Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El hecho de que el actual Gobierno Federal le dé mayor prioridad a la creación de cien nuevas universidades tiene sus ventajas; por ejemplo, con éstas se darán mayores oportunidades de estudio a los egresados de educación media superior de todas las entidades federativas y, especialmente, a los jóvenes de escasos recurso que viven en lugares apartados. De esta forma, el 31% de cobertura, disponible hoy en educación superior, con las nuevas instituciones pasará a mayores porcentajes en cuanto a capacidad instalada. Cuantitativamente, pues, se estará mejor. Sin embargo, en lo que hay serias dudas es en relación con la calidad educativa de estas instituciones; sobre todo si se sigue el modelo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, creada por Andrés Manuel López Obrador; pues en ella los resultados académicos han sido deplorables. Por ende, si este modelo es la guía de las nuevas creaciones, entonces en lugar de universidades se crearían “cien patitos”; y con estas instituciones, ¿de qué apuros salen los jóvenes y el país?

Nada se ha dicho sobre el tipo de instalaciones físicas de las nuevas universidades; tampoco se sabe nada acerca de los programas académicos a desarrollar ni de los niveles de preparación de los catedráticos. Lo único que se infiere, por el discurso de la autoridad federal, es que los aspirantes a ingresar, a estas universidades, no presentarán exámenes; serán aceptados sin importar su nivel académico; y en caso de que los aspirantes sean en mayor cantidad a la capacidad de absorción de una institución, entonces la selección se hará por tómbola. Con estudiantes así y sin la garantía de un buen nivel académico de los catedráticos, desde hoy los resultados son predecibles.

En el discurso de la actual administración se dice que la intención es ofrecer una educación de calidad con equidad. Si esta es la real intención y se hacen efectivas las palabras, entonces, por congruencia,se tiene que hacer lo siguiente: en las nuevas instituciones, por equidad (como un principio de justicia social), es loable aceptar a estudiantes rechazados de otras universidades, con más bajos recursos y de los lugares más apartados; pero estos alumnos (por equidad y en aras de la calidad académica) invariablemente merecen tener las mejores instalaciones físicas; los mejores catedráticos de nivel superior y los mejores apoyos, con el fin de equilibrar su situación social y académica. De lo contrario, si se construyen edificios con carencias; se les dota de equipos insuficientes; se asignan catedráticos sin asegurar su eficiencia y el presupuesto de operación es insuficiente; entonces de poco serviría tanta propaganda. El señor Presidente tiene en sus manos crear universidades de prestigio, como muchas que funcionan actualmente, o crear “patitos”.

Nadie niega que las nuevas instituciones merecen los apoyos presupuestales necesarios para su creación y funcionamiento eficaz; pero no en detrimento de las universidades públicas y de otras escuelas de nivel superior ya existentes. Éstas también  merecen apoyos suficientes para seguir  prestando sus servicios de acuerdo con las exigencias presentes y futuras y para salvaguardar su prestigio ganado a pulso. No se trata de privilegiar a unas y marginar a otras.

De igual manera, tampoco es prudente olvidarse de la educación básica. Ésta requiere también apoyos para contar con instalaciones físicas dignas y equipamiento acorde a la modernidad; requiere de recursos para actualizar materiales y bibliografía de las bibliotecas escolares; y recursos para transformar constantemente la práctica docente, en aras de elevar la calidad de la educación con equidad. No debe olvidarse que los niveles de educación media superior y superior se verán fortalecidos, académicamente, cuando los estudiantes de educación básica egresen con altos estándares académicos. Por tanto, la tarea es atender integralmente al sistema educativo nacional con calidad y equidad.