Mientras que para muchas personas la despenalización de la cannabis medicinal ha generado grandes expectativas, entre los especialistas el debate continúa.
El pasado abril, la Cámara de Diputados aprobó las reformas para permitir en México el uso medicinal de la cannabis y sus derivados terapéuticos principales como el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD).
En Monterrey hay especialistas que consideran esta alternativa como tratamiento compasivo, especialmente para casos severos de epilepsia infantil.
Sin embargo, están convencidos de que a falta de certeza y experiencia científica comprobada, se debe tener mucho cuidado en su prescripción y en su demanda.
“La gente tiene prisa porque les den mariguana porque se ha levantado mucha expectativa por este medicamento. Se le atribuyen demasiadas cosas como ha sucedido periódicamente con otras sustancias”, expresa Alejandro Marfil Rivera, neurólogo especialista en cefalea y dolor clínico.
“Nosotros como médicos, si bien debemos ser empáticos y entender el sufrimiento de las personas y tratar de disminuirlo y quitarlo, tampoco debemos de subirnos a una ola de éxito que todavía no está probada”, alerta.

¿MARIGUANA MEDICINAL?
Aunque se acostumbra hablar de mariguana medicinal, este término se utiliza para referirse al uso de toda la planta o extractos crudos de ésta para tratar una enfermedad.
Los medicamentos utilizados en la actualidad son a base de derivados químicos conocidos como cannabinoides que no provienen de la mariguana, sino del cáñamo, una subespecie de la cannabis.
“Una de las cosas que yo le digo a mis pacientes cuando les voy a indicar estos tratamientos es ‘señora no piense que le voy a dar mariguana a su hijo, no es mariguana, para empezar sale del cáñamo'”, dice Carlos Aguirre, neurólogo pediatra y especialista en medicina cannábica clínica.
El cáñamo y la mariguana pertenecen a la misma planta: la cannabis. Pero mientras el cáñamo se ha utilizado históricamente para obtener materias primas como semillas y fibras industriales por su bajo contenido en THC, la mariguana se ha buscado como uso recreacional por sus efectos psicoactivos debido a su alto contenido en THC.
Aunque existen más de 100 sustancias conocidas en la cannabis, al momento, los principales cannabinoides para efecto farmacológico son el THC y el CBD y sus concentraciones y presentaciones (aceite, extractos, cápsulas) pueden variar dependiendo del padecimiento.
“Los productos vienen etiquetados, cuánto traen de CBD y cuánto de THC, entonces en algunas enfermedades se usa proporción uno a uno y en otros traen mucho CBD y poquito THC, 20 a 1”.
En el caso de los niños, se busca que los medicamentos sean purificados para eliminar casi por completo los niveles de THC. Incluso la nueva legislación dice que sus concentraciones deben ser de uno o menos del uno por ciento.
“El THC es la parte psicoactiva que desde el punto de vista legal ha hecho o limitado que sea una medicina en los diferentes lugares. Cuando le quita uno el THC deja de ser una droga psicotrópica y se convierte en un medicamento activo con otras utilidades”, dice Ricardo Sevilla, especialista en neurología pediátrica.
“Lo que buscamos es sacarle la vuelta al THC porque en los niños sería inducir algo que no sabemos”, comenta Sevilla.

PARA LA EPILEPSIA INFANTIL
Aunque la cannabis se utiliza universalmente desde hace más de 4 mil años para el dolor, inflamación y otros síntomas conocidos, actualmente las investigaciones científicas están concentradas en enfermedades como el Parkinson, el cáncer, la fibromialgia, la esclerosis múltiple y más directamente, la epilepsia refractaria.
La epilepsia refractaria o resistente al tratamiento es aquella que no responde al uso de los medicamentos antiepilépticos y se presenta en alrededor del 20 por ciento de los casos de epilepsia.
“De esos 20 o 30 niños que se consideran refractario, mejora la mitad, entonces quedan 15, el asunto es que a esos 15 se les hacen todos los procedimientos y no funciona, allí se busca algo diferente y es donde se abre camino el cannabidiol”, dice Sevilla.
En general, el CBD ha comprobado aliviar en estos pacientes hasta más del 50 por ciento de las convulsiones que tienen, lo que para estas personas significa reducir enormemente la cantidad de crisis que sufren en un día.
“Tenemos cerca de 20 o 30 anticonvulsivos a la mano y hay casos donde ya probaron todo y no mejoraron como el caso de la niña Grace. Que de hecho a ella se le hizo una cirugía de cerebro y tampoco mejoró lo necesario y en el momento que empezó a tomar cannabis medicinal sus crisis se empezaron a ir para abajo”, dice Aguirre.
De los casos de epilepsia refractaria, los síndromes neurológicos de Dravet y el Lennox-Gastaut son de los más graves y en los cuales se está utilizando el CBD en Monterrey como tratamiento compasivo, es decir, cuando no hay ningún otro tratamiento que ofrecerle al paciente.
El caso de la pequeña regia Grace Elizalde, diagnosticada con el síndrome de Lennox-Gastaut, es referente por ser la primera paciente para quien se consiguió un amparo para importar legalmente CBD hace dos años.
“Estamos empezando a tratar este tipo de pacientes por ser casos extremos. En Estados Unidos ya tienen 10 años o más tratándolos, aquí en México tenemos dos o tres años cuando mucho de algunos casos aislados”, dice Aguirre.
“Aquí en Monterrey ya debe haber unos 40 o 50 pacientes con el tratamiento”.
El caso de Grace motivó a cientos de padres de familia a buscar este remedio y sentó las bases para el primer protocolo de investigación médica de la cannabis medicinal en el País.
“Yo en lo personal hice una investigación y saqué unas estadísticas de México, donde vimos como le fue a 43 pacientes de epilepsia refractaria en diferentes estados usando cannabidiol. De esos pacientes el 81 por ciento mejoraron sus crisis, bajándolas a menos del 50 por ciento, el otro 20 o se quedó igual o no toleró el medicamento”, dice Aguirre.
Debido al éxito, Raúl Elizalde, papá de Grace, se ha dedicado a asesorar a cientos de familias para conseguir permisos para la importación del aceite de cannabidiol a través de la Asociación por Grace y ahora a importar y comercializar los aceites a través de la empresa HempMeds, ubicada en Monterrey.
“Es un producto grado alimenticio porque no tiene THC. Todo lo que tiene THC es un psicotrópico y es considerado un medicamento, los de aquí están totalmente purificados”, comenta Elizalde.
“Sí se ocupa en algunos padecimientos, pero nosotros no lo tenemos, porque estamos haciendo apenas los protocolos para registrarlo como medicamento”.

RIESGOS DE ‘PREPARARLA’
Una de los principales problemáticas es que las personas preparen el medicamento por su cuenta bajo la creencia de que no puede tener repercusiones.
“No podemos hacer medicina científica así porque no sabemos cuánto trae lo que usted está produciendo, cuánto trae de CBD, cuánto de THC y cuánto de otras sustancias, además, ¿de dónde viene la planta? Tiene fertilizantes, insecticidas, una serie de problemas que uno no puede controlar”, dice Aguirre.
Además de no saber qué sustancias de las cientos que contiene la cannabis se estarían consumiendo, otro riesgo es no poder llevar un control adecuado de la dosificación, lo cual puede traer problemas a la larga por intoxicación, adicción o incluso problemas neurológicos.
“Preparan una cantidad y cuando vuelven a prepararla porque se acabó, a lo mejor la concentración no es la misma, entonces no tiene el mismo efecto, o se les va a pasar o les va a faltar. Es complicado llevar un control del paciente así”.
Otros métodos de consumo como la inhalación para tratar de aliviar síntomas de algunos padecimientos conocidos tampoco es recomendable hasta que no haya investigaciones farmacológicas que eximan de riesgos y productos estandarizados.
“Hay pacientes que consiguen aceite de mariguana o hachís y la utilizan para muchísimas cosas, desde dolor, insomnio o Parkinson. La cantidad de gente que lo utiliza para fines que no están investigados es muy amplia y esto es muy peligroso porque no está purificada y no está estandarizada la producción”, considera Marfil.

USO CONTROLADO
La falta de historial clínico y estudios de farmacinética que confirmen los efectos secundarios de la cannabis medicinal, principalmente en niños y jóvenes, hace que los especialistas no recomienden su uso fuera de un ambiente completamente controlado.
“Como en todos los productos novedosos, tenemos que pensar que no podemos abrirnos a dar el producto así nada más, y si lo vamos a dar, tener bien vigilado al paciente por ser un producto que todavía no tiene indicación directa, es decir que la experiencia en el producto no es una experiencia todavía que nos pueda definir que hay seguridad para que el niño reciba el producto sin problemas”, dice Sevilla.
Aunque hasta ahorita no se conocen efectos secundarios importantes, esta falta de experiencia y certeza pueden ser precisamente razones para la intranquilidad.
“No tenemos suficiente experiencia con dosis altas por largos plazos como para decir que no existen riesgos. No quiere decir que no los haya, quiere decir que no lo sabemos, por eso se recomienda que sea en un ambiente controlado”, dice Marfil.
Para los pacientes candidatos a utilizar el medicamento, lo primero que se debe hacer es un buen diagnóstico y definir el mejor producto que le convenga, asegura Aguirre, además hacer un seguimiento médico para verificar que no haya interacción con otros medicamento o efectos secundarios.
“Actualmente tengo unos 20 o 30 casos de epilepsia refractaria en tratamiento y, claro, siempre que llega un paciente seguimos esos tres pasos: diagnóstico confirmado, selección de producto más adecuado y seguimiento neurológico”.
Lo ideal sería, de acuerdo con Marfil, que únicamente los grupos de pacientes candidatos se concentraran en un centro médico donde se reuniera la experiencia bajo protocolo y condiciones controladas para hacer esa vigilancia y obtener la información necesaria del medicamento.