El término de un año escolar debe hacernos reflexionar sobre lo que dejamos de hacer, el tiempo perdido, las materias reprobadas, todas las fallas acumuladas y hacernos el propósito de no volverlas a cometer, de aprovechar más el próximo ciclo para no defraudarnos a nosotros mismos y a los papás, porque muchos de ellos mandan a sus hijos a estudiar, con esfuerzo y sacrificio.
También hay que celebrar lo bueno, y dar gracias a Dios por los logros alcanzados, particularmente cuando se ha concluido una etapa y significa graduación, señaló el P. Carlos Alberto Alvarado Quezada.
“Que lo aprendido en conocimientos y ejercitado en prácticas no sólo llegue a la mente, sino también al corazón, a fin de que se manifieste en obras correspondientes de servicio social, especialmente a los más necesitados, pero que llegue no sólo como dádiva, sino que les ayude a ser sujetos de desarrollo integral”.
Comentó que también es necesario reconocer con humildad y valentía los descuidos, las flojeras, los abusos personales o grupales, a veces arraigados en un estilo de enseñanza-aprendizaje que se queda a medio camino para la transformación personal y social.
“Que no termine el anhelo de enseñar y aprender, de acompañar y ser acompañados en el crecimiento y donación de la propia vida, en un estilo de formación permanente”, recomendó.
Añadió que con el gozo de haber alcanzado determinadas metas, fijemos nuevos retos para la búsqueda del bien común, con paciencia y perseverancia.
Finalmente, en cuanto a las vacaciones dijo que hay que disfrutarlas de manera sana, en familia, con los amigos, sin llegar a los excesos; hay que evitar riesgos en actividades intrépidas, recordar que el volante y el alcohol no se llevan, y en general, descansar y divertirse sin consecuencias que después puedan lamentar.