RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Mucha polémica ha desatado el nombramiento de Manuel Bartlett como director de la Comisión Federal de Electricidad. Esta polémica tiene tantos años como la caída del sistema en el año de 1988, tantas interpretaciones que es uno más de los misterios mexicanos porque todos aseguran que el sistema se cayó, por lo menos el sistema de contabilidad de los votos, no el sistema de emisión de los votos porque en ese tiempo, como ahora, no había un sistema cibernético para votar. Por eso esta es una de las cosas que no tuvieron padre. Tampoco tuvieron motivo aparente  pero todo mundo dice: “De lo que pasó yo no fui culpable, nadie fue culpable”.  Son muchas cosas las que en México ocurren de esa manera y creo que vamos a seguir discutiendo como cuarenta años más sobre si Bartlett en su condición de presidente de la Comisión Federal Electoral fue o no fue el responsable de la interrupción en la contabilidad de los votos de una elección que después costó mucho trabajo calificar en el tribunal que era la Cámara de Diputados convertida en Colegio Electoral. Finalmente cuatro años después se quemaron las boletas pero no se quemaron las actas; las actas se guardaron y están en el archivo y si hubo fraude ahí estarían todas las evidencias. A partir de eso viene esta descalificación de que ha sido objeto Manuel Bartlett como director general de la Comisión Federal de Electricidad. No sabemos si Manuel Bartlett sea un buen o mal administrador, porque el problema de la Comisión Federal de Electricidad es un problema de dinero. Me parece muy mal el principio que se avizora para esta comisión porque lo primero que se está haciendo es condonar los adeudos de los “pobres morosos” – o de los “morosos pobres”- de ciertas regiones del país. 43 mil millones de pesos, pesos más, en Tabasco, Veracruz y Chiapas. ¿Ahí que mensaje se está mandando? ¿Si no cumples no importa? Aquí el mensaje que creo que se está mandando es que el que es pobre se lo merece todo. Y se merece que le regalen la energía eléctrica, que les regalen el transporte y les regalen todo lo que la mano poderosa del gobierno le pueda regalar. No hay que olvidar que quién hace un regalo, alguien lo paga. Y yo estoy de acuerdo. ¿Queremos hacer justicia social a través de la transferencia del capital y de la pérdida de valor de las empresas públicas? ¡Muy bien! ¡Hagámoslo! Pero entonces no digamos que llevamos ahí a un hombre que va a convertir esta empresa de la CFE en una empresa exitosa, porque no se puede ser exitoso con agujeros de cuarenta mil millones de pesos así nomás para empezar. Por lo tanto: ¿Es un asunto administrativo o es un asunto de justicia social? Si es de justicia social no tengo nada que decir. Si es administrativo tendría muchas cosas que objetar de esa decisión. Ahora, que Bartlett sabe o no sabe de energía eléctrica, creo que no sabe. Sabe de discusiones sobre la energía eléctrica. Conocí hace varios años un libro de más de 500 páginas coordinado por Manuel Bartlett que se llamaba casualmente “El debate de la energía eléctrica en México”, y él lo mando a hacer con tres o cuatro especialistas cuando él estaba en el Senado de la república, y en el PRI también, y desde esa posición atacaba la reforma a la industria eléctrica que promovió Vicente Fox y que fue la secuela de la que inició el presidente Ernesto Zedillo para permitir que el capital privado generara para su autoconsumo industrial la energía que necesitara y le vendiera el sobrante a la Comisión Federal de Electricidad. Ahí hubo muchos debates, y uno de los debates fue con el entonces defensor del panismo, Juan José Rodríguez Pratts, quien por cierto le disputó el gobierno del Estado de Tabasco a Andrés Manuel López Obrador hace muchísimos años cuando López Obrador militaba en el PRD.

Manuel Bartlett generó debate, generó análisis, produjo publicaciones, coordinó foros, etc. Y eso no lo hace un ingeniero ni lo hace por lo visto un buen administrador. Creo que Manuel Bartlett es un polemista y un político destacado y a pesar de la caída del sistema logró otra secretaría de estado, fue secretario de Educación. Elba Esther Gordillo dijo alguna vez: “¡El mejor secretario de Educación que he conocido fue Manuel Bartlett!”. Él hizo la descentralización administrativa de la educación sin ser un pedagogo. Después fue gobernador de Puebla, no le fue mal, logró cosas interesantes. Estuvo en el Senado, fue legislador. Tiene muchos títulos como constitucionalista. Ha escrito muchos libros sobre la constitución, análisis, jurídico, político, pero eso… ¿eso qué? Todos esos haberes y saberes no le explican a nadie porqué le vamos a regalar el costo y la cobranza de la energía eléctrica de una empresa quebrada y descapitalizada como la C.F.E. a unos señores acaudillados que empezaron a dejar de pagar la energía eléctrica por la bendición celestial de ser pobres.

 

LA DEBACLE PERREDISTA

 

A principios de la semana pasada se reunieron los últimos baluartes perredistas en la ciudad de México para ver que de lo perdido lo que aparezca. El asunto del PRD lo tendríamos que analizar a la luz de sus orígenes y de su evolución para poder entender algo que es fundamental, y no solo del Partido de la Revolución Democrática sino quizás de todas las demás opciones políticas agrupadas en partidos tradicionales, y es el fracaso absoluto de lo que se podrían llamar las ideologías militantes. Los partidos políticos se forman no como dice la teoría para defender posturas no ideas; posturas personales, búsquedas individuales de poder que son escenarios del aprovechamiento de todas las crisis de los movimientos aparentemente ideológicos que puede haber en un país. El PRD tuvo un origen que nos permitía a todos que así iba a terminar. ¿Cuál fue su origen? Su origen fue una agrupación de fracciones, algunas que habían sido partidos registrados y otras no, unos que tuvieron vida efímera y otras no, y que se agruparon, a decir de uno de los fundadores de la nueva izquierda mexicana que fue Porfirio Muñoz Ledo, que cuando vio lo que había quedado del Partido de la Revolución Democrática, como se había conformado dijo: “Esto más que una alianza parece un muégano”. Y a ese muégano se le fueron cayendo los trozos con el paso del tiempo porque ellos encontraron cómo llevar el fracaso al éxito, y lo hicieron de una manera verdaderamente metódica, disciplinada, ordenada, y lo único que lograron en sus mejores momentos fue una majestuosa asamblea de caníbales. ¡Se hicieron pedazos entre ellos! No fue necesario que el PRI los dividiera, y hay que recordar que el PRI sufrió una mutilación que después le dio origen al PRD, con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo entre otros y toda la historia que ya sabemos y de paso nos dan otra lección de política: Si usted quiere desbaratar un partido político, permita que en su seno se fomenten corrientes, tendencias, grupos, sectas, o como los perredistas les llamaron: tribus, etc., así también empezó el desastre del PRI. El PRI empezó su debacle cuando apareció una corriente democrática que tenía que analizar quien sabe que, quien sabe que chamba no les estaban dando, esa era la única tendencia que les importaba y algunos de ellos pidieron cargos para no salirse del PRI y como en su tiempo el presidente Miguel de la Madrid les negó los cargos, pues se fueron del PRI e hicieron toda esta pantomima de las auscultaciones nacionales y los movimientos democráticos nacionales y conformaron esto junto con los del viejo partido comunista, el Partido Socialista Unificado de México, puros membretes y los membretes ya sabe usted para que sirven. La estocada final al PRD se la dio el hombre que lo hizo más grande, el hombre que le dio presencia nacional, fortaleza y la mayor cantidad de votos de su historia fue Andrés Manuel López Obrador. Cuando López Obrador les dijo: Nada les debo y nada me deben. Se fue y fundó MORENA y hoy estamos viendo como del triunfo de MORENA el PRD se tira a la pepena. ¿Y qué van a pepenar? Van a pepenar mendrugos. Todavía hace unos días en la Cámara de Diputados estaba el jaloneo de quién se quedaba con la representación del grupo parlamentario ¡por un mes!, que le quedaba a la legislatura. Finalmente ya sabemos lo que pasó. Tuvieron algo que el PRI debió haber entendido: El fracaso del PRD comienza gravemente cuando en la CDMX, que era su territorio más importante no pudieron encontrar un perredista y buscaron un candidato externo y llevaron a Miguel Ángel Mancera. Después no pudieron encontrar un perredista y se le pegaron a Ricardo Anaya. ¿Y qué fue lo que pasó? Perdieron en las dos exactamente igual que el PRI. No pudo encontrar un priísta y buscó afuera un señor muy respetable –J. Antonio Meade-, muy decente pero el señor respetable y decente no ganó las elecciones Si los partidos se dividen, si se llenan de corrientes, de tendencias y de grupos facciosos al interior, se canibalizan y terminan en el bote de la basura.

 

¡Participa con tu opinión!