Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Como digo una cosa digo la otra.- Pa’ que voy a decir que no, si sí. Claro que conocí a Roberto Gómez Bolaños, Don Roberto, pues, ahora que el Don sólo se les pone a los muy viejitos o a los mozos, ujieres, bedeles, manuales, o como quiera que Ud., amable lector, guste y mande llamarles. Finalmente los inefables comentaristas televisivos (¿teleabusivos?) recalcaron el “Don” para que los inermes telespectadores (¿teleaguantadores?) no nos olvidemos de él y del respeto que se ganó siendo uno de los productos más vendidos de la televisión mexicana. Recuerdo que cuando la opción era ver “Cómicos y Canciones” con Viruta y Capulina o escuchar a Ángel Ortega Carmona en “México y sus Canciones” o a Eusebio Morales en sus complacencias que por cierto sigue transmitiendo en una emisora de la localidad (y que se refifa “Amor Perdido”), los niños preferíamos, cómo no, a Don Gaspar Henaine y a Don Marco Antonio Campos, Don Chespirito era el libretista aunque me parece recordar que solía hacer apariciones breves y esporádicas en el programa, seguramente cuando Viruta se hartaba de embarrar pasteles a Capulina alguno le convidaba a su escritor de libretos.

Es que no me tienen paciencia.- Amable lector, este escribidor es lento y con los años más pior, como contestaba la mamá de Pepito a la pregunta imprudente: “¿Mamá, tarugo se acentúa?”, “Con los años Pepito”, dicho lo anterior, no en son de disculpa sino de simple explicación, he de confesar que entre mi niñez del Panzón Panseco, Clavillazo y los susodichos Viruta y Capulina, y los actuales “cómicos” malabaristas del albur, la leperada y el chiste procaz, tengo un vacío tremendo en que me perdí, ahora me doy cuenta de la grandiosidad de Don Roberto. Seguramente más de alguna vez, acompañando a los hijos tuve que haber visto algún programa y carente de la sensibilidad para apreciarlo me parecía soso, obvio y aburrido sin comprender que me encontraba ante el “embajador” más exitoso de México. (Qué Cantinflas ni que ocho cuartos, que por cierto Don Mario con dificultades me sacaba una sonrisa en tanto que con Tin-Tan tintineaba de risa, tan-tan).

Me da la chiriopiorca.- Si las cuentas no me fallan, México ha tenido tres hombres extraordinarios recipiendarios del premio Nobel: Alfonso García Robles que recibiera el de la Paz, Octavio Paz, que recibió el de Literatura y Mario Molina merecedor del de Química, los dos primeros que de Dios gocen y el último que goce de esta vida largamente. Ninguno de ellos, ni por asomo, recibió un homenaje de la magnitud del de Don Roberto. ¿A quién se le ocurre? Según dijeron, 17 países de Iberoamérica se unieron al duelo de los mexicanos y medio centenar lamentaron su muerte porque pudieron disfrutar de sus personajes con los doblajes a sus respectivos idiomas. Cualquiera se gana el premio Nobel, bueno… casi cualquiera, México ya tiene tres, y todos los años se levanta una cosecha de Nobeles en diferentes áreas del quehacer humano, pero Chespiritos, no se dan en maceta. Un sólo dicho de Don Roberto mata cualquier poema de paz o de guerra.

No contaban con mi astucia.- Sin duda los pueblos tienen los gobiernos que se merecen (¿mereceremos tanto?) y seguramente tienen los cómicos que se merecen. Me parece impensable un Juan Verdaguer mexicano, un Leopoldo Fernández, un Lucho Navarro o un Gila, por citar sólo algunos de habla española. Los cuatro maestros de la comicidad, del juego de palabras, del humorismo de situación, del guiño al entendimiento y del aprovechamiento del gesto, como Germán Valdez. La comicidad de pastelazo es blanca (especialmente si el pastel es de crema), inocua (si no se mete a los ojos o a la nariz), te hace reír (si me hacen cosquillas también me río) puede aprovechar diversas situaciones (si tienes mala memoria) y lo entienden en cualquier parte del mundo (salvo los pobres que no tienen un pan que llevarse a la boca, pero no importa, ellos tampoco tienen una televisión). Se sabe que los señores de Televisa entonces Telesistema, no son muy generosos en el pago, salvo a alguna artista de telenovelas, y en el caso de Don Roberto, que entonces, alrededor de los “sesentas”, todavía no era Don, por lo que decidió emigrar a canal 8 que surgía como una competencia al monopolio, tuvo su propio programa y tuvo mucho éxito, tanto que los de la avenida Chapultepec le ofrecieron un jugoso contrato y regresó al redil de Televisa.

Síganme los buenos.- Al grito consabido, los canales de televisión, incluidos los de mas allá del Bravo y los de mucho más allá del Suchiate, dedicaron su programación a recordar y repetir hasta decir “ya me dio cosa”, comentarios, películas, programas, entrevistas y más, que a fin de cuentas son como los chinos (excepto los del Ferrocarril de Querétaro) todos igualitos. La invitación abierta: salgan a la calle y vayan, o vengan, según, al Coloso de Santa Úrsula (quién sabe por qué le dicen así, que yo sepa la santa de marras no gustaba del futbol y que hasta donde se sabe fue martirizada por Atila junto con, entre otras, Aurelia, Brítula, Cordola, Cunegonda, Cunera, Pinnosa, Saturnina, Paladia y Odialia de Britannia, que formaban parte de las once mil vírgenes, ¡a quién se le ocurre!, por cierto que en la edad media Santa Úrsula era patrona de las universidades, así que en todo caso el coloso sería el estadio de CU). La gente respondió y entre los que presenciaron el cortejo (que fue más bien larguejo) y los que fueron al estadio llegaron casi a 50,000 personas, 50,000 conmovidos simpatizantes de Don Roberto, estimulados por la rápida y profusa campaña luctuosa de la TV.

“Mis antenitas de vinil han detectado la presencia del enemigo”.- Posiblemente más de algún mal pensado incapaz de formar parte de la Orden de la Jarretera, («Honi soit qui mal y pense»), podría considerar que la profusa difusión de la muerte de Don Roberto tuviera que ver con una invitación gubernamental para que, lejos de ocuparse de muertes tristes (toda muerte lo es), que provocan disturbios y daños, se uniesen preferiblemente en una plegaria por quien colocó el nombre de México en grande en prácticamente todo el mundo. Desde luego esa ocurrencia perversa solo puede existir en la mente de quienes incapaces de entender que las cosas simples tienen un valor cotidiano, cuestionan el reconocimiento a un hombre de trabajo, cuyas aportaciones a la cultura mexicana le sobrevivirán: el Chavo del Ocho, el Chapulín Colorado, el Chaparrón Bonaparte, etc., etc.

Se me chispotió.- Comprendo que habrá mucha gente que haya disfrutado y disfrute de los personajes que creó Roberto Gómez Bolaños, entiendo que su humorismo blanco y sencillo tenga valores frente a la apoteosis del mal gusto de la mayoría de los “cómicos” actuales, no dudo que sea una pérdida relevante para México, pero “me da cosa” que frente a otros valores, sus personajes tengan preponderancia. Finalmente es nuestro México, “no hay de queso, nomás de papa”, “fue sin querer queriendo”, “lo sospeché desde el principio”, así es “que no panda el cúnico”.

bullidero@outlook.com           bullidero.blogspot.com           twitter @jemartinj

¡Participa con tu opinión!