José Luis Macías Alonso

El día de mañana, domingo cinco de abril, darán inicio las campañas electorales rumbo a la elección de diputados federales.

Durante 60 días constantes y sonantes, los partidos políticos y sus candidatos tendrán la valiosa oportunidad de dirigirse a la ciudadanía con el propósito de generar su afinidad de cara al día de la jornada electoral. Al respecto, las condiciones políticas, sociales y culturales que tiene México obligan una evolución sustancial en cuanto al fondo y a la forma en que los partidos deben de comunicarse con el electorado.

¿Qué debe hacer un candidato para que voten por él? La pregunta siempre es la misma y la respuesta siempre es variable y compleja, por ello, tal vez el primer paso que debe darse en búsqueda de la respuesta de los sesenta y cuatro mil es aproximarse en la mayor medida posible al conocimiento y comprensión de la realidad política que tiene nuestra democracia.

La disociación existente entre los partidos políticos y la ciudadanía dentro del contexto nacional impone un primer reto por superar de parte de los candidatos de partido. Según el reporte “Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México” hecho por el entonces IFE ahora INE en colaboración con el COLMEX publicado apenas el año pasado, sólo el 3.38% de la población en 2013 manifestó contar con una membresía activa en algún partido político. Bajo este escenario, los partidos y sus candidatos en México enfrentan un reto mayor de lo que otra democracia con niveles mayores de militancia partidista pudiera tener en razón de la necesidad fundamental de, antes de ofertar el producto, hacer que lo conozcan. Para querer algo primero se debe conocer.

Otro factor digno de consideración es el índice de participación política que tiene la sociedad a la que se dirige y que se compone de varios elementos de entre el que destaca el nivel de participación electoral. Siguiendo con la cita del informe ya referido, en nuestro país el nivel de participación de la última elección federal no es nada malo en comparación con los números presentados por otras democracias; nuestro nivel del 62.08% está por encima de países como Francia (52.40) o Canadá (61.49) y está muy próximo al de naciones como Estados Unidos (67.95) o Reino Unido (65.77).

De manera específica, en Aguascalientes existe una cultura de la participación política de tipo electoral digna de reconocimiento; de 1994 a 2012, tiene en promedio un nivel de participación del 58.61%, siendo la más alta en el proceso electoral de 1994 con un 79.61% y la más baja en la elección federal intermedia de 2003 con un 41.57%. Ante este comportamiento histórico que podría apuntar que para este proceso electoral federal tengamos niveles de participación electoral por debajo del 50%, la focalización de sus estrategias y mensajes adquieren un papel protagónico. ¿Qué segmento poblacional es el que más participa? En el ejercicio nacional, el trabajo académico demostró en cuanto a edad, que los mayores de 80 años y los jóvenes de entre 20 y 39 son los que menos votan, o en otras palabras que el grueso de la participación electoral se concentra en los años de edad productiva que van de los 40 a los 79 años. En cuando al género, las mujeres reportaron un mayor índice de cultura democrática, pues superan en casi diez puntos porcentuales a los hombres tratándose de participación electoral. De manera interesante, si bien el análisis encontró resultados estadísticamente significativos con relación a la proporcionalidad directa de niveles de promedio PIB per cápita y participación electoral, las secciones electorales de condiciones rurales tienen en promedio más participación que las urbanas.

Reconocido el reto del distanciamiento de partidos con ciudadanos y ubicados los índices de participación política del electorado al que se dirige, el siguiente reto será el de formular los caminos adecuados de comunicación para garantizar que su mensajes logren los efectos deseados. Sobre esto, en pleno 2015 los partidos y sus candidatos se encuentran obligados a reformular sustancialmente sus contenidos y a modificar de raíz su dialéctica. No solo por la búsqueda del triunfo, sino también en cumplimiento a su deber de fortalecer a nuestra democracia, es momento de dignificar a las campañas. Los mensajes ofensivos, los discursos irresponsables y las propuestas irrealizables es tiempo de dejarlas a un lado, tanto los candidatos que las formulan como los ciudadanos que las festejan.

@licpepemacias