Antes de beberse una dosis de un medicamento con una radiactividad de 100 milicurios, Gloria Durán Muñoz, de 55 años, quien padece cáncer de tiroides, recibió un entrenamiento para manipular radiofármacos en medicina nuclear y evitar una contaminación radiactiva.
La fase corrió a cargo de médicos del servicio de medicina nuclear del Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional (CMN) Siglo XXI, del IMSS.
“Yo tenía dudas: ¿qué va a pasar con mi organismo cuando yo me tome el yodo?”, recuerda Gloria.
“Nos explicaron que teníamos que tener mucho cuidado al ingerirlo, no manchar la bata porque se contamina. Hay que tener cuidado en no derramarlo. Hay que ingerir el agua, con tragos pequeños para que no te provoque vómito porque, si vomitas, vas a contaminar toda el área”, afirma.
Tras aprobar la fase de entrenamiento, Gloria fue citada el 25 de septiembre de 2017 en el quinto piso del Hospital de Oncología del CMN Siglo XXI.
“Entré el día lunes y salí el viernes. Me dediqué ese tiempo a leer; estuve en pijama. El primer día no hubo ninguna molestia; el segundo día hubo un poco de dolor de cabeza. No tuve ninguna otra complicación”, expone.
Cuenta que tuvo que consumir mucha agua para desechar la radioactividad a través de la orina.
Para Gloria, la medicina nuclear fue un tratamiento que le permitió mejorar su calidad de vida.
Por regulación sanitaria, cada habitación está diseñada con paredes lisas cuyo grosor impide que traspase la irradiación que emite una persona que consumió el radiofármaco.
En estas habitaciones, los pacientes permanecen aislados hasta cinco días para evitar irradiar a los demás.
La paciente refiere que actualmente lleva una vida normal, pero los médicos prevén hacer en julio un rastreo de la enfermedad para confirmar si persiste o no riesgo que aparezcan más tumores cancerígenos.

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