Por J. Jesús López García

79. Barrio de TrianaUna de las muchas maneras de interpretar el desarrollo de la urbe aguascalentense puede practicarse en el reconocimiento de las zonas que la mancha urbana va reclamando al territorio para transformarlas y darles o quitarles una personalidad propia. Esas demarcaciones van incorporándose a la metrópoli a medida que el crecimiento demográfico, los factores de la producción o los requerimientos de servicios de todo tipo van requiriendo, cuando no reclamando.

De todas las modalidades de uso del espacio urbano la vivienda no cabe duda, es una de las que implican más servicios y mayor espacio en su conjunto, y en gran medida, ha sido una de las principales detonadoras del crecimiento de las ciudades, o al menos, una compañera infaltable de otros eventos que han desencadenado ése fenómeno.

Ejemplo de lo anterior es el barrio de los artesanos ubicado al margen oriental del Río Nilo, frente al llamado Valle de los Reyes, sitio donde se ubican los grandes conjuntos funerarios: las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino y la Gran Esfinge. Ese barrio alojaba los remotos artesanos y sus familias que se dedicaban a producir todo el menaje que iba a acompañar en el más allá a sus faraones. El barrio cuya palabra proviene del árabe bárri (externo, salvaje, campo) alude a una configuración urbana tradicional en que, en inicio ubicada a las afueras de los núcleos primitivos de los asentamientos humanos, se conjuntaban las actividades propias de la vivienda con las del trabajo. De ahí que tengamos -o tuviésemos en el pasado- en las partes tradicionales de las ciudades barrios de alfareros, caleros, ladrilleros y un amplio etcétera, que en otros sitios poseen actividades especiales relativas de manera exclusiva al lugar como los de plateros, cigarreros y toda una gama de especialidades cuya complejidad y diferencia refiere a la riqueza y la importancia de una ciudad en un momento determinado de la historia.

A la traza irregular debido a los escurrimientos naturales de agua de nuestra ciudad, conformada por barrios entre los pertenecientes a los hortelanos eran los que ocupaban mayores extensiones de terreno; procedió después una traza más regular, subsidiaria de la dotación de servicios públicos modernos. Ello vino de la mano con la industrialización de la entidad que a fines del siglo XIX trajeron las industrias de la fundición y del ferrocarril.

La naturaleza de la producción cambió, nuevos habitantes y productos llegaron a Aguascalientes y la conformación urbana mediante barrios empezó a ceder su lugar a una manera nueva de habitar. Las colonias que constituyeron esa nueva manera, alojaban a una masa demográfica homogénea similar a la de los barrios en sus características sociales y económicas pero en su configuración no se mezclaban espacios para la vivienda y para el trabajo. La vivienda era lo primordial y sus vías de comunicación no servían al desplazamiento de mercancías o aprovisionamiento de materias primas para desempeñar algún oficio, servían para comunicar de manera funcional a las zonas de habitación con los nuevos centros laborales que en sus inmediaciones reunían toda actividad productiva.

Las colonias centran su atención no a una especialidad como los barrios, sino a esos polos de trabajo, de ahí que colonias enteras en la parte centro-oriente de Aguascalientes se hayan formado en torno a los talleres del ferrocarril.

Con ello inició en Aguascalientes la planeación urbana contemporánea con base en una –zonificación–, separando usos de suelo para crear las condiciones -al menos en teoría- más funcionales para las diversas actividades urbanas.

A las colonias siguió otra manera de configurar las ahora llamadas zonas habitacionales. Parecida esa manera a la de las colonias precedentes, la de los fraccionamientos también apuesta por la –conectividad– vial, por la lógica en la planificación de redes de abasto y comunicación y a lotes tipo, sólo que la población destino es diferente pues la homogeneidad de la misma no reside en su dedicación laboral sino a sus características como mercado. Los fraccionamientos Primavera y Jardines de la Asunción son de los más antiguos en Aguascalientes, pero su modelo ha sido repetido hasta este siglo XXI.

Las maneras de habitar la ciudad siguen desarrollándose bajo pautas productivas o de la funcionalidad -o disfuncionalidad- de las relaciones sociales, actualmente se agregan grandes extensiones a la mancha urbana mediante la constitución de nuevos fraccionamientos y condominios, a la vez que se reconsidera la vuelta a viejos barrios aprovechando su diversa oferta cultural, recreativa o de costo competitivo. La ciudad con ello muestra que se mantiene viva, si bien no hay que descuidar periódicos malestares urbanos. El añejo Barrio de Triana es un excelso ejemplo de habitar el espacio tradicional acaliteño.

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