Por J. Jesús López García

A cien años de la fundación de la Bauhaus, escuela seminal de arquitectura y diseño fundada en 1919 por el Arq. Walter Gropius (1883-1969) en Alemania, sus resonancias en el mundo siguen sintiéndose hasta nuestros días. Desde fines de agosto de este año se han venido realizando eventos para conmemorar el hecho y de paso, para reflexionar sobre los postulados de la escuela con base en la comunidad, la dignificación del trabajo, la idea de que la Modernidad es un vehículo para mejorar la vida de la Humanidad a través del progreso y el hacer asequibles todo tipo de objetos de diseño y artísticos para establecer una manera de ser del Hombre más crítica y comprometida con sus entornos natural, colectivo y económico.

Este aniversario ha servido para hacer más claros los vínculos que buena parte de la producción contemporánea de arquitectura en Aguascalientes proviene en buena medida de esa escuela alemana desde la que partieron muchos de sus estudiantes y profesores al exilio durante la Segunda Guerra Mundial, de los que varios estableciéndose en México fueron una parte importante de la enseñanza de la arquitectura, el diseño y el arte en instituciones como la UNAM, donde muchos de los primeros arquitectos afincados en nuestra ciudad se formaron profesionalmente.

Edificios como el de la sede de la Sección Número 2 del Sindicato de Trabajadores del Ferrocarril  de la República Mexicana en Aguascalientes ubicado en la avenida Madero diseñado por el Arq. Francisco M. Treviño –que no por Refugio Reyes Rivas–, así como el plantel de la Preparatoria Central de la Universidad Autónoma de Aguascalientes diseñado por el Arq. Francisco Aguayo Mora,  son dos de los edificios con una filiación muy clara a la arquitectura de la Escuela Moderna, junto con ellos, hay una buena cantidad de ejemplares dignos de ese reconocimiento, pero hay otros tantos que no son modelos tan puros y que incluso mezclan rasgos y características de varias tendencias a la vez; los hay también seguidores de las pautas Modernas pero como un reflejo de su tiempo, cuando ser moderno era una manera de manifestar el deseo de ser cosmopolita e inmerso en un mundo que se estaba empezando a mover muy deprisa –no hace mucho se festejó el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna.

De aquel momento se conservan esos edificios que no son ejemplares tan destacados como los que mencionamos pero que de alguna manera son parte de un momento histórico que a pesar de su importancia y trascendencia –los años de la Guerra Fría, los inicios de la exploración espacial, entre otros–, parece descartarse como parte de un pasado casi inmediato sin ningún valor.

Esos edificios que a golpe de cotidianidad van esfumándose en nuestro recuerdo y en nuestra percepción haciéndoles propensos a ser modificados de tal manera que queden irreconocibles, en intervenciones hasta cierto punto indolentes que borran con facilidad el paso del tiempo en la apariencia, configuración y uso de los inmuebles como si no hubiesen existido desde hace ya más de medio siglo.

Esperando que los cambios en los edificios no se realicen de manera tan indiferente a las características que les hacen ser creaciones de su tiempo aunque ya pasados. Existe uno ubicado en la primera cuadra de la calle Guadalupe frente al Mercado Juárez. No es un ejemplar directamente ligado a la Bauhaus, pero sí es una construcción con un eco de los postulados Modernos de la arquitectura enarbolados por esa escuela –especialmente bajo la influencia de dos de sus directores, el Arq. Hannes Meyer (1889-1954) y el Arq. Mies van der Rohe (1886-1969). El edificio de dos pisos realizado para alojar dos locales comerciales en la planta baja a nivel de banqueta y un apartamento en su planta alta –al menos eso puede presumirse–, posee una composición horizontal enmarcándose en un listón corrido todo su segundo cuerpo, lo mismo que los vanos que de esta manera dan la impresión de ser uno solo horizontal corrido –como en el edificio del sindicato ferrocarrilero–; la segunda planta en su fachada muestra un revestimiento de piedra que aún se conserva intacto, lo que hace ver que el edificio por lo general goza de buena salud.

Esta clase de inmuebles que no son modelos puros de estilo o tendencia alguna pero que son parte de un contexto construido bien definido en el tiempo de la historia local, merece la pena ser cuidada, dejando su intervención al cuidado de la comprensión de su verdadero valor testimonial que parece desvanecerse.

En la mayor parte de las ocasiones cuando se piensa intervenir sea por remodelación, remozamiento o de lleno una demolición de este tipo de edificios, sólo bastaría una observación más profunda de sus características para definir que de suyo poseen elementos positivos que solamente esperan ser reconocidos para ser empleados nuevamente.

Afortunadamente en el contexto en donde se encuentra el inmueble citado, existe un número mayor de edificios con características similares que pueden ser observados en la calle Guadalupe así como en la calle Victoria.