David Reynoso Rivera Río

Sobre la marcha de varios  de los últimos ejercicios democráticos en todo el mundo, se ha comprobado que existe un descontento generalizado hacia la clase política y en virtud de ello, los propios votantes han preferido virar sus preferencias electorales, asumiendo el costo de hacerlo a través  del apoyo a candidatos con claras intenciones de atacar las instituciones.

Los ejemplos abundan y en nuestro país vecino el triunfo fue para Donald Trump, quien ahora se perfila para  empoderarse en este año y buscar firmemente la reelección; por otra parte hace un par de días observamos cómo el hartazgo al modelo gubernamental impuesto en Brasil por Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, llevó a que su candidato Fernando Haddad obtuviera menos de una tercera parte de los votos emitidos en la elección del domingo pasado y sus posibilidades de triunfo son poco alentadoras según los pronósticos para la existente segunda vuelta que tendrá verificativo el próximo 28 de octubre.

Para recopilar mayor información de lo que sucede en Brasil, será importante recordar que en los últimos años los escándalos de corrupción que tanto criticaban Lula da Silva y Dilma Rousseff (quien inclusive intentó buscar un escaño en el Senado de dicho país y sus resultados la colocaron en el cuarto lugar de las preferencias), son ahora las notas internacionales e inclusive se han abierto varios procesos en contra de numerosos funcionarios de mediano y alto nivel que buscan fincar responsabilidad administrativa y penal.

Por otra parte, Brasil no ha logrado recuperarse de la debacle económica que lo ha colocado en recesión (aún y cuando en el gobierno de Lula da Silva se hablaba tal y como se hace hoy en día en nuestro país con conceptos demagógicos que anhelaban y prometían una pronta recuperación económica con base en el gran impulso petrolero para repuntar la economía) y esto ha venido generando condiciones generalizadas de desempleo y poco crecimiento económico. Aunado y como consecuencia de ello, los índices delictivos se han incrementado a niveles nunca imaginados en los que predominan los homicidios, así como el consumo y la distribución de estupefacientes. Ante tal escenario, en Brasil al igual que en nuestro país, la institución que cuenta con mayor aprobación y confiabilidad son las fuerzas armadas y militares.

Mencionado lo anterior, se puede entender cómo es que el descontento ciudadano ha llevado al candidato extremista y ultraderechista de nombre Jair Bolsonaro, a posicionarse como favorito para obtener la victoria tras una diferencia de más de 18 millones de voto. Quien se ha caracterizado por emitir declaraciones en las que incentiva la portación de armas en defensa propia, así como comentarios autoritarios, racistas e inclusive homofóbicos y contrarios a los derechos humanos.

Una vez más, el concepto de democracia se pondrá a prueba y esperemos venga lo mejor para nuestros amigos brasileños. El mundo es tan chico que los patrones parecen repetirse, pero esperemos también los antídotos y las soluciones lleguen poco a poco y el mundo comience a sanear la denigrada función pública que pudiera traer tanto bienestar.

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