COLUMNA CORTEDe homínidos a homicidas
A lo largo de la saga antropoide original, la cual marcó a una generación de cinéfilos durante los años setenta y ochenta (debido en parte a sus constantes reposiciones en los extintos cines de matiné y por una televisión abierta más democrática en su oferta catódica), pudimos ir de un planeta gobernado por antropoides que subyugan a la raza humana, hasta la génesis de tan inverso mundo. Durante cinco filmes se gestó una épica y una época, pues esta historia, que se entretejía colosalmente a lo largo de estas producciones, tenía una continuidad estrecha y personajes base, mientras los espectadores apetentes de ciencia ficción con sutil discurso sociológico disfrutaban tanto sus delicadezas narrativas y peculiar sentido del humor, como la brutalidad visual que se desplegaba mientras los humanos y los macacos debatían sus diferencias mediante belicismos y violencia. Después del fallido intento de Tim Burton por reactivar la serie (la cinta gritaba “autosabotaje” desde el inicio, con un Mark Wahlberg constantemente irritado y pinta de intoxicación y un guión sin ton ni son con final de risa loca), pasarían años antes de que los primates parlantes retornaran a la pantalla grande con “El planeta de los simios: (R)Evolución” (2011), un proyecto donde se tomó una decisión muy sencilla a la vez que inteligente: arrancar desde el inicio, donde conocemos a un simio llamado César (Andy Serkis), quien mediante experimentos para encontrar la cura del alzheimer, su química y capacidad neuronal se verán fortalecidas e incrementadas, tornándolo un homínido cercano a nosotros. Las injustas y crueles circunstancias en que ve trastocada su vida, lo llevan a compartir sus dones con otros cuadrúmanos y así se sentaron las bases para lo que a la postre será un planeta donde los simios serán la especie dominante. En esta secuela directa a dichos eventos, encontramos un manejo sorprendentemente hábil de los elementos que caracterizaron a la serie original, con un discurso posmoderno que se antoja verde-ecologista, pero sin homilías moralinas o pseudo-reconciliatorias, pues “El planeta de los simios: Confrontación” es un gran filme serie B, con dotes de madurez e inteligencia en su proceder y una cinta que sorprende por sus gozosas cualidades escapistas. La cinta arranca con una descripción del convaleciente estado de la humanidad, pues el virus que se avisó en la cinta previa, proveniente de la cepa experimental ya mencionada, ha arrasado con una porción considerable de la población, mientras el mesiánico César es padre y líder de un regimiento crecido de monos inteligentes con la ayuda de su pata derecha Koba (Toby Kebell), viviendo en paz en los bosques aledaños a San Francisco. Esta ubicación los pone en conflicto directo con un grupo de humanos sobrevivientes, pues desean llegar a donde se encuentran sus oponentes primates debido a una presa que podría abastecerlos de recursos energéticos. Dreyfus (Gary Oldman), líder de este bando, no medirá recursos para lograr tal propósito, incluyendo la masacre de los simios. Por su parte, Malcolm (Jason Clarke), hombre de familia, se tornará el mediador entre ambos bandos, pero el conflicto parece inminente. La cinta toma este microcosmos para aludir metafóricamente sobre las disputas tanto internas como comunales que se suscitan debido a sus diferencias filosóficas y físicas, pues mientras Malcolm trata de convencer a Dreyfus que es factible evitar el genocidio primate, César debe lidiar con Koba, quien va adquiriendo una disposición más violenta contra los humanos. Al final, la clave está en los lazos familiares, pues la sangre siempre será más espesa que el agua, aún si se trata de sangre homínida. Los recursos narrativos con los que cuenta el director Matt Reeves son ricos y variados, y saca mucho provecho de todos gracias a una sigilosa exploración  de ellos mediante exposición psicológica y emocional sin cortapisas, tomando predilección por la vía madura del discurso y no el mero espectáculo explosivo. Y si en sus entrañas reside un corazón serie B, la cinta aún posee un organismo fuerte y robusto que permite a su argumento crecer exponencialmente con base en los actos y esto se agradece, pues la aleja de los arquetipos hollywoodenses y se transfigura en un entretenimiento de calidad. “El planeta de los simios: Confrontación” hace sentir orgullosos a sus ilustres predecesores setenteros, con una historia por demás sólida y personajes bien acabados e interesantes. Sin lugar a dudas, de lo mejor hasta ahora durante esta aburrida temporada veraniega.

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