Josemaría León Lara Díaz Torre

Debo reconocer la sorpresa que me llevé el miércoles pasado, cuando tuve acceso a dos ejemplares de libros de texto gratuito de la materia de Historia de México que corresponden al cuarto y quinto grado de primaria respectivamente, pues veo que paulatinamente la Secretaría de Educación Pública está dejando de lado la enseñanza de esa historia oficial que tanto ha engañado y confundido a generación tras generación.
Precisamente donde decidí prestar especial atención, fue en el periodo histórico conocido como la Invasión Norteamericana de 1847. Y es que el mismo miércoles de esta semana, se conmemoró como cada año la Histórica Gesta de los Niños Héroes de Chapultepec; evento histórico siempre enseñado como verdad absoluta y como ejemplo de valentía y patriotismo exacerbado.
Situación que me hace reflexionar, cuando por un lado (al menos en los libros de texto gratuitos) ya no se hace mención de los Niños Héroes, pero por el otro el calendario cívico-militar sigue recordando esta fecha y cumpliendo el protocolo oficial haciendo guardia de honor para los heroicos cadetes caídos en defensa de la patria.
Por un lado, se pudiera llegar a entender la presencia de estos chavales en los altares de la patria, pues a nadie le gusta reconocer que la bandera estadounidense hondeó en Palacio Nacional, después de las famosas batallas de Molino del Rey y del Bosque de Chapultepec. Por supuesto que es algo que hiere en lo profundo del orgullo nacional y habría que maquillar la historia para que con el paso del tiempo se fuera diluyendo ese amargo trago; el problema es que 170 años después esa mentirijilla sigue vigente.
No encuentro la razón, o el motivo, ni muchos menos la circunstancia que tanto alcaldes, como gobernadores y hasta el mismo presidente sigan conmemorando un evidente timo histórico; pero quizá ese sea parte del toque que dota de romanticismo a nuestra vida como nación. Sé que cambiar de tajo nuestra historia es complicado, más no encuentro el afán de seguir conmemorando algo que fue creado para legitimar un sistema hegemónico que dicen algunos que ya “desapareció”.
Ahora pasemos a otro ejemplo. Hoy como cada año celebraremos el “grito de independencia”; conmemoramos el inicio de una gesta de procedencia e ideales dudosos que prácticamente muere junto con Morelos en 1815. Podrán decir misa, los apasionados y cegados por la historia oficialista, pero la llamada resistencia de Vicente Guerrero y su ejército de “guerrillas”, realmente no tuvo relevancia alguna hasta la llegada del único y verdadero consumador de la Independencia de México, el mismísimo Don Agustín de Iturbide.
Hoy conmemoramos de forma errónea lo que comenzó de forma errónea. Hoy honramos seguramente lo único que permanece vigente de los Sentimientos de la Nación, para recordar que establecía al 16 de septiembre…” como el día del aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra santa libertad comenzó…”.
Podríamos hablar de situaciones coyunturales o de simples casualidades, como también de causalidades o de eventos aislados que en algún momento convergieron. Lo que sí es innegable, es que después de casi trescientos años de dominio español, la sociedad novohispana (entiéndase por esta, aquella que era conformada por peninsulares, criollos, castas, indígenas y esclavos negros) pasaba por momentos de efervescencia, al saberse dueños de una propia identidad racial y cultural que despertarían los primeros sueños de independencia.
Del dicho al hecho existe un largo camino, como también lo existe cuando se trata del hecho al dicho. Las razones reales que dieron inicio al movimiento de independencia encabezado por el cura Hidalgo párroco de Dolores la noche del 15 de septiembre y la madrugada del 16 del mismo mes, son claramente distintas a lo que durante más de un siglo nos ha sido contado. Usualmente la importancia de la ocupación de Napoleón a España, queda fuera de la ecuación de nuestra “historia oficial”, pero que, sin embargo, es el parteaguas que desencadenó prácticamente todo.
Don Gabriel de Yermo lo intentó años antes junto con Primo de Verdad, como también lo intentaron los conspiradores de Valladolid, que rara vez son recordados. Más sí recordamos los intentos de un sacerdote criollo y de una camarilla de rebeldes mal organizados que estaban en contra de lo “afrancesado” que se había convertido el gobierno virreinal, tan es así que, en el famoso grito, algunos historiadores (de los de verdad) narran que Miguel Hidalgo mencionó del rey legítimo de España, Fernando VII de Borbón.
El ejército de Hidalgo (si es que le podemos llamar así) a pesar de contar con los hombres fieles de Allende, en realidad era una turba enardecida con una sed de venganza inmensurable en contra de los colonizadores. Era una multitud que no dimensionaba la magnitud de la empresa del señor cura al cual seguían con obediencia ciega, pues lo que ellos veían era tomar la oportunidad de venganza como simples bárbaros. Si esto no fuera una verdad, no habría de haber existido la necesidad de la invención del “Pípila”, para negar la barbarie que fue la toma de Guanajuato.
Sin embargo, siempre habrá algo de esta romántica fecha que nos une como pueblo, festejar el orgullo de ser, sabernos y sentirnos mexicanos. ¡Viva México!