Por: Itzel Vargas Rodríguez

Lo dice el dicho y lo saben todos los actores inmersos en la política: en la guerra y en el amor todo se vale. Y, como los tiempos electorales son bien sabidos que conforman una tremenda guerra declarada, estamos ya siendo testigos de nuevos cambios en la estrategia del tablero de juego.

Específicamente, que el Tribual Electoral le haya concedido a Jaime Rodríguez Calderón la posibilidad de contender por la vía Independiente a la Presidencia de México.

Su llegada causa muchos sospechosismos por varias razones. La primera, porque evidentemente fue uno de los independientes que se valieron de trampas y simulaciones para lograr la cantidad de firmas que se requerían… al final, 58% de las firmas que presentó no fueron válidas, eran fotocopias o falsas. Pero eso no importó, porque México es un país donde las instituciones suelen saltarse la ley y propiciar escándalos como este: hacer que un personaje lleno de trampas tenga la posibilidad de llegar al poder.

El otro sospechosismo se deriva, de que desde un inicio El Bronco no está dirigiendo su campaña a Anaya o Meade, sino a López Obrador, quien ciertamente encabeza las preferencias electorales en todas las encuestas de opinión. Y, curiosamente también, Aurelio Nuño, coordinador de campaña de Meade, ha sido abiertamente de los que ha defendido la decisión de Tribunal, sin chistar ni un poco.

Ate usted los cabos. En la estrategia electoral de estas campañas, el PRI tuvo que sumar al Bronco, para intentar bajarle votos a López Obrador, porque Meade, con todo y el apoyo federal, las secretarías federales, y toda la macro-organización del PRI, no le ha bastado para que el candidato repunte o lidere las preferencias.

El Bronco ciertamente logró algo inigualable, único en su momento: lograr ganar una candidatura por la vía independiente en una gubernatura del país, además, en un estado que concentra una de las mayores capitales: Monterrey, Nuevo León.

Sin embargo, el encanto que propició en su momento El Bronco, con toda su excelsa estrategia electoral, no fue suficiente para continuar con una buena percepción pública siendo ya gobernador de Nuevo León. Su credibilidad pronto se vio en picada, y antes de que bajara más, fue cuando decidió lanzarse a la candidatura presidencial por la vía independiente, haciendo uso del capital que le da ser gobernador de Nuevo León.

Hasta el momento está ya El Bronco contendiendo, manejando una estrategia de ataque, muy parecida a la de su campaña. Haciendo eco en que no recibirá dinero público ni partidista para la misma, continúa manejando sus mensajes incendiarios hacia los partidos, y de entre sus targets, está claramente Andrés Manuel.

Veremos cómo, desde el PRI, el Frente y ahora con El Bronco, López Obrador recibirá múltiples ataques porque la lejanía porcentual que tiene con quienes le siguen en preferencia es mucha, más de 10 puntos, y eso es muy peligroso.

Para los ciudadanos nos queda el amargo, amarguísimo sabor de boca de saber, que las instituciones han dejado que dos independientes contiendan, teniendo antecedentes pésimos en el proceso de recolección de firmas: plagado de simulaciones y fraudes, y por el contrario, se dejó de lado a quien en su momento tuvo prácticamente el 100% de sus firmas con validez pero quien no contaba con los números a su favor: Marichuy.

¿Tenemos instituciones que premian entonces la trampa?

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