Saúl Alejandro Flores

Bastante tinta y palabras se han vertido, algunas de manera infructuosa y otras han encontrado no sólo eco, sino han conseguido la sensibilización, más en los usuarios y ciudadanos comunes que en las autoridades y sobre todo en quienes deciden; el mayor eco se hace presente en lo que corresponde a los discursos en eventos y hasta ahí, es curioso ver como existe una barrera en las élites económicas, políticas y en las élites de decisión, para ellos no es un tema importante, porque simplemente no significa poder, ni se traduce en una forma de control de manera inmediata, pareciera que su reacción es que otros investiguen, propongan y tengan soluciones para que cuando no haya alternativa, ellos con su poder económico y de decisión la adopten en sistemas de protección propia de su élite y el resto de la población simplemente que se rasque con sus uñas.
Sé que mis comentarios pudieran parecer dramáticos o exagerados, pero basta ver los estragos que se visualizan en el continente africano tras el paso del colonialismo que de alguna manera aún persiste, dejó pobreza y la riqueza fue extraída en su totalidad, dejando miseria en todos los sentidos, nunca invirtieron en infraestructura o desarrollo, los misioneros fueron más bien pacificadores, prepararon para la docilidad y entre las miserias quedó la violencia y exterminio entre tribus, se les arma y deja al mando de un militar corrupto que facilite la explotación y eso implica que ha habido sustracción de bienes y recursos naturales, deforestación, exterminio de fauna y deterioro de agua en cantidad y calidad.
Para muestra basta un botón, entonces, amable lector ¿cree usted que existe un interés por parte de las élites? Claro que no, a ellos les interesa que existan reformas legales que les permitan explotar la riqueza a un menor costo económico, (no incluye el costo ambiental o sustentable) quieren gastar menos, pagar menos salarios y explotar al máximo a los trabajadores, no importa que sean profesionistas, porque hasta el privilegio de ser profesionista ha dejado de serlo, se demandan obreros calificados a un menor costo, que les permita acumular más dinero, riqueza y poder, como instrumento de supervivencia para cuando se acabe al agua y otros recursos.
Parece absurdo mi comentario, pero es porque no se ven acciones claras, ni políticas contundentes ni por parte de empresas ni de las autoridades federales, estatales o municipales, les interesa ganar elecciones y después veremos, para volver a ganar y disputar el poder.
Quiero advertir que mi comentario no refiere que no existan profesionistas ni investigadores serios, claro que los hay y más que profesionales y comprometidos son personas con un alto sentido ético, gracias a ellos es que se conocen los problemas y escenarios posibles, omito transcribir tablas y gráficas que algunos decisores les gustan por que las personas e investigadores lo ha hecho a la perfección, incluyendo estudios contundentes como el informe Stern, que demuestra con cifras el daño económico y financiero y muchos estudios más que existen, lo que falta es difundirlos, pero más que difundirlos y sonar como voces en un desierto, lo que se requiere es buscar y aplicar mecanismos de concientización que no rayen en lo banal, dejando atrás las marchas y manifestaciones de grupos que se han autodenominado globalifóbicos, cuyas tácticas son llamar la atención y muchas de las veces adolecen de información y en su radicalismo, se vuelven lo mismo que el lado opuesto; es el colmo del fanatismo, como parece ser el común denominador en la época actual en las luchas de derechos, en donde los dos extremos se tocan y acarician en la intolerancia recíproca.
En el tema ambiental y del cambio climático, sucede lo mismo, a pesar de grandes esfuerzos, estudios serios, personas serias y organizaciones que se han dado a la tarea de analizar el problema y plantear soluciones, además de generar presión que ha llegado a mover algunas columnas de sectores decisores mundiales y se tienen como resultados leyes y reglamentos y la creación de instancias, pero lo triste es que estas normas e instituciones llegan a convertirse en elefantes blancos, porque han quedado ahí, sin sancionar, proponer y llegando al cumplimiento de una máxima clásica: “Dejar hacer y dejar pasar”, en parte porque los nombramientos de los titulares de dichas dependencias ignoran lo referente al ambiente,porque el único mérito es proceder un partido político que le pagan ese favor con el puesto y al séquito de incondicionales que sólo harán labor de partido desde esas oficinas o el otro escenario es que sólo tienen el membrete de proceder de un partido que se autodenomina verde, pero ahí termina en el nombre su compromiso por lo ambiental.
Esta columna ha sido más bien de reflexión en el ámbito ambiental, porque en el sector agua ha sucedido casi lo mismo; hay avances y logros, pero son aislados y de conformidad con los interés privados o particulares, por quienes viven de la agricultura y cuentan con recursos económicos enormes para invertir y mejorar y al decir mejora, me refiero a usar menos agua sin dejar de producir, no a producir más como ha sucedido en Aguascalientes que las mejoras, son para regar con la misma agua más extensiones de tierra, cuando deben de consumir menos agua y producir lo mismo, por que recuerden las trampas que les he dicho de la seguridad alimentaria, que es usada como una forma de riqueza, no de solución de problemas. O las eficiencias logradas en una concesionaria de agua, que son destinadas para rendir como empresa y eficientar el uso de agua, pero más allá no puede ir, porque además eso es competencia de autoridades que discuten en el limbo sobre los acomodos de poder y de cómo ganar la elección siguiente.
Amable lector, como podrás ver los escenarios no son alentadores, no se ve un compromiso contundente y claro por trasformar el ambiente y en el caso del sector agua, el aplicar una gestión modelo e innovadora, porque esas serían acciones propicias para que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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