JOSÉ LUIS MACÍAS ALONSO

(Mis más sentidas condolencias para Don Asunción Gutiérrez Padilla y su familia por el fallecimiento de su madre, la señora Juanita Padilla de la Torre, que la paz y la resignación lleguen pronto al seno de su hogar.)

Recientemente, el INE dio a conocer un trabajo académico hecho en conjunto con el Colegio de México sobre la calidad de la ciudadanía en México; el documento, resulta ser por demás interesante, merecedor del conocimiento de todos los mexicanos y considerando éstas fechas patrias, tema idóneo para la columneja de esta semana, que hará la casi imposible tarea de resumir en éstas pocas palabras sus innumerables aspectos valiosos.

Con honestidad, el trabajo inicia advirtiendo la complejidad del ambicioso objetivo de poder medir la calidad de la ciudadanía en México por la diversidad de interpretaciones que se le puede dar al propio concepto, por los pocos estudios que se han practicado al respecto y por su propia condición multifactorial.

Para no detenernos más, respecto a la conceptualización del término ciudadanía, solo vale la pena señalar que ésta no se reduce al clásico y simplista concepto jurídico de derechos y obligaciones, sino que se amplía y se comprende bajo la interpretación del PNUD, que incluye como ciudadanía a las prácticas, sentimientos y valores que experimentan los individuos y que se traducen en prácticas sociales determinadas.

Partiendo del reciente cambio en el sistema político mexicano que pasó, bajo la clasificación sartoriana, de un sistema de partido hegemónico a uno de pluralismo moderado, es innegable reconocer el proceso democratizador que nuestra nación ha iniciado; su conjunto de instituciones y normas han cimentado el camino hacia donde todos queremos llegar, sin embargo, nuestra lacerante desigualdad, la residualidad de prácticas autoritarias y clientelares y el riesgo latente de la inseguridad, constituyen cadenas que impiden avanzar. Bajo este contexto, el análisis hecho también comprende atinadamente a la ciudadanía, como un proceso de reclamos, una lucha por “el derecho a tener derechos”.

Así, el trabajo metodológicamente estudió a la ciudadanía en México bajo seis enfoques:

En el primero que es “estado de derecho y acceso a la justicia”, se informa que 6 de cada 10 mexicanos consideran que la ley se respeta poco o nada; el 61% de víctimas de delitos no denunciaron y la mitad de los que denunciaron manifestaron que no sirvió de nada. Según el análisis, nuestro pasado autoritario que marginó la ley en el actuar cotidiano, puede motivar esta lamentable desilusión y realidad.

El segundo es “vida política” y aquí, el trabajo sostiene que aunque el abstencionismo va a la alza, nuestros niveles de votación son similares de los que gozan democracias consolidadas, el grupo de edad que menos vota son los jóvenes, y el género que más lo hace son las mujeres. Rompiendo con un comportamiento esperado, aunque muchos mexicanos manifiesten que sus decisiones no tienen influencia alguna en el gobierno y sus políticos no se preocupan por sus necesidades, la mayoría vota, lo que permite suponer alentadoramente, que el mexicano acude a las urnas por ser su obligación, y lamentablemente, no por esperar alguna mejora en su condición.

“Sociedad civil” es el tercero, es decir, la participación política no electoral. Contrario a la lógica que dictaría que el que asiste a marchas encuentra a éstas como el único camino para lograr ser escuchado y desecha los caminos institucionales; según el estudio, en México los que votan, son los mismos que los que se manifiestan en las calles, además, el trabajo deja en evidencia que la política partidaria se encuentra notablemente vinculada a los movimientos de protesta, en otras palabras son los institutos políticos y no propiamente los ciudadanos los que mayoritariamente utilizan esta forma de participación.

En el cuarto rubro que habla sobre “vida comunitaria”, es decir si el mexicano participa en organizaciones de cualquier tipo (religiosas, políticas, culturales, profesionales, de beneficiencia, etc.), se concluye que más de la mitad de los mexicanos no participa en ninguna, que los hombres participan más que las mujeres, que los actos de solidaridad se ven sólo en los rangos económicos medio-altos y que la gente con mayor escolaridad es la menos “hermitaña”.

Referente a los “valores”, como quinto eje, apenas poco más de la mitad considera que la democracia es el mejor sistema político pero su comprensión se reduce a un mero mecanismo electoral que sólo está al alcance de las elites. En otro tema igual de inquietante dentro de este rubro, en general el país mantiene niveles bajos de confianza tanto en las personas con las que interactúa como en las instituciones que tenemos; lo alentador, los jóvenes creen más en las instituciones que los adultos.

Finalmente, el último eje de estudio relativo al “acceso a bienes demandados por los ciudadanos”, nos revela otra preocupante situación, en nuestro país, en términos generales, ni el mexicano quiere participar en la formulación de políticas públicas, ni el gobierno ha sabido construir con eficacia mecanismos de vinculación con la ciudadanía.

El charco es profundo y el nubarrón oscuro, si no nos preocupamos TODOS por elevar nuestra ciudadanía, instituciones nacerán y morirán, políticos vendrán y se irán, pero de muy poco servirá, por cierto: ¡VIVA MÉXICO!

@licpepemacias