Noé García Gómez

Esta semana algunos medios difundieron un video donde el Gobernador de Chiapas postulado por el PVEM-PRI daba una cachetada públicamente a uno de sus colaboradores por hacer algo que no le gustó. Rápidamente el video se propago y fue tendencia en redes sociales, en un rápido control de daños, claramente asesorado, el Gobernador Manuel Velazco pidió disculpas públicas al agredido y hasta le pidió que le regresara el manotazo, al empleado, no le quedó otra, con una sonrisa temerosa cumplió su parte del “show” montado por el equipo del político para subsanar el daño que provocó en su imagen el desliz. La respuesta de la comunidad cibernética fue contundente y se sintetizo en una frase; “cachetéame pero no me corras”. Cabe señalar que dicho gobernador es conocido por su superficialidad al difundir ostentosamente su personalísima imagen fuera del territorio chiapaneco a lo largo y ancho del país, en 2013 se denunció que gastó 110 millones en solo 20 días; además de su frivolidad al dar pie a comentarios de sus amoríos con figuras de la farándula.

El fondo del suceso de “la cachetada” y su posterior reacción, además de su cotidiano actuar, describen de pies a cabeza a gran parte de la clase política del país en estos tiempos; el menosprecio al ciudadano al grado de vejarlo, sus reacciones que son solo puestas en escena, su superficialidad traducida en spots y su frivolidad al creer que la política se hace en restaurants, mansiones y festejos sociales.

¿Otros ejemplos? El Presidente del PRI que gasta miles de pesos en relojes; los lujosos viajes de la hija del líder petrolero y senador Romero Deshamps; las pachangas con prostitutas y alcohol del grupo parlamentario de diputados federales del PAN en Puerto Vallarta encabezados por José Luis Preciado, las fiestas y excesos del Niño Verde; la diputada Purificación Carpinteyro, del PRD que además de ser exhibida por querer hacer negocio en telecomunicaciones con una Ley de la cual ella fue parte, posaba en revistas y programas sociales y de moda; todos encabezados por Enrique Peña Nieto y su esposa la actriz Angélica Rivera que además de tener lujosas mansiones, son asiduos clientes a posar en revistas de la Socialité como Hola! o Quien!; Estos “botones” de muestra de la clase política nacional, que se propaga a nivel local y se replica de manera proporcional.

Como lo dice Carlos Bauer “La aparición de la clase política en publicaciones dedicadas a la divulgación de intimidades o presuntas intimidades de la alta sociedad, es parte de una banalización de la política que vacía de contenido la esfera de lo público al confundirlo con lo que pertenece a la vida privada de personas públicas. Así, lo relevante para la atención de los ciudadanos ya no son las acciones que afectan a toda la población –como una Reforma Energética– sino lo que incumbe únicamente a las personas que ejecutan dichas acciones –como la boda de un político o un empresario.”

Cada acción y posterior pavoneo de un político con actos de frivolidad y superficialidad son contundentes cachetadas que dan al pueblo de México, está en nosotros si decidimos seguir poniendo la otra mejilla, ser parte del show o tomar cartas en el asunto.

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