Por: Itzel Vargas Rodríguez

3,2,1 y ¡En marcha!, luego sonará un disparo en el cielo y cual caballos de carrera, a bote pronto se lanzarán enremolinados los presuntos candidatos a la presidencia.

Ahora, unos tienen claramente más ventaja que otros. Están por ejemplo, Meade quien por un lado ha gozado del famoso “dedazo” del PRI, y ahora cuenta con el respaldo de toda una maquinaria que ha sido usada en repetidas ocasiones durante décadas, y quien obviamente además, cuenta con el respaldo del Presidente y de prácticamente todas las cabezas del gobierno federal. Él es, como aquél corredor que goza de los mejores patrocinadores, los tenis más vanguardistas del mercado, la mejor imagen y todo un equipo de mercadotecnia que lo promociona por todo lo alto… es quien ante las cámaras, tiene todas las posibilidades a favor para ganar y llegar a la meta, sólo le queda conquistar la carrera compitiendo y corriendo lo más fuerte que pueda.

Por otro lado y un poco más atrás, está el Frente Ciudadano conformado por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, quienes aún no se deciden por un candidato a lanzar y eso está provocando que los tenis se les estén desgastando, que lleguen tarde a la carrera y que muy posiblemente terminen teniendo un lugar muy por detrás de la competición, del que pudieron haber conservado hace mucho tiempo, de no haberse esperado tanto para ponerse de acuerdo. La lucha de egos y el afán de poder es lo que los está retrasando terriblemente.

Afuera del recinto de la competición, se encuentran los llamados “independientes”, cuyos requisitos, firmas y firmas, no les alcanzan aún para comprar tan costoso boleto de entrada. ¿Será que alcancen a llegar a tiempo? Sólo el tiempo lo dirá.

Y delante de todos estos competidores, se encuentra un veterano, que ya aprendió mucho de sus anteriores carreras y que al parecer, ha encontrado el equilibrio entre la fuerza, rapidez y el soporte técnico que ofrecen diversos patrocinadores. Andrés Manuel López Obrador, “El Peje”, se encuentra muy tranquilo, con mucho de ventaja por delante, y con una estrategia que convence cada vez más a sus seguidores, y atrae las miradas de los apostadores.

Ya está por comenzar las carreras, y los ciudadanos somos los testigos y los que echamos las porras y hacemos apuestas. Pagamos merchandising y en sí, todo el numerito. El show por ende, debería dejarnos satisfechos. Ya iremos viendo qué pasa.

Esta semana, me gustaría resaltar dos esfuerzos comunicativos de campaña, que son sin lugar a dudas, un ejemplo de estrategia propositiva y positiva, que mueve conciencias y sobre todo busca conquistar corazones. La ilusión de todo político en campaña.

La mención que refiero sobre López Obrador no es por demás porque sí, efectivamente ha aprendido a mediar su discurso. Ahora, ha enternecido miles de corazones mostrando en un documental parte de su vida e infancia, y abriendo las puertas de su casa, mostrando su familia, entre ellos a sus hijos mayores que afirman estar en contra del nepotismo, su hijo menor que le va al América aún en contra de la familia y a quien el mismo Obrador presenta como todo un “opositor” y a su esposa, una mujer preparada que además canta de una forma singular “El Necio” de Silvio Rodríguez. Una forma de humanizar un personaje que últimamente se le ha referido como el Mesías que viene a salvar a México. Él está delante de las encuestas y preferencias, y lo que hace es justamente brindar herramientas que enamoren más a sus seguidores.

Y por otro lado se encuentra la estrategia de un joven pero con pies de plomo en la política contemporánea de México: Pedro Kumamoto. Se caracterizó por conquistar el poder tocando puertas, y su estrategia comunicativa sigue igual, destacando las labores de persuadir a las personas a base de fundamentos. Ahora lanza su campaña de la mano de sus aliados, que a modo de “posdata” dejan mensajes a sus hijos, padres, abuelos de porqué se están uniendo a ese movimiento político.

Definitivamente estamos viendo nuevas propuestas comunicativas que ciudadanizan los mensajes y marcan una nueva pauta aislada de la aburrida y acartonada forma en la que los políticos tradicionales suelen hablarnos. Las elecciones del 2018 no serán como las demás, sobre todo, por el enorme descontento de la gente, y porque con el auge de las tecnologías de la información y las redes sociales, ya no se puede dar “atole con el dedo” a la gente tan fácilmente.

Interesantes tiempos se vienen, sin duda.

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