Así, de manera coloquial, responden las autoridades cuando se reprocha el excesivo número de negocios dedicados a la venta de bebidas alcohólicas, ya que para ellas primero está el ingreso y engordar las arcas públicas y después las consecuencias que derivan de su consumo.

Frente a esa actitud todo esfuerzo de grupos sociales para evitar, moderar o disminuir su empleo queda en una intentona, lo cual se refleja en los accidentes automovilísticos, las reyertas y los suicidios, que en su mayoría son escenificados por jóvenes alcoholizados.

Un negocio redondo es el que se hace con los adoradores del dios Baco, que tienen a tiro de piedra el lugar en donde pueden libar hasta que el cuerpo aguante y al salir del lugar, si no tiene vehículo corre el riesgo de ser aprehendido por la policía uniformada por hacer “eses” al caminar, tartajear cuando lo interrogan de dónde viene, a dónde va, porqué de su actitud “sospechosa” y finalmente va a dar con toda su humanidad ante el juez calificador, que le impone una multa por quién sabe que falta.

Ahora que si tiene vehículo, conducir en estado etílico es motivo más que suficiente para que cualquier patrulla lo arreste, o que caiga en las redes del alcoholímetro, situación que significará una sanción económica muy elevada, además del envío del automóvil a la pensión municipal y por lo que tendrá que pagar el arrastre de la grúa y los días que permanezca la unidad en el “corralón”.

Lo detallado es sólo lo más común, a lo que se debe agregar lo que gastó en el bar, cantina, cervecería, taberna, restaurante, fonda, etc., por lo que unas horas de esparcimiento se convierten en un desembolso que al día siguiente, ya con la resaca, no encuentra una explicación de lo que le pasó en su cartera.

Por su parte, el Ayuntamiento lleva a cabo cruzadas contra el alcoholismo, desplegando toda clase de sugerencias para que los habitantes del municipio capital se alejen de lo que  muchos califican como un “vicio” y otros de esparcimiento o relax, sin embargo en la trastienda de este tipo de campañas está el meollo del asunto, porque a todo aquella persona que quiera obtener una licencia para venta de bebidas que contengan alcohol tiene que pagar varios miles de pesos y cada año es otro tanto por la renovación, además son de los comercios más vigilados por lo rentable que resultan para la autoridad, aplicándoles sanciones por el más mínimo motivo y la clausura temporal cuando se suscita un pleito dentro o a las puertas del lugar, cierre que se mantiene por varios días y hasta semanas y para reabrirlo deben pagar una cantidad que va de acuerdo a lo que se presuma es responsabilidad del negocio.

De manera paralela hay asociaciones civiles que pugnan por la no ingesta de vinos, licores y cervezas, lo mismo que instituciones educativas de nivel medio y superior y agrupaciones estudiantiles y obreras, pero ninguna convocatoria es suficiente cuando el mismo Municipio es el principal promotor de la venta y consumo.

Actualmente hay 4,500 licencias a merenderos, bares, “antros”, cervecerías, restaurantes y aunque parezca increíble la mitad de esos permisos se encuentran en la zona centro de la ciudad.

Se debe pagar por la apertura de un merendero 162 mil pesos, por un cabaret de primera 211 mil, 180 mil por uno de segunda y 150 mil pesos por uno de tercera categoría; 169 mil pesos para un bar, 197 mil pesos para un centro nocturno y 402 mil pesos para un salón de baile. 239 mil para un palenque con espectáculo; un centro de apuestas aporta de manera inicial 20 mil pesos por cada mesa de juego y 10 mil por cada maquinita, mientras que las farmacias con venta de cerveza 10 mil pesos.

Aunque es un embrollo abrir y operar un negocio de este tipo son numerosas las solicitudes, porque sabiéndolo manejar deja un margen de ganancias, aún cuando buena parte se la lleva el gobierno municipal que en esta combinación es el que registra la mayor tajada, al exprimir de arranque al propietario y en el transcurso del tiempo lo sigue haciendo, a la par que a los clientes, que de una u otra manera apoyan propósitos políticos actuales y futuristas.

TENSIÓN BUROCRÁTICA

La promesa del líder nacional de la FSTSE, Joel Ayala Almeida, de que presentará a la próxima administración nacional un estudio sobre lo que implicaría los cambios y fusiones de las dependencias, es apenas un aspirina para un dolor de cabeza recurrente e intenso que sufren los trabajadores federales.

El dirigente estatal de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, Normando López Meixueiro, aceptó que es creciente el nerviosismo y el estrés entre sus representados, como reflejo de la información a medias que hay sobre el particular, toda vez que el presidente electo anuncia que habrá cambios radicales en las secretarías y direcciones generales, pero a ciencia cierta se desconoce de qué manera afectará al personal.

Aunque será mínima la representación que tendrá en la próxima legislatura del Congreso de la Unión, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ofrece ser la voz de los empleados federales, por lo que senadores y diputados se encargarán de exigir claridad sobre este punto y ante todo, que se respete los derechos laborales. Plantean que entre sus primeros pronunciamientos en septiembre será en contra de los coordinadores estatales propuestos y defenderá el respeto al federalismo y la soberanía de los estados, ante la posibilidad de eliminar las delegaciones federales y sustituirlas por un coordinador estatal.

Normando López espera que las gestiones de Ayala Almeida tengan un resultado favorable, por lo que debe haber confianza de sus compañeros que las propuestas que se entregarán a las autoridades electas tenga el efecto deseado, que ante todo se respete los derechos de los servidores públicos y tener presente que más allá de que “se muevan o no las dependencias a otros estados, o se fusionen otras, los 88 sindicatos que integran la FSTSE estarán unidos”, afirmó.

A una semana de que rindan protesta los nuevos legisladores federales y en cuyo primer período de sesiones del Congreso se conocerá con precisión ese propósito lópezobradorista, se mantiene el nerviosismo entre los burócratas de lo que pueda suceder con su futuro laboral.

SÓLO UN DÍA

Como dijera el <gringo>: “Los mecsicanos ser muy graciosus”, ya que dedican un día al año a cierto acontecimiento: sea a la Madre, al Padre, al Niño, al Abuelo, al Estudiante, al Empleado Público, al Bombero, al Policía, al Maestro, a la Secretaria, y párele de contar. Lo que les parece gracioso a los estadounidenses es que sólo esa fecha se acuerdan de rendirles un homenaje, que se convierte en todo un acontecimiento familiar y social. Tal es el caso del Día de los Abuelos – que tiene lugar mañana -, motivo por el que desde hace una semana se tiene una catarata de información sobre el número de personas mayores que hay a nivel nacional, en cada estado y por municipio; de las condiciones físicas, económicas y anímicas en que se encuentran; de la cantidad que sobrevive con el equivalente a uno o dos salarios mínimos y muchos de ellos sin ingreso alguno; que están en situación de abandono o tienen como hogar la calle. Aunque se habla mucho de políticas públicas a favor de este sector, en la práctica es el más olvidado e indefenso, porque además de los años de vida tienen que cargar con una serie de enfermedades, casi todas ellas de atrofia degenerativa y por lo mismo irreversible y de andar mendingando atención en hospitales y centros de salud. Quien diga que hay una exageración con lo descrito, que presente documentos que avalen que existe un cuidado permanente a los miles de abuelas y abuelos, porque propalar datos que el común de los ciudadanos no pueden comprobar, o bien, organizarles un bailecito o un viaje es para salir del paso. Es un segmento de la población que no pide dádivas, sino un derecho que le asiste de tener una vida mejor. Sólo eso.