Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Este año, usted lo sabe muy bien, se cumplió un centenario de que llegara a esta Bona Terra la imagen de la Virgen de la Asunción que preside desde el altar mayor de la catedral. Las celebraciones se concentraron en el pasado mes de octubre, en el aniversario de su llegada, el día 18 de octubre, y sin embargo no fue sino hasta el 7 de diciembre de aquel año en que fue bendecida. Entonces, permítame aprovechar este hecho, indulgente lector, para referirme a este apreciado tema, teniendo en cuenta que el próximo jueves se cumplirá el centenario del segundo hecho señalado.

En diversas ocasiones he escrito sobre la Mariquita de la Asunción. Así que, si me permite, me tomaré la libertad de recuperar algunos textos del pasado, que aderezaré con un trío de cosas nuevas que averigüé.

Así que corre y se va… 18 de octubre y 7 de diciembre de 1919… Uno supondría que llegada la escultura, de inmediato se procedería a colocarla en su lugar, solemne ceremonia de por medio, y sin embargo no fue así.¿Por qué la distancia entre ambas fechas?

Hay un acta relacionada con la llegada de la imagen, que consta en el texto del padre Ricardo Corpus Alonso, “La catedral y su Cabildo”, y que infiere el porqué de la tardanza en su entronización.

Y dice: “En la ciudad de Aguascalientes, a los diez y ocho días del mes de octubre del año de mil novecientos diez y nueve, en la pieza contigua a la sacristía de la santa iglesia Catedral de esta ciudad, y a las cuatro y veinte minutos de la tarde, reunidos el Ilmo. y Revdmo. Sr. Obispo de esta diócesis Dr. D. Ignacio Valdespino y Díaz, el Señor Provisor y Vicario General de la misma Pbro. Isidro Navarro, el Sr. Provicario y secretario de la Sagrada Mitra Pbro. D. J. de Jesús López, y el Sr. Cura del Sagrario Pbro. D. José María Martínez; así como los señores Dr. D. Carlos M. López, Lic. D. Carlos A. Salas López, Profr. D. Eugenio Alcalá, D. Juvenal Valdespino quien pidió la imagen a Barcelona-España, D. Antonio Esparza, D. Crescencio Guillén, D. Martiniano Delgado y el maestro carpintero D. Antonio Arias con dos de sus oficiales. Francisco Arias y Abundio Cuervo procedieron estos tres últimos a abrir una caja de madera que contenía una imagen de la Ssma. Virgen María. Levantada que fue la tapa de dicha caja y sacadas las astillas que tenía, quedó descubierta aquella imagen y pudieron admirar todos los presentes, el hermosísimo y expresivo rostro de la Virgen a la vez que experimentaron el sentimiento de ver completamente deshecho el querubín que estaba colocado a la izquierda de la imagen y desfigurada la nariz del de la derecha. Fueron sacadas después las manos de la Virgen y se encontraron intactas lo mismo que dos ángeles que se colocaron a sus pies sobre la nube en que descansa ésta. La diadema se encontró en buen estado.

Puesta en Pie la imagen, nuestro Ilmo. Prelado la llamó NUESTRA SEÑORA DE AGUASCALIENTES, con beneplácito de todos los presentes y cuyo nombre llevará en lo sucesivo.”

Hasta aquí el acta. De aquí rescato algún dato: la doña es catalana, puesto que la encargó a Barcelona el hermano del obispo, el señor Juvenal Valdespino. Sacada la imagen de su empaque, debió ser sometida a un proceso de restauración en la parte baja, donde se encuentran los ángeles que la llevan al cielo, que habían sufrido algún trastorno en su viaje trasatlántico, tal y como se señaló en el acta. De seguro fue esto lo que retrasó su colocación y bendición hasta el 7 de diciembre.

De acuerdo con la información proporcionada por el padre Corpus, la escultura mide 2.46 metros en todo el conjunto, en tanto la imagen propiamente dicha tiene una altura de 1.80 metros, y el pedestal donde descansa alcanza los 66 centímetros. Tiene, además, una diadema formada “con flores de lis y doce estrellas “, esto último según se afirma en un libro publicado recientemente por Víctor Moreno Ramos y Juana María Dolores Mejía Bañuelos, miembros de la Comisión Diocesana del Año Jubilar 2018-2019 y del Comité de la Romería de la Asunción, en adelante Moreno y Mejía. El título del volumen es “Centenario del arribo de la imagen de la Virgen de la Asunción a la Diócesis de Aguascalientes 1919-2019”.

Por desgracia, o quizá debiera decir que para mi desgracia, la información que ofrece el padre Corpus, es decir, el acta, es lacónica. Es como si estuviera viendo un esqueleto y tratara de imaginar cómo fue el cuerpo que lo cubrió, los músculos que se aferraron a sus huesos… No señala, por ejemplo, dónde fue hecha y quién la hizo. Por otra parte, resulta obvio que viajó hasta acá en barco, a Veracruz. De ahí fue trasladada a México en tren, y luego a Aguascalientes, en el mismo medio de transporte.

Esto me recuerda un carro alegórico que se presentó en la pasada romería, de la autoría de Jorge Campos Espino, que mostraba un tren sobre el fondo de las cumbres de Maltrata. La visión del conjunto me recordó aquel cuadro del pintor del siglo XIX, José María Velasco, La cañada de Metlac”, un cuadro que muestra un ferrocarril desplazándose penosamente entre las montañas, y al fondo el volcán veracruzano de hermoso nombre: Citlaltépetl, que esa fue la idea del carro, informarnos lo obvio, que la imagen había hecho el recorrido de Veracruz a Aguascalientes en tren. ¿Cuándo llegó, fue llevada a catedral a bordo de un camión, de manera discreta? ¿La imagen se hizo sobre pedido, a partir de una serie de requerimientos, o la concepción de la obra fue de la autoría de quien la realizó, como una más de las que debía crear? ¿Quienes la adquirieron verían algún catálogo? ¿Cómo se hizo el contacto? Silencio… oscuridad sobre estos aspectos, a menos de que esta información esté por ahí, acumulando polvo y oscuridad. No me extrañaría que quienes se encargaron de su adquisición y de hacerla llegar a Aguascalientes, consideraron irrelevante estos datos, y no los consignaron. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).