuentas ambos tendrán una parte de razón.


Indudablemente este hecho obligará a replantear políticas públicas sobre aspectos tan básicos como la prestación de servicios públicos, particularmente los que corresponden al ayuntamiento; la infraestructura urbana, la vivienda, la educación, el comercio, el transporte, el agua, el mercado de trabajo, etc.
Por ejemplo en esta última dimensión, quizá ocurra que empresas locales que participan en el mercado mundial; que operan con tecnologías de punta, deban disputar en desigualdad de condiciones su mano de obra calificada, que migrará a la nueva planta atraída por mejores salarios, esto por no mencionar a quienes seguramente vendrán de otras entidades.
Por otra parte, y en materia de educación, este aumento de actividad en el área industrial incrementará la importancia de las carreras técnicas y de los niveles de capacitación, a fin de hacer frente a la demanda de técnicos.
En este sentido, fíjese en la coincidencia de este anuncio y el del año anterior, de la construcción del campus sur de la UAA.
Desde luego los que no tienen nada mejor qué hacer tomarán en sus mentes la idea de progreso que guía las acciones de quienes deciden, y la desmenuzarán para explicárnosla, en el contexto del desarrollo económico global, aparte de dejar en claro las diferencias conceptuales entre progreso, crecimiento y desarrollo.
Evidentemente resulta prematura la afirmación que da título a estas notas, porque apenas llevamos 11 años y fracción de este lapso, pero, si el siglo XX fue en Aguascalientes de los ferrocarriles, la centuria en que la vida de la ciudad fue determinada en todos niveles por la presencia de este importante establecimiento fabril, posiblemente el siglo XXI lo sea de la industria automotriz, ¿por qué no? Todo apunta hacia allá.
Por otra parte, quien pretenda establecer un paralelismo entre una y otra industria, se encontrará más bien con una larga serie de contrastes. A final de cuentas quizá lo único que tengan en común es que una inició más o menos al mismo tiempo en que la otra terminaba, y no más...
En fin, que este asunto dará mucho que hablar; mucho que estudiar, y quizá de entrada valdría la pena intentar una reflexión con perspectiva de largo plazo, e indagar en otros esfuerzos de industrialización, al que desde luego se suma este. Después de todo, la industria, entendida mínimamente como un conjunto de establecimientos fabriles que utilizan máquinas, tiene en Aguascalientes unos 130 años, aproximadamente.
Sin embargo no vaya usted a creer que todo lo que se ha hecho en materia de fomento industrial; de atracción de empresas, ha sido exitoso. En estos 130 años ha habido momentos luminosos, y otros más bien negros, en los que el sentimiento de fracaso ha permeado en la sociedad; momentos en los que, en lugar de atraer nuevas industrias, se han perdido algunas.
La gran industria llegó a Aguascalientes durante el porfiriato, a fines del siglo XIX, y lo hizo, faltaba más, sobre rieles. Comenzó con el tendido de la línea del Ferrocarril Central Mexicano, que unió a la capital del país con Paso del Norte, y que llegó a Aguascalientes en septiembre de 1883, aunque la línea fue recorrida en su totalidad por primera vez hasta el año siguiente.
Luego, en la última década del siglo antepasado, se edificaron en el poniente de esta capital, a un lado del Río San Pedro, las instalaciones de la Gran Fundición Central Mexicana, establecimiento filial de la American Smelting and Refining Company (ASARCO), para beneficiar minerales industriales, incluidos los de la zona de Asientos y Tepezalá.
En ese lapso, en 1897 concretamente, la empresa del Ferrocarril Central Mexicano tomaría una decisión que determinó el desarrollo de Aguascalientes durante el siglo XX: levantar en esta ciudad su Taller de Construcción y Reparación de Material Rodante.
A estas grandes industrias habría que sumar otra, contemporánea de las anteriores: el molino de harina del escocés John Douglas, que se estableció al margen de la vía del ferrocarril. Finalmente habría que decir que al margen del taller rielero, surgieron otras empresas que de una u otra forma gravitaron alrededor del establecimiento ferroviario, la fundidora del estadounidense Mr. Lawrence, por ejemplo. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. <mailto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. >).