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Luis Ortega Douglas3

. Publicado en Para que recuerde... o se entere

La semana anterior recordé, en seguimiento de las memorias del C.P. don Humberto Martínez de León, Las huellas de mi vida, y en referencia al periodo en que fue Tesorero General del Estado, siendo Ejecutivo estatal el ingeniero civil Luis Ortega Douglas; digo que recordé que durante esta administración (1956-62) se instrumentó un programa de modernización administrativa, que implicó, entre otras cosas, la actualización de las cuentas catastrales de todos los propietarios del estado, ya fueran urbanos o rurales, y que esta actualización resultaba imprescindible para una adecuada recaudación del impuesto predial, una de las pocas fuentes de ingresos propias del Gobierno del Estado.
Esta decisión provocó una serie de reacciones adversas, en las que jugó un papel relevante el diputado Roberto Díaz Rodríguez, dirigente de la Federación de Trabajadores de Aguascalientes, quien anunció la instrumentación de medidas de presión en contra de esta política pública, si el gobernador no modificaba su actitud. Martínez de León recuerda que le explicó al líder que “los que mejor pagaban, y por tanto, no serían afectados eran los trabajadores y la gran clase media que formaba más de 80% del padrón de contribuyentes, pero que eran los acaudalados propietarios de bienes raíces los que no pagaban y a los que se pretendía hacer contribuir a los gastos comunes ...     Le comenté que de acuerdo con las órdenes del gobernador no se estaban afectando propiedades que no rebasaran los $10,000.00 y que el incremento en el impuesto predial, se estaba produciendo en fincas que estaban indebidamente fuera de control. Hice hincapié en que el trabajo que realizábamos se estaba llevando a cabo en las zonas con inmuebles de mayor precio, por ser fundamentalmente de tipo comercial su uso”.


Como era de esperarse, el gobernador fue informado de estos asuntos, y decidió seguir adelante y soportar las presiones. “Si se detenía lo que estábamos iniciando en cuanto a reestructura de los sistemas de recaudación”, cuenta Martínez de León, “se le haría un enorme daño al estado ... Debían acabarse todas la prebendas, no más descuentos, no más condonaciones de impuestos o recargos, deberíamos educar al contribuyente en el cumplimiento de sus obligaciones …”
Uno de los temas a debatir en torno a la personalidad del gobernador Ortega Douglas y a su periodo administrativo, tiene que ver con la corrupción. La primera ocasión en que me referí a Ortega Douglas, en julio del año pasado, escribí lo siguiente: “muchas de las cosas positivas impulsadas por este personaje, se ven opacadas por las acusaciones de “enriquecimiento sumamente inexplicable”. No le escuché a él decirlo, pero sí que se le atribuyera aquella máxima de la corrupción, con toda seguridad falsa; habladurías de gente que no tiene nada mejor que hacer, de que “si no hay obra no sobra”, en referencia al hecho de que es en los presupuestos para la obra pública en donde se pueden encontrar recursos susceptibles de ser sometidos a un acto de magia”.
Sobre este tema, el C.P. Martínez de León escribió lo siguiente: “En el tiempo que permanecí como encargado del manejo de los fondos públicos, nunca el gobernador me solicitó que de alguna manera, por alteración de algún documento, o por alguna cuestión simulada, sacara indebidamente en su provecho o en el de alguien más, recursos de los fondos públicos. Afirmo, porque lo viví, que el gobierno del Ing. Luis Ortega Douglas fue un gobierno donde prevaleció la honestidad en el manejo de los recursos públicos.”
Pese a diversas oposiciones, la administración de Ortega Douglas llegó a su fin de manera, digamos, natural, por más que sobre la marcha más de alguno buscó su dimisión, voluntaria o forzada, antes de los seis años que marca la Constitución.
Ortega Douglas terminó su gestión en noviembre de 1962, y entregó el Ejecutivo estatal al Prof. Enrique Olivares Santana, que pudo llevar a feliz término algunos de los proyectos más caros de su predecesor, como las avenidas Circunvalación y Oriente Poniente, luego bautizada como Adolfo López Mateos.
A propósito de esto último, y de estas notas, que aquí llegan a su fin, un buen amigo (¿los habrá malos?) me comentó recientemente que si Olivares pudo llevar a cabo estas obras con un alto nivel de tersura, fue gracias a que ya antes Ortega había hecho el trabajo rudo, la lucha contra la resistencia; natural resistencia, que decisiones de esta magnitud suelen acarrear. Aquí sería interesante estudiar el periodo y probar, o reprobar, según el caso, si hubo una falta de oficio político, o de honradez, o si más bien se llevó a cabo una política, como se decía en el pasado, dolorosa pero necesaria, que algunos no aceptaron y reaccionaron de diversas formas.
En fin. Concluyo señalando que en diciembre de 1956, cuando Martínez de León se hizo cargo de la Tesorería General del Estado, tenía… 24 años -Ortega Douglas tenía 45-. Ya entonces era un profesional de la contaduría pública, pero no contaba con el grado académico. Con toda seguridad esta circunstancia fue motivo de permanente inquietud, debido a las limitaciones para el desarrollo personal que traía consigo, hasta que la urgencia de cubrir este faltante pudo más, de tal manera que terminó por dejar la Tesorería General del Estado, cosa que hizo el 24 de junio de 1959, poco más de tres años antes de que concluyera la gestión de Ortega Douglas, a fin de matricularse en la Universidad de Guadalajara para alcanzar su objetivo.
Por cierto que quien quedó en su lugar y concluyó el periodo, fue el Sr. Florencio López Olmos, que era el subtesorero, y que fungió como encargado del despacho. Como tal, la Tesorería General del Estado quedó acéfala. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. <mailto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. >).