La señora María de la Luz Coronado comenzó desde los años cincuenta a elaborar con sus manos las típicas calaveras de barro que se han convertido en una tradición en estos días en Aguascalientes y otras partes del país. Sus suegros se dedicaban a este oficio y a sugerencia de ellos fue iniciada en el conocimiento de la elaboración de estas artesanías “para ganarse sus centavitos”.
La señora Coronado vive en una casita ubicada frente al histórico Panteón de la Cruz, sobre la calle Arroyo de Los Arellano, donde actualmente se ha establecido el tianguis de “Los Muertitos”. Su familia cuenta con tres puestos en los que se venden únicamente calaveras de barro.
“En la primera vez hice setenta calaveras y ya de ahí, año tras año fui haciendo más y más, hacíamos muchísimas calaveras, venían de León a llevar calavera, costales llenos ya arregladas y todo, y ya crecieron mis hijos y pos también me ayudaban así a acomodarlas y todo. Duré un tiempecito que no hacía porque ya no, vivíamos en la Mora (calle Benjamín de la Mora), y de ahí nos venimos para acá; y como puros camiones había, ¿cómo llevamos las calaveras en las cajas? Batallaba mucho mi esposo para llevárselas, dejé de hacerlas un tiempecillo, seguí de vuelta y siempre hasta ahorita”.

-¿Cómo se elaboran las calaveritas de barro?

“Pues en moldes, en moldes de barro y ya le hace uno con un pedacito de barrito, los saca uno y ya saca la carita primero, luego el cráneo y luego ya se pega así, se pegan por dentro y por fuera y luego la lengüita se le troza para que puedan abrirla después cuando ya están pintadas y luego ya se queman”.

-¿Su familia cuenta con su propio taller o fábrica?

“No es fábrica, cada quién trabaja en sus casas, yo aquí le ayudo a mi hijo, (…) este año le hice poquitas, le hice como casi tres mil, otras veces le hago más de tres mil pero como he estado enferma… nomás que digo: «mijo tráigame barro para ayudarle», me dice: «no, estás mala». Empiezo de poquitas, de a veinte, de a treinta, y mire, poco a poquito. No le hago más porque no me trae toda la semana barro, nomás me trae una bola y las que salen, unas cien en la semana. Y ya no me vuelve a traer hasta la otra semana, y le digo: «tráiganme seguido estoy de oquis (sic), aquí no hago más otra cosa más que esto y el molde está chiquito»”.

-¿En donde empezaron a vender sus calaveritas?

“En el Parián, muy bonito que se ponía allá. Por el lado del templo de San Diego ahí se ponían todos los calavereros y enfrente de San Diego se ponía toda la caña, cacahuates, tangerinas y todo. Y para la calle Morelos ahí se ponía todo el dulce, pero bien bonito ni revuelto de todas cosas como ahora. Es un revoltijo que ya no, comida y todo lo que venden ahí”.

-¿Considera que se está perdiendo la tradición y la esencia de “Los muertitos”?

“Sí, porque ya son muy pocos los ‘calavereros’, ya pura ropa, ya todo disfraces, pero antes era muy bonito”.

-¿Les ha afectado a ustedes como artesanos en las ventas esta situación?

“Sí, porque en vez de comprar su calaverita van y les compran esas cosas o figuras de esas máscaras y cosillas feas que ya nada tienen que ver con el Día de Muertos. Habría de ver visto cómo mi suegro hacía figuritas, hacía caballitos con su muerte arriba, elefantes, osos, burritos, tortilleras haciendo tortillas y otras haciendo sus enchiladitas y todo de barro, todo de barro. Ahora digo por qué no me enseñé, andando aquí con ellos y nunca me enseñé a eso, nomás las calaveras”.

-Ahora que se acerca el Día de Muertos, ¿cuál es para usted la verdadera tradición?

“Pues las calaveras, otra de tradición nada, el de calaveras porque es el día. Dijeron en municipio que ya no iban a admitir todo eso, nada que no tuviera que ver con las calaveras y no. Ahí están todos revueltos: hay ropa, «puestotes» de calaveras, baños. Y luego con eso que ponen los «tanquezotes»… Todo revuelto con las personas que no tienen que ver con eso. Tanta personas que salen con sus niños y todo y a veces que salga mucha gente ni cómo correr rápido (…) hace falta más control, que vean que ahí hay peligro”.

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