Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Me dicen que antier iniciaron los actos con motivo del décimo aniversario del Centro de Estudios Literarios de Aguascalientes “Fraguas”. Me dicen que se recordaron algunos pasajes de su creación, que se invitó a alguna de las personas que participaron en las primeras tareas, que se atribuyeron a otras medallas que no se ganaron y que, finalmente, es lo importante, se recordó con admiración y cariño a Víctor Sandoval, causa material del CIELA. La memoria suele jugarnos malas pasadas, y si en lo individual los recuerdos que se agolpan suelen sobreponerse conforme pasan los años, formando una imagen que creemos cierta tan solo porque “así” la recordamos, es decir, porque nuestra mente nos presenta ese “collage” como si solo lo extrajera del archivero correspondiente, cuando que la imagen primitiva se adereza por otras concomitantes y se afina o se destiñe por la acción de emociones y hasta pasiones que terminan por moldear “el” recuerdo, en lo colectivo la memoria suele ser mas falaz.

Me llamó Claudia Santana para decirme que ella participaría en el evento y horas antes del inicio, me llamó Mariana Terán para invitarme. Un compromiso universitario, la presentación del magnífico libro del maestro Francisco Ramírez Martínez “Apuntes de Derechos Fundamentales” me ocuparía con provecho por la tarde.

Parece que fue ayer, dice la canción, y sí, parece que fue ayer que en casa de Víctor Sandoval en la Colonia Condesa de la ciudad de México, brindando de sobremesa, Víctor con whisky por razones de salud, y yo con tequila por razones de ¡salud!, platicábamos sobre su decisión de regresar a Aguascalientes. El regreso ilusionaba a su inseparable Gelos, no tanto al Maestro, a quien ni el rencuentro con los “amigos del café”, las jacarandas de la Plaza de Armas y los laureles de la india, (especialmente “Nada Queda”, que inmortalizara en un poema), los paseos y los atardeceres, la tranquilidad para la lectura y la paz para el espíritu, acababan de convencer. Pero la señora Gelos ya le había echado el ojo a la casa en la que después vivirían, en un rumbo que les era familiar, el fraccionamiento Primavera (allí habían vivido en los setentas). Obviamente, por razones que cualquier casado comprende, Víctor ya había empezado a separar y reorganizar sus libros, que, como toda biblioteca que se respete, (Juan José Arreola lo dijo), constituían un proyecto de lectura. Haciendo un recuento de sus colecciones, de algunas ediciones especiales, de mas de una edición príncipe y de muchos y muchos dedicados y autografiados por los autores, Víctor me dijo: “No tengo lugar para guardar tantos libros ¿No le interesarán al Gobierno de Aguascalientes”, le contesté que sí, que desde luego, que estaba seguro que planteándoselo al señor Felipe González diría que sí, pero que lo importante era que se mantuvieran reunidos, “Son como veinte mil y si me consiguen un lugar, los dono para el estado”.

En su siguiente visita a Aguascalientes nos encontramos para desayunar en la moderna cafetería que ocupaba el lugar del Café de Andrea, retomamos el tema y le propuse ir a hablar con el Gobernador. Dicho y hecho. Llegamos a su oficina y nos dirigimos con la indispensable Señora Coco, siempre diligente y bien dispuesta. Le dije que queríamos ver al Gobernador, nos dijo que le preguntaría en un momento, nos invitó a sentarnos. Nos sentamos, la señora Coco entró y salió con la buena noticia, que esperáramos diez minutos.

Entramos con el Gobernador y luego de los “mucho gusto” de rigor y las amabilidades del rencuentro, Víctor me guiñó un ojo que fue la señal de “al ataque”. Le dije al Gobernador pues que el Maestro quería regresar a vivir a Aguascalientes y que no tenía donde guardar tanto libro y que quería que le consiguiera un lugar decente donde guardar unos veinte mil, Víctor dijo que los donaría, metí mi cuchara y dije “lo que Víctor quiere decir” es que los dará en préstamo y que si encontramos una figura legal para asegurar su conservación y acrecentamiento como una única biblioteca los donará. El Gobernador dijo que sí, que le gustaba el cliente, le agradeció al Maestro y llamó al Secretario General Abelardo Reyes Sahagún y le dio instrucciones para formalizar el ofrecimiento. El siguiente paso fue buscar la casa.

Para entonces el Maestro ya tenía bastante afinada su idea, quería fundar un centro de estudios literarios, especializado en poesía, siguiendo el modelo de la “Casa de Poesía José Asunción Silva” en el centro de Bogotá. Empezamos a conseguir información. También quería constituir una fundación en la que participaran sus hijos y que dieran continuidad y permanencia al centro. El modelo colombiano no nos satisfizo porque era un ente meramente oficial y no incorporaba la figura de la fundación. Víctor me puso en contacto con el escultor Federico Silva, de San Luis Potosí, que había constituido una fundación para la exhibición y conservación de su obra y actividades culturales relacionadas con las artes plásticas. Tomamos el modelo de San Luis y preparamos dos documentos: el de la fundación y el del compromiso con el Gobierno del Estado. Víctor les dio el visto bueno y al parecer el Gobierno también, pero aunque ya se había encontrado “la casa”, la disponibilidad de dinero, los trámites de la sucesión de los anteriores dueños y el costo fiscal de la operación entramparon la constitución del centro de estudios literarios.

Pasaban los meses y el proyecto estancado. El Maestro aprovechó un acto en la Universidad Autónoma de Aguascalientes para platicarle el proyecto al entonces rector Dr. Antonio Ávila Storer, que le invitó a comer. Me convidaron y comimos los tres, y charlamos, y brindamos. El rector le ofreció a Víctor que si el Gobierno no concretaba el proyecto del centro de estudios literarios la Universidad lo haría. Acordaron fijar un plazo perentorio para el Gobierno. Hablé con el Gobernador y le dije que como el Gobierno no daba color, la Universidad ya había dado los primeros pasos para tomarle la palabra al Maestro Sandoval. Felipe, es decir, el Sr. Gobernador, me dijo “No vamos a dejar ir al cliente”. Le dio instrucciones para acelerar la operación a Abelardo y me pidió hacerme cargo de que se ultimara la sucesión y se hiciera la proyección financiera de los impuestos para tratar de aligerar la carga impositiva que detenía la transacción por parte de los vendedores.

El Gobernador Felipe González no vio terminado el proyecto, pero el licenciado Juan José León Rubio, que en los últimos meses le suplió concretó los pasos para la adquisición de la casa y para la formalización de la creación del Centro, que sin embargo se finiquitó hasta el gobierno del Ing. Luis Armando Reynoso Femat, quien firmó la documentación en unión del maestro Víctor Sandoval, ya en la sede del flamante centro de estudios. La pluma, instrumento de la firma, la conservo porque soy retentivo.

El Maestro había pensado denominar a su engendro (en el mejor sentido) Centro de Estudios Literarios de Aguascalientes Víctor Sandoval. A la sazón el Maestro había propuesto a la arquitecta Claudia Santana como directora, quien en unión de Juan Pablo de Ávila (que Dios o Marx tengan en su seno), Mónica Cravioto (q.e.p.d.), Juan Manuel Rodríguez y de alguna manera José Luis Justes, habrían de hacer una tarea titánica para el arranque del Centro.

Claudia y yo nos confabulamos: Maestro llamarle solo CIELA es poco, ponerle tu nombre es muy largo, ¿Por qué no ponerle “Fraguas”, CIELA FRAGUAS, que sin nombrarte, alude a ti, a tu obra, a tu gente, a tu ciudad?. Y Víctor dijo sí.

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